‘En la noche de los cuerpos’, de Esther Ginés

Por César Malagón.

“Las obsesiones acaban teniendo poco que ver con la realidad en la que se inspiran.”

No sé si lo que os voy a contar ahora es un defecto o no, pero siempre ando buscando comparaciones y paralelismos en todos los ámbitos de la vida. Y en la literatura no iba a ser menos. Siempre que leo un nuevo autor tiendo a comparar con otros parecidos. Mejores o peores, pero parecidos, al fin y al cabo. Por eso me gusta ver en Eduardo Lago al Paul Auster español, o en Carlos Bassas esos elementos peculiares que tanto me gustan en la novela negra de Fred Vergas. Y creo que ahora he descubierto a una escritora cuya literatura tiene una similitud asombrosa con la de Stefan Zweig.

Igualar a alguien con un genio de la literatura como fue Zweig es algo descabellado, incluso atrevido, pero basta con leer unas pocas páginas de En la noche de los cuerpos, la segunda novela de la escritora manchega Esther Ginés, para darse cuenta de que muchos de los elementos que hacían únicas a las obras del autor austríaco están presentes también en este libro. Los paralelismos (vuelvo a la comparación, no tengo remedio) entre novelas como Carta de una desconocida o Veinticuatro horas en la vida de una mujer y está de la que hoy os hablo son evidentes, pero no solo por la temática, también por ese estilo tan personal y delicado a la hora de describir los sentimientos de los protagonistas.

Quizá desvelar la trama de En la noche de los cuerpos es echar a perder parte de su encanto, por eso solo diré que la novela se sostiene con tres únicos protagonistas, Olivier, Laia y Cecilia, y que es esta última la que se encarga de narrar la historia de este triángulo de personajes. La propia narración será la que poco a poco vaya desgranando lo que sucedió, buscando el cómo, pero, sobre todo, los porqués. Además, el arte tiene un protagonismo temático esencial, con la historia de Ophelia, una de las obras más importantes del pintor inglés John Everett Millais, como eje vertebrador.

El sincero relato de Cecilia refleja una historia sobre los límites del amor, llena de culpas, obsesiones y frustraciones. Esther Ginés hace que la protagonista se abra en canal, se sincere ante todos los lectores regalando un veraz y desgarrador relato que, por efecto de esa prosa, convierte al culpable también en víctima de los errores que en la historia se relatan. Es En la noche de los cuerpos una expiación contada de forma magnífica por una joven escritora llena de talento, que demuestra que para crear una gran historia no se necesitan cientos y cientos de páginas. Y en esto también coincide con Zweig, cuyas mejores obras, en mi opinión, rara vez llegan al centenar.

Esta novela tan intimista esconde también una feroz crítica al mundo del arte, y a los límites que sobrepasan los artistas en su intento de conseguir que sus obras trasciendan más allá de sus propias vidas. Quizá ese acto de vanidad en el arte, al fin y al cabo, no sea tan malo. O sí. Y no sé si Esther Ginés buscará que su obra trascienda durante siglos. Lo que sí sé es que, una vez leída En la noche de los cuerpos, este libro, su autora y su forma de contar historias deberían ser más trascendentes en nuestra literatura actual.

“La memoria, el arma más poderosa que una persona tiene durante su vida, es también su peor enemigo.”

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