Víctor Balcells: «Lo que presume de rupturista siempre es efímero».

Por Anna Maria Iglesia @AnnaMIglesia

VictorBalcells_numerocero304x109Durante años compartimos los misos estrechos pasillos de Liceo Italiano de Barcelona y, sin embargo, fueron muy pocas las ocasiones en las que intercambiamos palabra alguna. Victor Balcells Matas iba un curso por delante de mí, así que, aparentemente, pocas eran las cosas que podían unirnos, pocas las cosas que nos podíamos decir. El tiempo, puede que la madurez y, seguramente, la literatura ha hecho que nos volvamos a encontrar tras años sin saber nada el uno del otro. Ahora, una tarde de agosto, en una Barcelona vacía, quedamos en el bar del CCCB. Hace un par de años publicó Yo mataré monstruos por ti (Editorial Delirio), ahora se atreve con la novela; con Hijos apócrifos (Alphabia, 2013) Victor Balcells Matas se presenta como una de las voces más potentes de la narrativa hispánica; recuperando distintas tradiciones, desde la tradición grecolatina pasando por Bolaño y llegando hasta Cheever e, incluso,  Pynchon, Balcells Matas obliga a la crítica a no perderle la vista.

—Puede decirse que Hijos Apócrifos es una novela sobre literatura y sobre dos jóvenes letrados, pero también es una novela sobre la  búsqueda del padre, de los orígenes, y también sobre la búsqueda de un texto desaparecido.

—Es una novela que, en cierto sentido habla del mundo literario, pero desde la perspectiva de alguien que no conoce este mundo y precisamente este tipo de acercamiento me parece más interesante pues no está influido por el sentimiento de pertenencia y por tanto te permite jugar con el género de la comedia. Sin embargo, en última instancia, la novela nace, por un lado, del relato Bíblico de cómo Abraham, siguiendo las directrices de Dios, subió al monte Moriah para sacrificar a su hijo Isaac; y, por otro lado, de la relación conflictiva entre padre e hijos que yo mismo he vivido personalmente y que, además, he visto en personas de mi alrededor. Me interesaba indagar acerca del posible acercamiento de un hijo hacia una persona tan significativa como es el propio padre y a la vez en la imposibilidad de este acercamiento, seguramente por los lazos de sangre y, sobre todo, por las relaciones tan profundas y tan arraigadas en el tiempo.

―Podríamos decir que, al fin y al cabo, se trata de relaciones viciadas.

—Yo diría que, en verdad, toda relación larga es por sí misma una relación viciada, basta pensar en las relaciones amorosas; sin embargo, lo que sucede con las relaciones entre padres e hijos es que son relaciones de las que no sólo no se recuerda el indicio, sino que no se recuerda tampoco el origen del vicio.

—En la novela, la figura materna está casi completamente ausente, aparece de soslayo como remitente de unas cartas, pero nunca adquiere un papel determinante en la trama.

—En verdad,  en general la figura femenina a lo largo de la novela es bastante abstracta. Hay tres mujeres importantes: Margarite, la madre, juega un papel más bien totémico, es un objeto de deseo ideal para los personajes, pero no tiene una gran participación en los hechos narrados; luego está Julia, que adopta el papel de hija. En contraposición con Margarite, Julia es más bien un ser carnal, deseado por varias personas, cuyo deseo además, se consume en distintas escenas; Julia es un ser despojado de toda posible idealización, es  una mujer deseada carnalmente con la cual, sin embargo, nunca se consigue ningún tipo de acercamiento. Y, por último, está Dora que representa el objeto corrompido por todo aquello que la rodea; Dora recuerda los personajes femeninos de las primeras películas de Terrence Malick, en particular de Malas Tierras: una mujer que trata de escapar de la realidad en la que está inmersa y de la subyugación a otro hombre a través de la imaginación.

—Lo interesante de los personajes femeninos es que, si bien son desdibujados, permiten al lector comprender  y conocer a los personajes masculinos.

—Sobre todo en el caso de las dos primeras mujeres —Margarite y Julia—, pues Dora responde a una construcción más clásica del personaje, es una mujer que sí que tiene voy y tiene una interioridad. En cambio, las dos primeras mujeres juegan el mismo papel que podría jugar en Los Detectives Salvajes  algunos de los personajes que nunca aparecen en la acción, pero están detrás de ella.

hijos-apocrifos—Puesto que lo mencionas, Hijos apócrifos evoca más o menos explícitamente a  Los detectives salvajes de Roberto Bolaño.

—Personalmente, creo que Hijos apócrifos recuerda Los detectives salvajes en cuanto a la estructura, estaba interesado en sobre observar los motivos por los cuales Bolaño recurría a un determinado tipo de narrador dependiendo de lo que le interesaba narrar. Mi novela recuerda mucho a Los dectectives salvajes en cuanto tiene cuatro partes narrativas completamente distintas la una de la otra y que, además, dejan grandes espacios vacíos entre ellas, cosa que también hacía Bolaño en sus obras. Seguramente, en novelas más convencionales, estos espacios vacíos debían ser rellenados, pero yo preferí dejar vacíos, pues lo que es omitido, al fin y al cabo, no era relevante para el libro.

—Además, el tema de la búsqueda, la fragmentación, el gran número de personajes evocan indiscutiblemente a Los dectectives Salvajes así como el nombre de Archimboldi es un homenaje más que explícito a 2666.

