Fuck América

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El bukowsky del Gueto.

Por Jorge Díaz.

Creo que Bukowski le ha hecho mucho daño a la literatura, inconscientemente, claro. Él no tiene ninguna culpa, los responsables son los que le han leído mal. Bukowski gusta cuando tienes diecisiete o dieciocho años y te abre una ventana nueva. Has leído literatura juvenil y te has atrevido con algunos clásicos; si tienes suerte, y alguien te ha aconsejado bien, te has asomado ligeramente a la novela del siglo XIX; te estás peleando con los libros que te obligan a leer en el instituto, algunos de ellos prescritos para que deje de gustarte la literatura y te enganches de por vida a la play… Y entonces un compañero del instituto te habla de Bukowski, te deja un libro suyo. Puf, te encanta… Habla de follar, de cerveza, de bares solitarios, de whisky, de putas, de borracheras, de perdedores, de escribir. De todo lo que te fascina. Y encima lo hace en forma de novela, de novela buena y se convierte en tu escritor favorito. De eso él, claro, no tiene la culpa. Después lees otras cosas y te olvidas del bueno de Charles. Pero hay lectores que no le olvidan y escritores que le copian. No son admiradores, son inconscientes. Como si copiarle fuera un género.
Toda esta introducción para decir que odio todo lo que huele a Bukowski excepto al propio Bukowski. Pero de repente te encuentras con un escritor que se le parece, que escribe como él, que habla de las mismas cosas que él, con un tono similar… Y te gusta.
¿Era judío Bukowski? Ni idea. Por el apellido podría serlo, también no serlo. Hilsenrath lo es. No sólo judío sino judío alemán, superviviente del holocausto, un emigrante a Israel y Estados Unidos que decide volver a Berlín. Se me antoja que Berlín para alguien que ha vivido la shoah debía ser la boca del lobo, Hilsenrath asume que aquélla es su cultura…
La novela tiene muchos rasgos autobiográficos. Un judío alemán vive en Nueva York después de haber pasado por guetos y campos de concentración nazis. Lejos de ser la tierra prometida, es un país al que reprocha no haber concedido el visado para su familia antes de que comenzara la pesadilla. Pero Hilsenrath – Jakob Bronsky en la novela – no se compadece a sí mismo, aprovecha lo que puede, como después aprovechará las ayudas que los alemanes dan a las antiguas víctimas para lavar su conciencia.
Jakob Bronsky es escritor, se busca la vida para ir redactando su novela en un Nueva York muy distinto al que estamos acostumbrados a ver: la cara B de la sociedad judía, la que ve muy lejos el sueño americano. Alquila habitaciones a viudas judías que se sienten solas, escribe en cafés judíos abiertos toda la noche en los que consigue una mesa tranquila al fondo y un poco de calor, acude a agencias matrimoniales para judíos con la esperanza de tener sexo sin pagar y olvidar a las prostitutas gentiles, visita las agencias de colocación para conseguir trabajos de un día que le permitan comer una semana más y acabar un nuevo capítulo, sueña con un trabajo veraniego en un balneario de judíos de clase acomodada en el que le aseguran que las mujeres se llevan a la cama a los camareros cuando sus maridos están en la oficina en Manhattan…
Sus deseos son hacerse rico y famoso y conquistar a la secretaria de dirección del editor que sueña que publique su novela. Está bien, hemos quedado en que Hilsenrath es como Bukowski: no sueña con conquistarla sino con penetrar su culo, el que nunca ha podido ver oculto tras la mesa en la que trabaja.
Bronsky quiere escribir una gran novela, su visión del Holocausto, la historia de su familia, que lo ha perdido todo pero ha sobrevivido al completo. Tiene claro que debe hacerse rico con ella y escoge el título más comercial que se le ocurre: El pajillero. Pero Bronsky no se ha adaptado, ni siquiera ha pasado, como todos los suyos, al inglés – no hablan alemán, hablan inglés incluso en casa, dice entre asombrado y despectivo de unos parientes. Bronsky, como el mismo Hilsenrath, escribe en un alemán influenciado por el yiddish, la lengua en la que siempre habló y la cultura a la que pertenece y a la que acabará volviendo.
Fuck America nos da una visión del Nueva York de los judíos muy distinta de la de los Bellow, Malamud, Roth y otros grandes escritores ocupados en el tema, aún así es una muy buena y divertida novela. Una suerte que la editorial Errata Naturae la haya recuperado en España treinta años después de su publicación en Alemania.

Fuck América. Edgar Hilsenrath. Errata Naturae. Madrid. 264 páginas. 19,90 €.

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Una respuesta a Fuck América

  1. Difiero de tu opinión de Bukowski, en mi caso, es cierto lo leí siendo casi adolescente y no me llamó mucho la atención, por ese entonces estaba leyendo a Bolaño, generalmente cuando comienzo con un autor leo todo su material, cuando ya no hay nada más que leer voy por otro; siendo adulto retomé a Bukowski y me fascinó por varios motivos, el primero con la similitud que sus historias tienen con mi vida, segundo por su forma de pensar acerca de las cosas y del mundo, pero lo que más me gusta de él es su forma de escribir, simple, directa y honesta y en ese sentido creo que no le hace daño a la literatura sino que más bien es un aporte.
    Pienso que quedarse en las borracheras, cerveza, mujeres o el sexo es una forma muy simple de analizarlo, es como decir que Bolaño solamente habla de México, prostitutas o asesinatos. Pienso que hay mucho trasfondo en la literatura de Charles B, es una persona con una inteligencia formidable que se ha dado cuenta de lo absurdo de las cosas y del sinsentido de la vida, por otra parte hace un análisis de la sociedad norteamericana que es bastante profundo.

    felipe
    12 diciembre 2014 at 19:13 pm

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