Cine en el teatro: “El ángel exterminador” de Luis Buñuel y Fernando Sansegundo

Por Horacio Otheguy Riveira

Un grupo de felices burgueses salen de casa para divertirse sin tapujos. Muy dicharacheros, se reúnen en la mansión de uno de ellos, decorada estrafalariamente, donde se supone que habrá un buen equipo de camareros para servirles, y un posible show espectacular con un oso y unos corderos, pero se encontrarán con una encerrona nada recomendable. Realidad y delirio, farsa y tragicomedia. De todo un poco en una función coral con un texto estupendo de Fernando Sansegundo, y muy buenos actores que padecen una dirección de Blanca Portillo más artificial que efectiva.

 

 

 

Cine en el teatro con una adaptación modélica de Fernando Sansegundo, buen conocedor de las posibilidades escénicas, él mismo director y gran actor (sus últimas creaciones como intérprete, muy distintas entre sí e igualmente admirables: Navidad en casa de los CupielloBangkok y La verdad sospechosa).

La directora Blanca Portillo (magnífica en La avería; desafortunada en Don Juan Tenorio) encontró interesante dar vuelta el material de fondo de la película como un calcetín, convirtiendo el fuerte drama de pomposos burgueses repentinamente desesperados y grotescos, en una difusa caricatura. Para quienes conocen bien la película, la representación resulta poco menos que un ejercicio embarullado un tanto infantil al mofarse de gente rica atrapada en un infortunio inesperado. Una burla de trazo grueso que no llega a ser parodia ni farsa, aunque intenta la tragicomedia. Para quienes no conozcan la película pueden encontrar interesante un discurso ligeramente esperpéntico, a ratos cercano al vodevil, con final llamativo, entre místico y ligeramente anticlerical.

El ritmo de la función está marcado por un tono burlón que cuando se pone serio resulta poco verosímil. El gran elenco se ve muy perjudicado por una dirección de marcada sobreactuación. La mayoría ha de tratar con arquetipos acartonados. Se salvan pocos personajes, desde luego muy bien defendidos por sus intérpretes, como la fría belleza de Cristina Plazas, que aporta una triste capacidad de seducción que recuerda aquello de Graham Greene: “Se habla de la tristeza que esconde la lujuria, pero poco se dice de la lujuria que habita la tristeza”.

Resulta sobresaliente el aire marcial de Juan Calot como un juez impertérrito con enternecedora crisis cardíaca, y luego como un burócrata con ceceo que deambula por el patio de butacas en busca de una solución, realmente el único personaje con peso, interesante como perfil de serie negra porque está interpretado como si fuera un inspector decepcionado; a su paso parece seguirle de cerca la lluvia pertinaz que siempre acompaña a estos seres solitarios tan literarios. A Calot le basta con muy poco para transmitir mucho,  concentrar la atención y conectar con algo más gratificante que el barullo general, más aún cuando dice, con cierta añoranza: ¿Quién puede hablar de certezas en estos tiempos?

Fernando Sansegundo ha creado un texto teatral muy atractivo, en el que los personajes tienen un logrado desarrollo dentro del general esquema coral, despertando un permanente interés que acaba deslucido por la visión de la directora que parece divertirse mucho encerrando a sus criaturas en una pecera acristalada donde sus voces se desdibujan tanto como sus peculiaridades, pues sólo se les escucha con precisión cuando están cerca de los micrófonos. (Al menos así sucedió el día del estreno, un fallo técnico que seguramente ya se habrá solucionado).

Iluminación y vestuario sí consiguen una unidad mayor que todo lo demás, con una escenografía ostentosa que contiene una escultura muy grande de una jirafa inclinada, y el enorme  retrato de un cavernícola, como caprichosas adquisiciones de nuevos ricos. Hay dos epílogos curiosos, uno ligeramente paródico. El otro, emocionante, interpretado por el Coro de Voces Graves de Madrid, cuyos integrantes ocupan los pasillos laterales del patio de butacas, creando una notable emotividad de la que carece toda la función, siempre en busca de un estilo propio que, en mi opinión, no encuentra. [Algunos amigos me comentan que cuando vieron el espectáculo ya no aparecía el Coro de Voces Graves de Madrid. Lunes 12 de febrero].

 

 

Nota al margen. La versión cinematográfica fue escrita por Luis Alcoriza y Luis Buñuel, y dirigida por este último en México, en 1962. Causó sensación por su combinación del realismo propio del cine mexicano con elementos surrealistas tan queridos por el director: de la suma surgió un fresco de rebeldía ante el orden establecido a través de unos burgueses atrapados en una hermosa mansión, sin motivo aparente. En el encierro desesperan y pierden su elegancia y buenas maneras hasta quedar como miserables sin norte muy parecidos a los desgraciados sin hogar de otras películas del director aragonés como Viridiana y Nazarín. A diferencia de la versión teatral, no hay el menor asomo de humor ni ironía, y la elegancia física y distinción social es decisiva.

Han pasado 56 años. Buñuel (Calanda, Teruel, 1900-Ciudad de México, 1983) hizo esta obra maestra nada convencional después de muchas producciones plenamente integrado en la industria cinematográfica mexicana. Fue a partir de 1947, con el musical Gran Casino con los divos más populares de entonces: Libertad Lamarque y Jorge Negrete; luego se especializó en melodramas de todo tipo junto a obras de marcado acento social. Dentro de una notable actividad destacan auténticas joyas de testimonio social como Los olvidados y obras maestras como: Él con Arturo de Córdova; El Bruto con Pedro Armendáriz y Katy Jurado; Abismos de pasión con Jorge Mistral, y Nazarín con Francisco Rabal e Ignacio López Tarso. Luego adquirió fama internacional dirigiendo en Francia y España con desigual fortuna, con algunos títulos que incrementaron su prestigio internacional: Belle de Jour, con Catherine Deneuve, Francisco Rabal, y Tristana, con Catherine Deneuve, Fernando Rey.

 

Película, 1962.

 

Posado de toda la compañía dirigida por Blanca Portillo.

 

Ópera The Exterminating Angel (2016) del británico Thomas Adès, representada en Nueva York en 2017.

 

 

Versión: Fernando Sansegundo

Dirección: Blanca Portillo

Ayudante de dirección: Carlos Martínez-Abarca

Espectáculo dedicado a Tomaz Pandur (1963-2016)

Reparto: Hugo Alcaide, Juan Calot, Inma Cuevas, Abdelatif Hwidar, Ramón Ibarra, Alberto Jiménez, Juanma Lara, Víctor Massán, Anabel Maurín, Manuel Moya, Dani Muriel, Alfredo Noval, Alex O’Dogherty, Francesca Piñon, Cristina Plazas, Camilo Rodriguez, Irene Rouco, Mar Sodupe, María Alfonsa Rosso, Raquel Varela
Escenografía: Roger Orra
Iluminación: Juan Gómez Cornejo (AAI)
Vestuario: Marco Hernández
Diseño de sonido: Mariano García
Lucha escénica: Kike Inchausti
Coreografía: Vero Cendoya
Fotografías: Sergio Parra
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Una respuesta a Cine en el teatro: “El ángel exterminador” de Luis Buñuel y Fernando Sansegundo

  1. Lamentable obra. Estuve viéndola el pasado sábado y a punto estuve de abandonar el teatro a mitad de representación. No me gustó nada.

    Paco
    29 enero 2018 at 18:55 pm

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