Paddleton (2019), de Alex Lehmann – Crítica

Categoría: Actualidad Cine,Cine,Cine en Casa,top2 | y tagged con | | |

 

Por Jaime Fa de Lucas.

Lo primero es lo primero: Paddleton es la mejor película de ficción que ha producido Netflix hasta la fecha. Una exploración sutil, emotiva y cargada de humor sobre la amistad y la muerte. Visionado obligatorio para todos los usuarios de la plataforma.

Gran parte del mérito reside en el guion de Alex Lehmann y Mark Duplass y en las buenas actuaciones del propio Duplass y de Ray Romano. La naturalidad del guion, acompañada de la química que existe entre los dos actores, hacen de Paddleton una película tremendamente auténtica.

Uno de los aspectos más interesantes es que va a contracorriente de la tendencia actual en la que las relaciones tienen que estar claramente definidas y tiene que haber melodrama y expresiones grandilocuentes de afecto para generar algo de intensidad. La película de Lehmann se desmarca de todo esto para transitar una zona de grises que muestra que la amistad masculina puede ser igual de potente que el amor –si es que no es amor también– y que dos hombres no tienen que ser homosexuales para tener sentimientos fuertes entre ellos, aunque estos no salgan a la luz de forma tan evidente.

Mención especial merece el exquisito control de tonos que lleva a cabo Alex Lehmann. El director maneja a la perfección el paso de lo emotivo a lo cómico, a veces incluso logrando, como afirma el crítico Frank Scheck, “hacerte reír incluso cuando sientes un nudo en la garganta”. El espectador puede que sienta eso y mucho más –aviso de spoiler– en la desgarradora escena final. Tras desarrollar el vínculo entre los dos hombres de forma espontánea y creíble y rechazar el sentimentalismo, esa escena se convierte en una de las más conmovedoras que he visto en mucho tiempo.

Además de todo esto, Paddleton presenta varios detalles fascinantes: por ejemplo, que los dos hombres jueguen en la parte de atrás de un cine “drive-in” abandonado transmite un aura melancólica y sugiere que los personajes crean su propia película –igual que han inventado su propio juego–. También cabe destacar la variedad de matices que transmite el hecho de usar una caja fuerte de juguete para guardar la medicación para morir –el miedo a perder a un ser querido desde un enfoque cómico, infantil e ingenuo– o el toque casi espiritual y filosófico de esa sudadera con el juego del ahorcado que no se puede resolver.

Aunque quizá el detalle de mayor impacto aparece después de esa hora previa a ingerir la medicación, en la que ambos discuten sobre las posibilidades de comunicarse desde el más allá… nunca el sonido de una alarma de reloj fue tan devastador.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.