—Archimboldi es una pequeñas referencia directa a 2666, pero no es la única, es decir, a lo largo del texto voy dejando distintas referencias, más o menos explícitas, a través de las cuales confieso qué literatura y qué autores me gustan. Y evidentemente Bolaño es un referente, sobre todo me interesa cómo construye los personajes a través del gesto y no a través de la introspección psicológica. En Hijos apócrifos quería hacer lo mismo, de hecho el narrador no indaga en la psicología de los personajes, estos se presentan a través de sus acciones, a través del gesto.

—Otro referente es John Kennedy Toole, autor de La conjura de los necios, al que mencionas en un determinado momento.

—Sin embargo, es una novela que cuando la leí no me gusto mucho, aunque sí me interesaron determinados aspectos, en especial, la parodia, aunque, también es cierto que Kennedy sigue una determinada tradición dentro de lo paródico en la que por encima de todo está Cervantes. De La conjura de los necios me gustaba el acercamiento paródico a la narración, aunque después Tool no sea uno de los autores que prefiera.

—Precisamente, la menición que realizas de Kennedy Toole es relación a lo cómico y, en especial, a lo escatológico, que bien puede recordar a Cervantes y, en especial, a la escena de las ventosidades sufridas por Sancho.

—En este sentido Kennedy Toole se inserta en una tradición de escritores imaginativos que se permiten determinados lujos, que no siguen lo que exclusivamente canónico. Yo he intentado seguir, en determinada manera, esta tradición y por esto creo que el lector acostumbrado a las novelas más clásicas no disfrutará con Hijos apócrifos; creo que que quien disfrutará de mi novela será el lector interesado en tradiciones literarias más personales, no inscritas en movimientos genéricos o estilísticos particulares.

Hijos apócrifos se inscribe en una determinada tradición de narrativa hispánica en la que se encuentras nombres como Borges, Pitol, Bolaño o Piglia

—Creo que ninguna obra literaria puede plantearse al margen de la tradición y que lo que presume de rupturista siempre es efímero. Es verdad que hay referencias a la literatura hispánica, pero no sólo, Hijos apócrifos es una novela tentacular con respecto a la tradición. Me interesa mucho la tradición grecoromana y creo que hay más referencias, al menos voluntarios, a esta tradición que no a la tradición hispánica. A lo largo de la novela, he querido hacer un homenaje a Petronio, del cuál nos queda únicamente una décima parte de su obra, pero esa décima parte es el delirio absoluto.

De hecho, la escapa al prostítubo en Istambul remite al viaje de los dos protagonistas del El Satiricón.

—Sí, es verdad, no lo había pensado, pero también es cierto que esta escena es una de las pocas que son autobiográficas. De todas formas, es verdad que a nivel abstracto es una escena muy petroniana.

—Hablando de referencias, hay un claro guiño a Sebald a través del uso de imágenes.

—Sebald es un autor que admiro profundamente y del cual, a parte del hecho de recurrir a las imágenes, en esta novela no he utilizado nada, aunque creo que es uno de los autores más relevantes y más influyentes del siglo XX. En cuanto a las fotografías, decidí ponerlas porque consideré que la escena en la que están insertadas es muy bizarra, pero al mismo tiempo es la más realista, y requería de unas imágenes para no desfamiliarizar el lector. El uso de las imágenes en Sebald están más relacionadas con lo emotivo y con lo poético, en Hijos apócrifos su uso es más bien referencial.

—Además la búsqueda del padre y de los propios orígenes recuerda la trama de Austerlitz.

—Es una novela que me gusta mucho porque hace algo que yo por el momento no he hecho, pero que en el futuro si querría hacer, y es el construir una narración con un narrador externo que, sin embargo, esta presente en la acción narrada.

—En una ocasión comentabas que en la corrección de Hijós apócrifos has  intentado matizar la fragmentariedad de la narración.

—Durante la corrección, inserté unas transiciones antes ausentes sobre todo en las escenas de conflicto. No se tratada de hacer más comercial el libro, sino de crear una fluidez en la narración.Tenía la esperanza de que al lector le parecieran bien estas omisiones y que el estilo bastara por sí mismo para sustentar las omisiones. Yo creo que la respuesta a lo fragmentario se encuentra en la obra de Cheever a quien considero no sólo un buen cuentista, sino también un gran novelista; al leer Crónica de los Wapshot o Bullet Bar se observa que Cheever es más bien un autor de relatos y que en sus novelas lo que hace es encadenar relatos haciendo que las transiciones sean mínimas e, incluso, en ocasiones sean ausentes. 

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Una respuesta a Víctor Balcells: «Lo que presume de rupturista siempre es efímero».

  1. Toda buena reseña y toda buena entrevista llevan al autor y a su obra… y más allá. Todo escritor conforma su identidad escribiendo. Seguro que Balcells es un tipo interesante. Lo es lo que dice. Pero una entrevista es grande no por las respuestas sino, fundamentalmente, por las preguntas. Qué bien llevado todo para que todo esté tan bien traído. Dan muchas ganas de tener “Hijos apócrifos” en las manos. En la línea de salida de lectura… y reflexión. Gracias a los dos por traer cultura de la buena – la que incita, la que mueve – a estas páginas.

    emilioporta
    27 agosto 2013 at 19:59 pm

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