El francotirador (2014), de Clint Eastwood

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Por Jordi Campeny.

El francotirador 1Puede una película gustarte y no gustarte a la vez. Puede que el trabajo sea sólido, con pulso maestro y que consiga dejar poso, pero a la vez, puedes sentir un íntimo rechazo intelectual con el punto de vista del director que se agazapa tras esa honda excelencia formal. La ideología del director, en definitiva, puede topar frontalmente con la tuya. Y puedes rechazar una película excelente.

La dualidad que despierta el cine del legendario Clint Eastwood viene de lejos. Construye como nadie sólidos y hondos retratos de perdedores con pulso y habilidades de maestro. Es un inigualable cronista de la cara B del sueño americano, un pertinaz retratista de almas errantes perdidas en la oscuridad, un maestro de la enjundia y los matices, un virtuoso del clasicismo cinematográfico. Y es, también, un ciudadano medularmente americano a quien no le importa airear en sus trabajos su ideario republicano, viril, belicista y tribal.

En su último trabajo, El francotirador, premiado con un premio Oscar a los mejores efectos sonoros –partía con seis nominaciones, entre ellas a mejor película–, combina una vez más –quizás más que nunca– estas dos facetas: la de curtido y excelente cineasta y la de ciudadano americano republicano cuyo ideario y punto de vista puede resultar francamente antipático y discutible para un gran sector de público.

La película narra la biografía del marine Chris Kyle –notable Bradley Cooper, quien engordó 20 kilos para interpretar este papel–, un tejano que batió el récord de muertes como francotirador del ejército norteamericano en Irak –los SEAL–,  a quien sus compañeros bautizaron como “Leyenda”. Empieza con la época juvenil del protagonista y muestra cómo el discurso paterno irá forjando su personalidad –la figura materna carece de relevancia–: los hombres se distinguen entre lobos, corderos y pastores que defienden a corderos. Y que sólo cabe creer en “Dios, la Patria y la familia”. Toda una declaración de principios. Con el tiempo, veremos como Kyle crea una familia, decide dedicar su vida a la defensa de la Patria y perpetúa en sus hijos su ideario y modo de ver el mundo.

El francotirador es, de principio a fin, consecuente y fiel al punto de vista de su protagonista. Vemos y analizamos la barbarie que acontece bajo el prisma de este cowboy –la película tiene mucho de western– de la América profunda, bajo su banal y sesgado modo de contemplar el mundo, bajo esta primaria diferenciación entre buenos y malos. Los americanos son los salvadores, los que tienen familia, bebés –hasta de plástico–, dudas y angustias. La población iraquí se nos presenta, en El francotirador, como una amalgama de sanguinarios terroristas a quien cabe exterminar en nombre de un bien superior. El iraquí es el enemigo; carece de matices –todo lo que sabemos del enemigo más buscado entre las filas iraquíes es su nombre: El carnicero. Nada más–. No hace falta añadir, pues, que la película no cuenta ni con la sombra de una denuncia a las atrocidades perpetradas por las fuerzas del ejército estadounidense en tierra hostil –la película de Kathryn Bigelow, perpetuamente en el recuerdo–.

el francotirador 2Con este ideario que late por debajo de sus majestuosas secuencias y memorables planos hay quien sentirá, pues, rechazo. O ira. Con la sobredosis patriótica final, plagada de barras y estrellas, hay quien pueda considerar que la propuesta roza lo obsceno. De más está añadir que Eastwood es muy consciente de todo ello y que decide ofrecer carnaza fácil para que sus detractores ideológicos se recreen, o atraganten, con ella.

¿Rechazarían los detractores la propuesta si, en algún momento, la película cambiara el enfoque o dejara de ser fiel a su antipático punto de vista? ¿Redimirían a Eastwood si, al modo de Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima (ambas de 2006), ofreciera, en una película venidera, la óptica y complejidad del otro bando? ¿Es lícito rechazar una película por el mero hecho de que no piensa como nosotros?

El francotirador, película profundamente belicista y antibelicista a la vez, que suscita opiniones cada vez más polarizadas, abre las puertas a éstas y otras interesantísimas reflexiones. Lo que está claro es que, más allá de consideraciones ideológicas o morales, y ciñéndonos a lo puramente cinematográfico, el film, a pesar de no lograr las cotas de excelencia de obras maestras como Sin perdón (1992), Mystic River (2003), Million Dollar Baby (2004) o Gran Torino (2008), sigue siendo puro cine de un maestro que llena e incendia la pantalla, que crea planos y secuencias complejas, oscuras y hondas; y que, un poco al modo de la reciente y magistral Foxcatcher (Bennett Miller), parte de la base de que sólo con una película medular y antipáticamente americana pueden mostrarse con convicción los despojos y la grandeza de esta tierra. Amada y herida. América.

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Una respuesta a El francotirador (2014), de Clint Eastwood

  1. Totalmente de acuerdo con esta magnífica reseña… solo hay un momento en el que, sin embargo, en este comic ( que, en parte lo es ) serio y sin concesiones al “enemigo” se plantea una duda crítica. No por parte del protagonista, que es un cretino alienado que pertenece a los “buenos” y a una sociedad que se permite llamar “leyenda” a un tipo que mata como si cobrara piezas de caza ( repugnante, desde mi punto de vista ) que no se cuestiona los motivos reales de una masacre que, por otro lado, ha traído al actual “estado islámico” y más terrorismo, con sus espantosas ejecuciones a inocentes a los que visten con monos naranja para recordar al mundo que su origen está en Guantánamo y en aquella desgraciada y obscena invasión de Irak en nombre de la “democracia” , como más tarde fomentaron y armaron en Libia, con los resultados que todos conocemos )… en fin, el fondo de la cuestión es terrible pero, volviendo a ese punto “crítico” del film… hay un compañero marine, amigo del “héroe”, que muere y se pregunta, ya en la batalla y en la “limpia” casa por casa, el porqué de estar, matar y morir allí. Es más, deja escrita en una carta, que se lee en su entierro en Arlington, su posición. Por otro lado, en todo el tema de honores finales.. siento que hay una especie de retrato tragicómico que Eastwood ofrece como pequeña autocrítica a todo lo que ocurre en esa sociedad maniquea a la que pertenece y en la que no ha ocultado nunca su actitud americana-repúblicana. Yo le quiero conceder al maestro – que lo es – esta pequeña gracia. Se lo merece, pese a sus tendencias, el autor de esas pequeñas maravillas cinematográficas que tienen por nombre “Million Dollar Baby” ( una de las mejores películas de la Historia ) “Los puentes de Madison” ( otra de las grandes ) … y tantas otras, prácticamente todas, de este inmenso realizador, de este inmenso autor de cine.

    Emilio Porta
    3 marzo 2015 at 11:17 am

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