La espectacular leyenda de la gran duquesa “Anastasia” y el ladrón Dimitry, inicia su segunda temporada

Por Horacio Otheguy Riveira

El éxito rotundo de “Anastasia. El musical” en el Coliseum de Madrid, en la primera temporada, cuenta con todas los ases a su favor para repetir llenazos en esta segunda temporada que acaba de empezar. La precisión con que músicos y actores-cantantes interpretan la leyenda de la joven amnésica que barre las calles del Moscú revolucionario, y “el vulgar ladrón” que intenta convertirla en un buen negocio, tiene un despliegue escenográfico y de vestuario realizado con tal calidad estética y dinámica de grupo que suscita la constante admiración de un público entregado desde el comienzo.

Un destino impreciso, una desdicha implacable, una sombra de esperanza, son algunos de los rasgos que envuelven los pasos de la que se creyó la única superviviente del fusilamiento de la familia imperial, tras la Revolución soviética de 1917: Anastasia Nikoláyevna Románova, Gran duquesa de Rusia. Tenía 13 años. Los llamados rusos blancos zaristas del exilio en Francia pujaron por esta posibilidad de encontrarla y restituir el poder de antaño. Nunca sucedió, muchas farsantes se presentaron en vano, pero el personaje imaginario se convirtió rápidamente en un mito generando notable producción de reportajes, libros, cómics, y nada menos que cinco películas, la primera protagonizada por Ingrid Bergman, en 1956, y la última en este año, aún no estrenada (Once Upon a Time), pero la más popular es una animación producida por Twenty Century Fox en 1997, sobre la que se basa el texto de esta función monumental.

En este musical lleno de gratificantes sorpresas, la primera es la rapidez con que en las primeras escenas la niña Anastasia se convierte en adolescente y luego en joven exiliada entre bailes palaciegos que desaparecen bajo el combate entre la guardia imperial y los revolucionarios.

El autor del texto, Terrence McNally es un muy prolífico dramaturgo del que en España apenas se conocen un par de obras, como Frankie y Johnny en el claro de luna (intimista comedia dramática para dos personajes que destacó mundialmente en su versión cinematográfica con Michelle Pfeiffer y Al Pacino) y Master Class, una obra maestra sobre el declive sentimental de María Callas que protagonizó Nuria Espert con dirección de Mario Gas.

Su talento se percibe en la manera en que esta historia se convierte en un material mucho más interesante que la película animada original, mejor dispuesto a la comprensión histórica, pues huye del maniqueísmo de malísimos comunistas y buenísimos aristócratas para presentar el auténtico panorama de la época con personajes mucho más atractivos desde el punto de vista teatral e ideológico, aportando humanidad a los dos sectores: el de la dulce anciana Emperatriz caída en desgracia (sobresaliente composición de Àngels Jiménez) y el de la violencia revolucionaria de quienes generaron los cambios más profundos en las relaciones sociales en el mundo entero, cometiendo injusticias tal vez inevitables, pero que en esta visión musical, romántica y en muchos momentos divertida, da lugar a comprender lo que dice Gleb, el jefe de policía soviético: “Vosotros lo teníais todo y no repartisteis nada, hasta que el pueblo tuvo que apartaros por la fuerza”.

Este hombre duro y a la vez sensible, cabeza visible de la revolución, tiene en Carlos Salgado uno de los intérpretes más impactantes de la representación, con un estilo y una voz que logran que empaticemos con sus sentimientos de culpa heredados del padre (“Que cumplió con su deber, pero siempre lamentó la muerte de los niños del Zar”), su confianza en los designios de la nueva era, y el amor que siente por la muchacha bajo sospecha de ser la aristócrata que también debería morir.

Su espléndido trabajo durante toda la función, destaca especialmente cuando solo, en medio del amplio escenario, canta Qué hacer… sólo soy un hombre… Un antagonista resuelto con un registro musical tan cuidado como le hemos visto en otras muchas ocasiones (como por ejemplo, en Don Juan, el musical, donde fue un protagonista modélico).

