La enfermedad del lado izquierdo

Por Miguel Baquero.

 

La enfermedad del lado izquierdo. Esteban Gutiérrez Gómez. Editorial Eutelequia. 112 páginas.

 

Una primera ojeada al índice de La enfermedad del lado izquierdo, la última obra del novelista, cuentista, poeta y colaborador en diversas revistas (“ser disociado” se llama a sí mismo) Esteban Gutiérrez Gómez, nos muestra de qué forma curiosa los capítulos de este libro se van disponiendo en un principio en orden correlativo normal y ascendente hasta el número 25 (partiendo de un número 0, que se titula “El cuchitril”) para, a partir de ahí, seguir un orden descendente que acabará asimismo en un capítulo 0, final de la novela, pero en este caso titulado “El santuario”.

 

Este orden de ascenso y caída, este perfil, en gran medida, de una montaña, nos ilustra ya desde el principio sobre la naturaleza de la novela. La enfermedad del lado izquierdo nos narra el descenso paulatino de su protagonista, un hombre común, anodino, cotidiano, que poco a poco se va hundiendo en la sima del aburrimiento y de la rutina (patentizada en ese dolor progresivo que siente en el lado izquierdo de su cuerpo, como si en gran manera estuviera somatizando la grisura de su vida) hasta que llega a un punto de inflexión, a lo más hondo, o a lo más elevado de la monotonía. Y es entonces cuando comienza el descenso, la bajada a otra realidad distinta que parecía imposible pero que sólo se encontraba al otro lado de la montaña.

 

“Nunca es tarde para ser lo que deberías haber sido”, dice la cita de George Eliot que abre esta novela. La novela de EGG trata en gran manera sobre eso, sobre el momento en que nos despistaron de nuestro objetivo (en el caso del protagonista de la novela, de las montañas azules que asoman en el horizonte) y con el reclamo de la comodidad nos engancharon a una noria que continuamente da vueltas. EGG nos habla sobre la posibilidad de romper esas cadenas —aunque a un alto precio, nadie lo duda— y alcanzar al fin aquello a lo que siempre habíamos aspirado. Aunque esa meta apenas si sepan apreciarla unos pocos.

 

Un papel fundamental en este cambio de sentido lo juega el amor, fuerza destructora pero también sanadora, fuerza inmensa en todo caso que en La enfermedad del lado izquierdo está representada en la figura de África. Ella será la encargada de mostrar al protagonista el otro lado de la montaña, de igual manera que a lo largo de su particular caída y ascenso el protagonista irá descubriendo un nuevo sentido de la amistad, del compañerismo, incluso de la relación con sus hijos…

 

Escrita con un estilo ágil, fresco, e incluso un tanto cínico que la aleja de los peligros de caer en la melosidad de los libros de autoayuda, crecimiento personal y todas esas cosas, La enfermedad del lado izquierdo es una historia honesta, sencilla, narrada, como digo, con naturalidad y convicción, que sólo llama a tener una visión distinta, quizás opuesta, de la cosas.

 

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