Los libros de la Isla desierta: ‘Maldito Otoño’, de la Ed. Alupa

ÓSCAR HERNÁNDEZ CAMPANO.

Una obra de teatro es necesariamente visual. Alguien se sienta en un patio de butacas, respira hondo, siente un cosquilleo cuando se apagan las luces y se deja llevar por las actrices que salen a escena. A veces el espectador se ríe; otras veces se conmueve o incluso llora con disimulo, atrincherado en la penumbra de la sala; en ciertas ocasiones siente una punzada en medio del pecho, como un malestar físico producido por una frase terrible, lapidaria, por una verdad incuestionable que hace peligrar las certezas sobre las que se asienta su vida.

Este espectador siente entonces que su alma vuela al escenario, que su vida está en manos de las artistas que desarrollan un espectáculo con una tremenda poesía visual y con un texto revelador, repleto de reflexiones, de filosofía, de verdades, de certezas que lo sacuden. Y cuando cae el telón, tras aplaudir a rabiar, abandona el teatro con la sensación de que su vida ha cambiado, de que aquella obra ha traspasado la cuarta pared para transformar a quienes acaban de disfrutar de una lección de vida parangonable a textos como El principito, aunque con complejidades narrativas que beben de Bertolt Brecht, Samuel Beckett y que ahondan sus raíces en los poemas homéricos y en la Teogonía de Hesíodo.

Este espectador acaba de ver Maldito otoño, o Maleïda tardor, en su versión valenciana. Y con alegría, al salir a la luz desde la sala de representaciones envuelta todavía en las sombras y en los ecos de las poderosas frases de sus protagonistas, encuentra que se vende el libro con el texto que acaba de ver sobre el escenario. No lo duda; no lo dudo. Necesito leer con calma las frases que me arrojaban las tres actrices y que requerían de reflexión antes de enfrentarse a la siguiente verdad que nos lanzaban desde el escenario.

El texto, exquisitamente editado por la joven, versátil y dinámica editorial Alupa, ha sido escrito por las mismas tres mujeres que lo llevan a escena y que les ha valido dos nominaciones a los premios Max de teatro, al mejor espectáculo revelación y al mejor autoría revelación. Lucía Abellán, Lucía Sáez y Ester Martínez son las componentes de la compañía La Subterránea, y son, además de grandes intérpretes, unas soberbias dramaturgas. En una obra repleta de metáforas y sin una trama definida, las autoras nos obligan a plantearnos algo tan evidente como olvidado: la brevedad de la vida. Todo Érase una vez termina con un Colorín, colorado. Es así, pero lo obviamos; no queremos verlo. O lo tenemos tan presente que olvidamos disfrutar de lo que se desarrolla en medio. Por eso Maldito otoño nos recuerda con imágenes que deambulan por el mundo de la metáfora, arribando en ocasiones al absurdo, que “luego ya no”.

Tres mujeres, tal vez almas, parcas, entes o fantasmas en el limbo, hablan y reflexionan sobre la brevedad de la vida. Se invitan a bailar, a reír, a beber y a recordar mientras dure el cuento. Vestidas de terciopelo rojo, en un decorado en el que el vino, las viñas secas y las hojas amarillas, pardas y marrones otrora verdes y llenas de vida, ahora muertas y repartidas por el suelo, las tres mujeres tienen una conversación que a menudo salta de la broma al drama y de la melancolía a la burla con una fluidez, sabiduría y magia estremecedoras. El texto nos recuerda que todo pasa, aunque también tiene espacio para la crítica social hacia esta Europa cada vez más cerrada sobre sí misma, tan alejada del mito que le dio nombre y que, al igual que muchos valientes, acaba en el fondo del mar Mediterráneo.

La lectura de este texto resulta necesaria y sobrecogedora porque condensa una serie de reflexiones y verdades que a menudo olvidamos o, simplemente, no nos planteamos en nuestro día a día cuajado de obligaciones y entretenimientos vacuos. Maldito otoño nos da una bofetada reconstituyente, una sacudida que nos ase por el corazón y nos coloca frente a un espejo, que sobre el escenario está compuesto por estas tres entidades, mujeres o metáforas de la brevedad de la vida.

Libros como este, obras como esta, requieren no una, sino múltiples lecturas para extraerles todo el jugo, como a esas uvas que las protagonistas de la obra se afanan en pisar, para aprovechar todo el elixir de la vida antes de que llegue el final del Maldito otoño y con él, el invierno infinito. Nos llevamos este libro a la isla desierta para no olvidar gozar de cada día como si fuese, que lo es, único.

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