La linterna del filósofo

Por Gonzalo Muñoz Barallobre.

 

Ceronetti, con sus ochenta años, nos enseña lo que es un pensamiento ágil y flexible. Un pensamiento inconformista, rebelde, que se mueve como una jauría de lobos rondando a su presa. Y da gusto verle atacar, saltar sobre un concepto y sacarle las tripas, y así, obligarle a que muestre una cara nueva.

 

¿Por qué La linterna del filósofo? Todos hemos andado bajo la oscuridad de la noche con una linterna en la mano. Donde apuntas se abre una esfera de luz que revela un juego de formas que, fuera del conjunto, y a pesar de ser algo conocido, se nos muestra como algo extraño, raro, y la imagen nos produce inquietud.

 

Así, con su linterna filosófica y poética, Ceronetti, va saltando de un tema a otro. Encontramos una oración ante el cuerpo sin vida de la Filosofía. Un cadáver cuya acta de defunción firmó Heidegger en su obra El final de la filosofía y la tarea de pensar y en la que se puede leer lo siguiente: “La filosofía ha llegado a su estado terminal. Cualquier intento de pensamiento filosófico que se emprenda hoy acabará en un juego múltiple de renacimientos epigonales”. Dura sentencia. Pero el deseo de ser el último filósofo es más fuerte que la prudencia. Y la respuesta de Ceronetti es toda una lección: “Te hemos amado como a la voz humana, como a la más humana de las voces. Te hemos amado porque nos ayudabas, sin que tal responsabilidad te afectara, a soportar la vida; te hemos amado porque sabiéndonos mortales, mucho más de lo que nosotros mismos nos sabíamos –boticaria provista de fármacos que sin ser venenosos estaban elaborados con los jugos vitales de la muerte-, nos alojabas en un Nirvana tuyo, superior a la decadencia de nuestra materia y de toda materia.” ¿Y cuál es la lección? Mientras haya un solo hombre sobre la Tierra habrá filosofía. Y es que ella es la encarnación de ese animal mitológico llamado pájaro fénix: en su muerte está su renacimiento. Otra de las piezas, de los textos, que componen esta obra, nos habla de un cuadro de Goya: Perro semihundido. Y de él, del ojo del can que aparece sumergido en una pasta color ceniza, Ceronetti extrae, destila, una manera completa de entender la existencia. Y el resultado es tan atractivo como hipnótica es la manera que tiene de llegar, a través de las palabras, a él. Y del ojo de ese pobre animal, que no es otra cosa que nosotros, este filósofo pasa a hablar de Spinoza, para negarlo dos veces, ya que le acusa de haber puesto al místico al servicio del geómetra. ¿Resultado? Un libro, la Ética, que es un palacio de hielo, una telaraña de cristal. Una catedral en la que Necesidad y Deseo están íntimamente unidos. Y ese matrimonio será, según Ceronetti, el mismo que Sade saque a pasear por sus obras. Pero la cosa no termina aquí, sólo he querido enseñar algunas de las imágenes que este filósofo hace emerger bajo la luz de su linterna, de su espíritu, de una gravedad vital llena de lecturas y experiencias. Y todo, bajo un imperativo poético de Victor Hugo: “Ningún pensador osaría decir que el perfume del espino blanco resulta inútil a las constelaciones”. ¿Puedes imaginar las dimensiones de semejante aventura?

 

Guido Ceronetti

La linterna del filósofo

Acantilado

152pp, 17 euros

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