Y la tipografía se hizo carne

por Alberto Peñalver Menéndez.

Pensar con tipos. Ellen Lupton. Editorial Gustavo Gili. 2011. Rústica. 224 págs. ISBN: 978-84-425224461. 25 €

 

La tipografía es la encarnación del lenguaje. Así lo pensaban los futuristas, que tanto ahínco pusieron en romper las convenciones anquilosadas del pasado y desinhibir los textos hacia nuevos horizontes lingüísticos; así también opinaron, aunque de una manera tan diferente, la Escuela Suiza, cuya búsqueda de la lucidez les condujo a la transparencia, a una especie de grado cero tipográfico.

 

Y así lo piensa Elle Lupton, o al menos así reza el epígrafe que da comienzo a Pensar con tipos. La diseñadora estadounidense conoce el carácter semiótico de la tipografía, y por ello se propone con este libro definir una ética que oriente al diseñador en las mil y una maneras de vestir los textos. O como dice el subtítulo, “este no es un libro sobre fuentes. Es un libro sobre como utilizarlas”.

 

Pensar con tipos ofrece varias lecturas: en primer lugar, se trata de un discurso pedagógico. El libro establece las bases de una verdadera didáctica de los tipos, es decir, supone un manual introductorio para estudiantes. Por otro lado, rehuye los ensayos académicos y el estudio enciclopédico. Su contenido es pues pragmático: explicación de conceptos elementares, ejemplos tipográficos, revisión de diseños históricos, aplicación de las nuevas tecnologías… Aún así, Lupton no rechaza la teoría: cada uno de los tres capítulos que componen el libro (Letra, Texto y Retícula) es introducido por una serie de disertaciones que van de lo histórico a lo filosófico. A diferencia de otras propuestas similares como Es mi tipo, de Simon Garfield, Pensar con tipos elude la anécdota banal y se centra en aquellos conocimientos que sirven como medio para afianzar la praxis.

 

En segundo lugar, el libro puede ser leido por profanos y curiosos de la tipografía, como el que suscribe estas líneas. Ello se debe a que la tipografía no es (o no debería ser) una ciencia para oscurantistas o alquimistas de torre de marfil. Todo lo contrario: las letras se refieren a la corporeidad del lenguaje, y el lenguaje siempre ha sido una cosa que a todos nos fascina. Elle Lupton introduce al lector en un mundo fascinante que mucho tiene que ver con las caligramas de Apollinaire o los poemas visuales de Joan Brossa. Las normas tipográficas son desglosadas con una gran sencillez y prescinden de un lenguaje enrevesado. Así, el lector se deja llevar por un erotismo plagado de curvas y líneas que apela más al instinto que a la razón.

 

Y en tercer lugar, Pensar con tipos es un libro hermosamente maquetado. Lupton aplica las mismas reglas que desgrana a lo largo de sus páginas: sencillez, austeridad, economía precisa de los recursos, jerarquización flexible y eficiente . Los textos e imágenes convergen de una manera casi simbiótica, lo que nos recuerdan que su supuesta división es una falacia de primer orden. He aquí la magia de la letra, el tipo, el caracter, el glifo o como queramos llamarlo: que es figurativo y abstrato al mismo tiempo, material e intangible, escritura y oralidad.

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