‘Lady Tyger’, de Silvia Cruz Lapeña

Lady Tyger

Silvia Cruz Lapeña

Libros del K.O.

Madrid, 2020

101 páginas

 

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

Hija de la escasez, Lady Tyger, sobrenombre con el que Marian quiso darse a conocer en los cuadriláteros, representa la resiliencia social en todos los aspectos: en una época en la que el machismo se imponía al racismo, ella padecía ambos. Su objetivo era poder boxear, así, sin más, sólo competir como hacen los hombres y, ya en los años setenta del siglo pasado, también los hombres de color, Mohamed Ali o George Foreman. Viene de un mundo en el que es frecuente caer en la delincuencia y en el que algunos, como ella, ven en el boxeo la posibilidad de un trabajo honrado y de ser alguien. Jamás llegaría a tener gran nombre en el deporte y su lucha fraguó muchos años más tarde, cuando ella ya llevaba décadas retirada. La mujer que nos presenta Silvia Cruz Lapeña (Barcelona, 1978) vincula su biografía al movimiento de liberación de la mujer, de esas mujeres que, a mayores, lo único que tienen es el cuerpo, ni siquiera el color de la piel. “Es duro ser negro. ¿Has sido negro alguna vez? Yo fui negro en una ocasión, cuando era pobre”, dirá, por esa época, Larry Holmes, campeón de los pesos pesados.

Este perfil de perdedora, de digna perdedora, está escrito con muy buen oficio, y contiene, también, una carga de profundidad política: estamos en un Nueva York que ya es el centro del mundo, un resumen de la sociedad contemporánea, y contemplamos cómo se rige, cuáles son los principios que hacen de la polis un lugar de encuentro fracasado. Que Lady Tyger se pase la vida librando batallas, hasta llegar a la huelga de hambre, por conseguir una mera licencia federativa, habla de lo mucho que deja de desear la apertura social. Las leyes, efectivamente, no son iguales para todos. Pero la autora no sólo se centra en las batallas, sino también intenta rellenar ese deleznable hueco que hallamos en la historia: ¿quién las narró? Por entonces, nadie. Por el contrario, la carrera de Mohamed Ali, el anti-Lady Tyger, ha sido repetida y su ejemplo recomendadísimo. En buena medida, aparece aquí y allá en el libro para mostrar la divergencia, para mostrar que el sexismo es una inercia más difícil de superar que los complejos de raza.

Con este volumen Libros del K.O. da el pistoletazo de salida a una colección de perfiles largos, o biografías cortas, sobre personajes contradictorios, sobre aquellos que se ocultaron tras el volumen sonoro de los que ocuparon tanto espacio. Pero sin ellos, sin los conflictos humanos y sociales que van reflejando, nuestra condición humana sería mucho más pobre.

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