“Trieste”

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TRIESTE

DAŠA DRNDIĆ

Traducción de Simona Skrabec

Automática

2016

530 páginas

La historia del Holocausto en Croacia no está hecha de grandes sádicos sino de gente normal que actuó con ruindad. Dasa Drndic ha hecho con sus vidas literatura

Trieste se sostiene sobre la multiplicación de las pequeñas maldades de miles de pequeños villanos, porque la maldad ni es uniforme ni es única, ni siquiera es completa. Narrada por una anciana de 83 años, el relato, inmenso, parte de los objetos que la rodean, sobre todo los que guarda en un cesto, que no es otra cosa que el alma, sacada fuera del cuerpo, para que duela menos. Todo lo que sea negro sobre blanco, como lo es su memoria, construirá la purga de una novela que intenta ser catarsis del narrador. Pero la catarsis es una de las farsas de la literatura. Uno puede desbloquear, pero no cicatrizar gracias a la literatura, ni siquiera gracias a la gran literatura, a la que pertenece esta novela. ¿Cómo se puede cauterizar la presencia del vacío? En este caso, de miles de vacíos con forma de listados, de fotografías e incluso de partituras. ¿Cómo se puede medir el peso del recuerdo frente al peso de la derrota?

La narradora, lenta pero sin descanso, rememoraa su infancia en Gorizia, en el seno de una familia judía en la que la lengua era una y múltiple, porque el idioma, aunque sea diferente, no debería servir para separar, sino para comunicar, para unir. Y recuerda Trieste y el ascenso del totalitarismo, sus años de juventud, el cine, su primer amor. Y sobre todo recuerda la guerra, recuerda los trenes, siempre esos trenes que son el aliento de la desaparición, que es algo mucho más terrible que la certeza de la muerte, repletos de personas, mientras se producía lo que Martín Luter King calificó como el peor mal del siglo XX, que es el silencio de la supuesta buena gente. Y a continuación vendrán los campos de concentración, en concreto el que se creó en la antigua arrocera de San Sabba. El recuerdo del  humo, que es la metáfora de la memoria, y de la ceniza que al posarse se transformaban en un barro en el que jugaban los niños. Y recuerda la espera, porque no hay mayor expresión de la espera que un embarazo y ella aguarda a su hijo mientras teje su memoria en el que la historia oficial se entrecruza con las pequeñas historias, para que sepamos que es la historia oficial la que no vale para nada, porque lo que cuenta son los nombres y los cuerpos, porque poner nombre es regalarle a alguien un cuerpo, regalarle humanidad.

Con aspecto complejo, de rompecabezas de piezas que no encajan, donde la entrevista sucede al documento, la descripción de la fotografía al testimonio y la ficción a la realidad, lo que lo unifica es la crudeza de lo creíble. Venga de donde provenga el párrafo o la sucesión de páginas, la idea de que todo ello pudo suceder rompe las conexiones de nuestro sistema nervioso. Y nada hay más real, más creíble, que la enfermedad.

Haya Tedeschi espera junto a un cesto repleto de cartas, fotografías, recortes, versos, testimonios, listados… A los ochenta y tres años, su historia, reflejo de un pasado turbulento, se ha quebrado ya en mil pedazos que Haya repasa uno a uno: la infancia en Gorizia, en el seno de una familia judía multilingüe, Trieste y el ascenso del totalitarismo, los años de juventud, el cine y el primer amor. Pero también están la guerra, los trenes cerrados y los campos de exterminio, como la antigua arrocera de San Sabba, de la que día y noche salían humo y ceniza que se transformaban en un barro negro en el que jugaban los niños. El mismo barro donde hubiese jugado su hijo de no haber sido secuestrado para formar parte del siniestro proyecto Lebensborn de Heinrich Himmler. Haya Tedeschi espera el reencuentro con su hijo y, mientras lo hace, desmenuza la compleja maraña de su vida revelando la fragilidad de la memoria y las limitaciones de la Historia, que nunca pueden agotar la realidad. Así, poco a poco, se va componiendo el rompecabezas de esta obra, en la que la autora entremezcla magistralmente realidad y ficción para, con un impactante manejo del lenguaje, ofrecernos una cruda crónica de las profundas heridas que la Segunda Guerra Mundial ha dejado en Europa.

Daša Drndic (Zagreb, 1946) es una reconocida escritora y crítica literaria croata. Tras formarse en Filología Inglesa y Literatura en Belgrado, recibió una beca Fulbright para ampliar sus estudios en Estados Unidos. Ha sido profesora en la Universidad de Toronto y actualmente enseña Literatura Inglesa en la Universidad de Rijeka (Croacia). Entre otras actividades ha sido editora para el sello Vuk Karadžic y traductora literaria del inglés. Regularmente publica artículos de opinión y crítica literaria. Drndic ha escrito numerosos relatos breves y una decena de novelas de entre las que destacan: «Camino hasta el sábado» (Put do subote, 1982), «Como una piedra del cielo» (Kamen s neba, 1984), «El doble» (Doppelgänger, publicada en 2002 en Belgrado y en 2005 en Zagreb), «Leica» (Leica format, 2003), «Canciones de guerra» (Cannzone di guerra, 2007), «Abril en Berlín» (April u Berlinu, 2009) y Belladonna (2012). Trieste (Sonnenschein, 2007), traducida a seis idiomas, es su primera novela publicada en España.

‘Luz en las grietas’, de Ricardo Martínez Llorca

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