Nikolski

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NIKOLSKI

Nicolas Dickner

Traducción de María Sierra Córdoba

Txalaparta

Noah, Joyce y un narrador sin nombre, abandonan su pueblo natal para emprender un largo periplo. Sus vidas coincidirán en los momentos más inesperados, pero estos tres personajes nunca llegarán a saber qué los une exactamente. Por la obra van apareciendo piratas informáticos, marineros, serpientes de mar, atunes rojos, oficinas de correos, indios, un compás marino.

Nicolas Dickner nació en Rivière-du-Loup, viajó a América Latina y Europa antes de echar el ancla en Quebec, en Montreal, donde vive actualmente con su familia. En 2005 publicó su primera novela, Nikolski(Txalaparta), un fenómeno literario en el país, que ha vendido miles de ejemplares y ha sido traducida una docena de idiomas. Tarmac, su segunda novela publicada en 2009, también ha tenido eco en varios países. Junto a Dominique Fortier publica en 2014 Revoluciones.Seis grados de libertad es su tercera novela, con la que ganó el Premio del Gobernador General de Literatura, el premio literario más importante de Canadá.

Mi nombre no tiene importancia.
Todo comienza el mes de septiembre de 1989, aproximadamente
a las siete de la mañana.
Todavía estoy durmiendo acurrucado en mi saco de dormir
en el suelo vacío del salón. Me rodean montones de cajas
de cartón, alfombras enrolladas, muebles desmontados a medias
y cajas de herramientas. No queda nada en las paredes salvo
las manchas blanquecinas de los marcos que llevan ahí colgados
desde hace demasiado tiempo.
Por la ventana entra el ruido monótono de las olas rompiendo
contra los guijarros.
Todas las playas tienen una firma acústica propia, que varía
según la fuerza y la duración de las olas, el tipo de suelo, la
morfología del paisaje, los vientos dominantes y la humedad
del aire. Imposible confundir el murmullo quedo de Mallorca,
el rodamiento sonoro de las piedras prehistóricas de Groenlandia,
la música de las playas coralinas de Belice o el bramido
hueco de las costas irlandesas.
Pero la resaca que oigo esta mañana es algo que se puede
identificar con facilidad. Un rumor grave, un poco tosco, el
sonido cristalino de las rocas volcánicas, el retroceso ligera-
mente asimétrico de la ola que golpea, el agua rica en nutrientes:
se trata de la inimitable resaca de las islas Aleutianas.
Entreabro el ojo izquierdo refunfuñando. ¿De dónde viene
este ruido extraño? El océano más cercano se encuentra a
más de mil kilómetros de distancia. Además, yo nunca he puesto
los pies en una playa.
Salgo como mejor puedo del saco de dormir y me tambaleo
hasta llegar a la ventana. Agarrado a las cortinas, miro cómo
el camión de la basura se detiene delante de nuestro bungalow
con un chillido de aire comprimido. ¿Desde cuándo los
motores diésel imitan la resaca?

Martínez Llorca y su ‘Luz en las grietas’

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