Entrevista a Ana Laan

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Por Cristina Consuegra.

“Cuando me siento a componer entro en mi vida”

Con Chocolate and Roses (2007), Ana Laan no sólo encontró un espacio propio dentro de la escena nacional, sino que logró algo mucho más importante, cautivarnos con su delicadeza y sensibilidad, con unas letras que hablaban sobre nuevos horizontes, sobre las relaciones personales y sus consecuencias; sobre la experiencia de vivir, en definitiva. Tres años después, Ana Laan regresa con Sopa de almendras (2010), un álbum delicioso, compuesto por once canciones que nacen de la creación más pura posible, el instinto, y de la convicción de que la vida está para ser sentida.

Para la producción de este tercer álbum, la compositora ha vuelto a contar con la colaboración de Matías Cella (productor de Kevin Johansen, Daniel y Jorge Drexler, y Alex Ferreira, entre otros), así como la participación de Ramón Leal (autor de la música de “Otoño”), Sebastián Merlín o Leo Sidran, entre otros. Sopa de almendras, álbum que sólo está a la venta en la página web de Ana Laan, nos permite escuchar a una de las artistas más singulares y sensibles del panorama musical.

Eres una de las compositoras que mayor esmero vierte sobre sus letras, ¿cómo sueles enfrentarte a esta tarea?

Es interesante cómo formulas la pregunta. “Enfrentar” y “tarea”. Sé que son sólo palabras, pero dicen mucho acerca de la forma que tenemos, en esta época y en esta sociedad, de enfocar el desempeño creativo.

He aprendido a intentar que no sea una tarea, sino un juego al que me voy entregando, escuchando a partes mías más inconscientes, irracionales. Después entra el hemisferio izquierdo del cerebro, supongo, con su capacidad para estructurar, pero en definitiva, se trata de soltar y entregarse. Y tener regularidad. En períodos de composición, sigo una especie de ritual: después de pasear a la perra, me hago un té, afilo mi lápiz, y me siento con guitarra y cuaderno en mi estudio. Si aparece una canción de entrada, no me voy a comer hasta que no la termino. Y si no aparece, me quedo mínimo 2 horas, por si cambia de opinión. Después lo dejo hasta la mañana siguiente.

Desde Chocolate and Roses (2007) a Sopa de almendras (2011), ¿cómo ha cambiado la artista?

Creo que ahora me interesa más conectar con mis emociones e instintos que ser perfecta o correcta. Me interesa mucho menos la corrección técnica. También me siento más segura de mí misma, con más confianza en que lo que sale está bien, es válido, que hay un sitio para lo que yo tengo para decir.

¿Y qué te han concedido estos álbumes, tanto a nivel personal como profesional?

Chocolate and Roses me abrió muchas puertas en EE.UU., gracias a que coloqué una canción (Paradise) en un anuncio de difusión mundial que salió mucho en la tele. También me situó en mi país, España; hasta ese momento, yo no existía como artista que compone sus propias canciones. A partir de ese CD, hay un lugar para mí, y he dejado de ser invisible.

En lo personal, la enorme satisfacción de poder sacar un segundo disco en circunstancias difíciles, como un logro de voluntad y deseo que me dio orgullo y satisfacción. Y la alegría de que muchas personas han resonado con él, que las canciones les han emocionado, les han hablado de cosas que conocen o sienten, y se han sentido en comunión.

Es pronto para hablar de Sopa de almendras en cuanto a logros, porque acaba de salir del horno. En lo profesional, supongo que el lujo de trabajar con gente como Matías Cella, Miguel Rodrigáñez, Juan Albéniz o Borja Barrueta. El hecho de tener tanta cuerda en el disco. Y en lo personal, otro logro, el de a pesar de no tener sello ni distribución, haber sido capaz de sacar esto adelante.

Orégano, Chocolate and Roses, Sopa de Almendras… ¿Qué sería de Ana Laan sin la gastronomía?

¡Sin duda, mi vida sería mucho menos interesante! Comer, cocinar y hablar o leer sobre comida son algunos de mis mayores placeres.

¿Cómo has llevado el proceso de grabación de este último álbum?

Con mucha tranquilidad. Ha llevado las riendas Matías Cella, y ha sido un placer y un alivio poder delegar todo esto a sus manos tan capaces.

En Sopa de almendras, qué fue antes, ¿letra o música?

Casi siempre vienen juntas, me siento a componer, y aparece una frase musical con letra.

Una de las canciones del álbum que llama poderosamente mi atención es “Un juez y un reloj”; denota cierta diferencia melódica y lírica respecto al conjunto del álbum. ¿Cómo surge esta canción?

Había estado dándole muchas vueltas al tema de la auto-exigencia, y de cómo impide a veces disfrutar de la vida. Es como si en el mundo en el que vivimos sólo hubiera dos formas de encarar la dificultad: o el “No puedo”, o el “Lo hago con esfuerzo y mucho, mucho trabajo, y me dejo la piel en el intento”. La exigencia, y la tensión insoportable de la exigencia. Y de repente apareció esta canción del tirón.

En este último trabajo está muy presente el paso del tiempo y sus circunstancias… ¿ha sido algo pretendido o ha surgido de forma espontánea?

No lo he buscado, pero soy consciente de que está allí. Casi inevitable a los 44, ¿no? Un hijo que ya deja de ser un niño, la sensación de ya haber hecho muchas cosas… Cuando me siento a componer entro en mi vida, y veo que hay mucha ya, muchas cosas vividas intensa y profundamente. Y el hecho de estar componiendo con vistas a mi jardín, que cada día cambia, y en el que se percibe muy claramente el paso de las estaciones, y por tanto, del tiempo.

En todos tus trabajos, te desnudas y muestras… ¿no te da cierto pudor, especialmente en una sociedad como la nuestra?

Creo que más bien a lo que te refieres es a que todas las canciones son personales. Fíjate, en Sopa de almendras incluso hay dos temas que escribí por encargo para un anuncio de galletas italianas (!!!) que después nunca se hizo. No contaban una historia mía que me estuviera pasando en ese momento. Y sin embargo, son mías, porque las escribí yo y las imprimí de mi forma de ver y sentir las cosas. Sólo escribo canciones que siento que puedo cantar desde mi conexión con mi verdad. De manera que incluso una canción para un anuncio es algo mío.

Imagino que también te refieres al hecho de que Chocolate and Roses saliera después de mi separación de Jorge Drexler. Supongo que habrá quien haya podido entender las canciones de ese disco como una exposición de los detalles de esa separación. Sobre todo, los que no entienden inglés y sólo han comprendido las letras españolas. Sin embargo, ni siquiera las letras en castellano cuentan lo que pasó en esa época. Y muchas fueron escritas incluso dos o tres años antes de separarme. Son creaciones musicales y literarias, algunas con más raíz en mi realidad que otras, pero ninguna autobiográfica.

No cuento detalles de mi vida privada. Con lo cual, no hay pudor. Porque lo personal no es lo mismo que lo privado. Lo primero, para mí, es imprescindible para que una creación tenga interés. Lo segundo es mío, y no interesa a nadie.

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