De carmen a Franco, la historia de una mujer enigmática

Por Aashta Martínez.

Dar a conocer a la persona detrás del personaje era todo un reto periodístico. Por eso, la conocida comunicadora y escritora Nieves Herrero publicó a finales del pasado año Carmen. El testimonio novelado de la hija de Franco. Una mujer testigo de la Historia (La Esfera de los Libros). El libro supone la primera y única biografía autorizada que se ha escrito hasta hoy sobre Carmen Franco, muy reacia siempre a conceder entrevistas y recientemente fallecida a causa de un cáncer.

La novela parte de una petición de la editorial a la periodista, que aceptó siempre y cuando pudiera entrevistar personalmente a la que sería la protagonista del relato. Para llevar a cabo aquello, Herrero le envió a la única hija de Franco las novelas que había escrito hasta la fecha, y le solicitó un encuentro. Al cabo de tres meses, obtuvo una respuesta afirmativa. Después, se encargó de mantener más de cuarenta horas de conversaciones con Carmen Franco en el salón de su casa de Hermanos Bécquer, en Madrid. 

La novela, bien documentada y repleta de anécdotas, combina a la perfección la rigurosidad y los datos históricos con la amenidad. En ella, Carmen narra los principales pasajes de su vida. Habla de su relación con su padre, con quien siempre había estado muy unida y quien, a raíz de la Guerra Civil, apenas pasaba tiempo con ella (al menos a solas). Siempre fue  una niña sobreprotegida, que apenas se relacionaba con los demás y que fue educada en casa. “Cada una debe saber que tiene un lugar en el mundo y una responsabilidad. Ella ha de aprender a comportarse como una dama. Es la hija de Franco”, comentaba entonces la mujer del Caudillo refiriéndose a su hija.

Carmen, que creció entre adultos y sin apenas amigos, reconoce que aceptó, con naturalidad y cierta resignación, la ausencia de su padre y cierta sumisión hacia su madre. “Estuve más unida a mi madre, aunque la persona que más me influyó en mi vida fue mi padre”, sostiene. Y cuenta que empieza a ser consciente de quién es realmente cuando se casa con Cristobal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde, con quien tuvo siete hijos y del que en un principio estaba bastante enamorada.

Mujer de apariencia fría a la par que fuerte, Carmen empieza entonces a viajar y leer las repercusiones que sus visitas tienen en determinados países como la hija del dictador Franco. Habla de su padre con cariño y admiración, aunque le recuerde como un hombre mandón y machista. Y reconoce que lo pasó mal con las idas y venidas de su marido. De hecho, confiesa que comenzó a sentirse libre una vez que se quedó viuda.

También habla de la multitud de personalidades a las que tuvo ocasión de conocer por su posición social y de cómo vivió su familia, no siempre de forma positiva, los cambios producidos tras la llegada de la democracia. O de cómo aprendió a respetar las decisiones personales de sus hijos, aunque no siempre las compartiese. Se considera buena madre, aunque de sus palabras se desprende cierto arrepentimiento por no haber estado más cerca de todos ellos en determinados momentos.

Amante de los viajes y de personalidad enigmática, la hija del dictador aceptó con cierta resignación su enfermedad y señala que no tiene miedo a morir. “Desconozco el tiempo que me queda por vivir, pero puedo asegurar que me da igual lo que hayan dicho o lo que vayan a decir sobre mí. Nunca he pretendido ser el foco de atención y voy a seguir así hasta el final”, asegura.

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