El conflicto de la muchacha que fue hallada herida y sin memoria por las calles moscovitas se representa con bailes y canciones siempre orgánicos, que fluyen con naturalidad, sin vacíos ni tiempos muertos que agoten al espectador, en un crecimiento constante con variaciones escenográficas sorprendentemente rápidas, como los muchos cambios de vestuario y caracterizaciones de los artistas, del primero al último, en una siempre seductora acción con mucho de eficaz ritmo cinematográfico. Con un segundo acto de gran resolución humorística a la vez que de mayor espectacularidad.

En definitiva, una función para mayores de 6 años, que puede hacer las delicias del público más diverso. Un montaje que aúna gran cantidad de profesionales detrás de la escena, gracias a los cuales la iluminación hace posible que se vea muy bien desde cualquier parte de la sala, el sonido permite que hasta los coros (generalmente confusos) se entiendan, y un nivel coreográfico a la altura de su excelente cuerpo de baile, entre los cuales reciben las mayores ovaciones los tres bailarines clásicos que brindan una única maravillosa escena en un gran teatro con los protagonistas en una escena clave, mirándose de palco a palco. Teatro dentro del teatro como magistral secuencia de un desfile de escenas inolvidables, acompañadas brillantemente por una gran orquesta en vivo.

Arriba la pobre muchacha perdida, que sobrevive fregando platos o barriendo las calles, entre sueños de otros tiempos. Abajo, la misma muchacha en uno de los muchos cambios sorprendentes, ahora convertida en bella aristócrata. Espléndida labor de Jana Gómez.

El cuadro más divertido a cargo de dos excelentes intérpretes: Javier Navares y Silvia Luchetti, con un admirable dominio físico de las situaciones, combinando el clown con el musical clásico y la comedia disparatada.

Jana Gómez e Íñigo Etayo, la noble y el vulgar ladrón, en un sorprendente final con el triunfo del amor por encima de ideologías e intereses económicos.

Jana Gómez es Anya – Anastasia
Iñigo Etayo es Dimitry
Javier Navares es Vlad
Silvia Luchetti es Lily
Carlos Salgado es Gleb 
Ángels Jiménez es La Emperatriz
José Navar es Cover de Vlad

Andrea Currello Cantante, Cover de Condesa Lily y de Emperatriz Viuda
Diego Rodríguez Cantante, Cover de Dimitry y Gleb
Juan Bey Cantante y Cover de Vlad
Marc Flynn Cantante y Cover de Dimitry

Laura Enrech Cantante y Cover de Anya
Marta Malone Cantante y Cover de Emperatriz Viuda
Rafael Granados Cantante y Cover de Gleb
Xènia García Cantante, Cover de Anya y de Condesa Lily

Antonio Fago Bailarín y Dance Captain
Álvaro Cuenca Bailarín
Carmen Soler Bailarina
Guillermo Flores Bailarín
Esteban Verona Bailarín
Morena Visci Bailarina

Dirección: Darko Tresnjak
Producción Stage Entertainment España
Libreto: Terrence McNally
Traducción Libreto: Zenón Recalde
Letras: Lynn Ahren
Traducción de letras: Roger Peña
Musica original: Stephen Flaghert
Orquestaciones: Doug Besternan
Coreografía: Peggy Hickey
Escenografía: Alexander Dodge
Vestuario: Linda Cho
Iluminación: Donald Holder
Sonido: Peter Hylenski
Peluquería: Charles G Lapointe
Proyecciones: Aaron Rhyne
Supervisor Musical Original:  Tom Murray
Arreglos Vocales: Stephen Flaherty
Arreglos Coreografías: David Chase

«Anastasia» es un musical basado en la película de animación de Fox (ahora propiedad de Disney) de 1997, con libreto de Terrence McNally, música de Stephen Flaherty y letras de Lynn Ahrens.

Tras un periodo de prueba en Hartford, el espectáculo se estrenó en 2017 en el Broadhurst Theatre de Broadway y fue nominado a dos premios Tony.

Una gran producción con una espectacular puesta en escena, que incluye las dos famosas canciones de la película, “Journey to thePast” y “Once Upon a December”.

Madrid es la primera ciudad europea donde se estrena este musical que triunfa actualmente en Broadway, donde ha recibido grandes críticas. The Wall Street Journal, The New York Times o Variety, entre otros medios, han aplaudido la calidad de esta gran producción que se presenta en el teatro Coliseum, en la Gran Vía de Madrid.

 

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