“Allí, donde se acaba el mundo”

Allí, donde se acaba el mundo

Catherine Poulain

Traducción de Iballa López Hernández

Lumen

Barcelona, 2017

379 páginas

Fuente: eldiario.es

La escritora francesa Catherine Poulain, que ahora publica en castellano el libro de viajes “Allí, donde se acaba el mundo” sobre su experiencia como pescadora durante diez años en Alaska, ha dicho hoy en Barcelona que ese territorio, “una última frontera, sigue siendo todavía hoy una tierra de pioneros”.

Poulain habla maravillas de Alaska, adora esa tierra inhóspita y, de hecho, quiere volver literariamente a esa imaginario de “última frontera”.

“Allí, donde se acaba el mundo” (Lumen/Edicions de 1984) es la historia de una mujer que renunció a todo, incluso al amor, para vivir en libertad.

“Hay momentos en la vida que son duros, momentos en que uno tiene que irse, y es entonces cuando te imaginas la última frontera, Alaska”, ha explicado Poulain en una entrevista a Efe.

No le importó a la autora que el mundo de la pesca fuera muy masculino -“hay muchas mujeres que pescan”, advierte-, pero ella siempre ha pensado “en un mundo de seres humanos, y no quería ser prisionera de un género”, y por ello se lanzó a la aventura “dejando de lado esos prejuicios propios de la gente bienpensante”.

La sensación de que “embarcarse es abandonar la tierra y quedar sin una seguridad a la que aferrarse” era un reto y un atractivo para ver de qué era capaz.

Volver de Alaska a Francia, donde ahora ejerce de pastora al cuidado de un rebaño de ovejas, fue “un retorno forzado”, pues, como dice, “por voluntad propia no habría vuelto y todavía estaría allí y tendría además un barco propio”.

La novela, que ha superado los 100.000 ejemplares vendidos en Francia y que fue finalista del prestigioso Premio Goncourt, se ha nutrido principalmente de los diarios que Poulain ha ido escribiendo en su aventurera vida.

“Cuando escribía mis diarios, escribía la vida. Desde que soy niña escribía historias, empezaba relatos cortos, pero el problema es que no tenía tiempo de escribir. Quería vivir”.

“Escoger es sacrificar, el mar o los libros, y lo importante es nunca pensar en uno mismo ni volver a uno mismo”. Esta frase de la primera oceanógrafa francesa, Anita Conti, ha acompañado siempre a Poulain en la decisión de entrar en la fuerza del mundo y “por eso, escribir siempre quedó para cuando tuviera tiempo”.

Resta importancia la autora a las renuncias que este estilo de vida le ha impuesto: “Hay renuncias, pero como cada día de nuestra vida”.

La principal lección que Poulain ha extraído de esos diez años en Alaska es que “no se puede dar nada por sentado y que todo lo que hayas podido hacer queda atrás y no sirve de nada; y todos los días hay que volver a empezar, a iniciar la andadura”.

También ha aprendido que “prácticamente todo es posible, que lo importante es intentarlo, darlo todo, aunque haya el riesgo de morir, algo anecdótico, porque todos en algún momento moriremos”.

Mientras escribía, Poulain vivió unos meses de felicidad, porque pudo “volver a pensar en Alaska, sumergirse en ese mundo”.

En la novela, la autora se esconde tras Lili, no por ocultarse sino porque la escasez de tiempo que le dio el editor no le permitió disfrazar las cosas o transformarlas.

Nacida en Manosque, en el departamento de los Alpes de Alta Provenza, en 1960, Poulain dejó Francia muy joven y emprendió un viaje por Asia, Europa y América, desempeñando oficios tan variados como obrera de una conservera de pescado en Islandia, recolectora de manzanas en Canadá, camarera en Hong Kong, además de pescadora en Alaska.

Una suerte de “cuadernos de bitácora” han acompañado siempre a Poulain en sus viajes, en los que se condensa “drama, humor y poesía y material de vida, en definitiva”.

Tras el éxito de público y crítica, que la ha llegado a comparar con los grandes maestros del género, Jack London, Joseph Conrad y Herman Melville, Poulain siente que afronta un reto en su segundo libro, del que apenas quiere contar nada “por superstición”.

“Estoy madurando un proyecto y voy a utilizar una experiencia propia pero voy a desordenar la baraja, cambiaré los personajes y hablaré de la vida de la gente, de ciertos universos”, ha comentado la escritora, quien no descarta escribir más adelante más libros sobre Alaska y su experiencia allí para completar una trilogía, pero será “cuando tenga más distancia”.

«A partir de ahora vas a tener que demostrar lo que vales. Tenemos tres semanas para pertrechar el barco, reparar las líneas y encarnar los palangres. En adelante el único propósito en tu vida será trabajar para el Rebel, día tras día, noche tras noche.»

Estas son las primeras palabras importantes que oye Lili, una joven francesa que llega a Alaska, la última frontera, para realizar un sueño que es casi una obsesión: embarcarse en un pesquero por el inhóspito Pacífico norte. A bordo del Rebel, Lili tendrá que superar toda clase de dificultades, desde la dureza del clima hasta los recelos de la tripulación, un grupo de hombres de pocas palabras y mirada hosca.

El cielo gris lo cubre todo, el agua de las olas se mezcla con las escamas de los peces que bailan su danza macabra en cubierta. Son días enteros de mal comer, noches de mal dormir, con las manos heridas y la mirada fija en el horizonte. En el puerto solo la espera el humo de un pub que sirve cervezas baratas, pero allí está Lili con su cara curtida.

Entonces, ¿por qué Alaska, por qué el mar, por qué ese ir y venir constante entre el riesgo absoluto y el tedio? Mejor no hacer preguntas y seguir leyendo esta novela dura, llena de fuerza y valentía, que ha nacido de una experiencia real y ha llegado hasta donde se acaba el mundo y asoma la buena literatura.

Reseña:
«Allí, donde se acaba el mundo arrastra al lector al interior de una historia singular y apasionante sobre la condición humana.»
Le Figaro

«La historia de Poulain es la de una mujer muy fuerte. Además de pescar en Alaska ha trabajado en fábricas de conservas de Islandia, como camarera en Hong-Kong, como viticultora en el Médoc y ahora como pastora de ovejas en los Alpes. Lo primero que aprendió en Alaska fue que para hacerse respetar no debía dejar que nadie le tocase ni un pelo, ni a bordo ni en el bar.»
Ernest Alós, El Periódico de Catalunya

«El viaje que propone Poulain no es sólo geográfico: sueña con hacerse a la mar en un pesquero en Alaska, y persigue su anhelo con la fuerza con la que uno se aferra a la vida para sentirla con intensidad. Extrema en los sentimientos, la autora recrea su hazaña enrolada en un palengrero, la peligrosa pesca de fletanes, y lleva el mar bravo y frío como un paisaje mental.»
Carol Álvarez, Tendències (El Mundo)

«[…] A medio camino entre el libro de memorias y la novela de aventuras, es, sobre, todo una historia que habla de deseos obsesivos y renuncias, de aprendizaje y autoconocimiento. Su libro obtuvo el Prix Nicolas Bouvier y el Prix Ouest-France Etonnants Voyageurs, y la hizo finalista del Goncourt en la categoría de primera novela.»
Beatriz Navazo, Mujer Hoy

Catherine Poulain nació en Manosque en 1960, pero dejó Francia muy joven para viajar por Asia, Europa y América, desempeñando los oficios más variados: fue obrera en una empresa de pescado en conserva en Islandia, recogió manzanas en Canada, trabajó de camarera en Hong-Kong y se embarcó en un pesquero en Alaska, lugar donde vivió una década. Esta experiencia le sirvió de inspiración para animarse a escribir Allí, donde se acaba el mundo, que en 2016 recibió el Premio Goncourt a la primera novela. Actualmente la autora vive en los Alpes franceses, donde trabaja como pastora y cuida de sus viñas.

El libro de viajes con más luz

 

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