«Prostitución», la nueva propuesta de teatro documental de Andrés Lima

Por Ana Riera

Prostitución, la última propuesta de Andrés Lima, pocos meses después de haber ganado el Premio Nacional de Teatro, es un montaje audaz y distinto en el que, el autor y su equipo renuncian a escribir y opinar sobre ese tema tan controvertido y complejo, y dejan que sean ellas, las prostitutas, las que se suban al escenario y nos hablen a nosotros de su vida, de su realidad, de su día a día, de lo que sienten y lo que les preocupa y lo que sueñan. No hay texto propiamente dicho. Tan sólo transcripciones de conversaciones, de entrevistas, de audios. Tan sólo sus voces, sus gemidos, sus risas y sus llantos.

Andrés Lima, recurriendo una vez más al teatro documental que tan bien le funcionó en Shock (el cóndor y el puma), se salta todos los intermediarios y recurre a la fuente misma. Junto a su equipo, dedicó varios meses a entrevistar a prostitutas y chaperos. Visitaron el polígono Marconi, actualmente epicentro de la prostitución en la capital, varios clubs, algunas escorts de lujo, a una madame de Barcelona, la señora Rius. Y para que quedara constancia de todo, se llevaron a Carolina Cubillo, una periodista que conoce bien el tema y que fue la encargada de grabarlo todo.

A partir de ese rico material, Lima ha montado una obra en la que se entremezclan los testimonios recogidos durante esos meses con datos oficiales sobre la prostitución, el tráfico de personas, la esclavitud sexual y el proxenitismo; también aparece un interesante diálogo imaginario entre Virginie Despentes, escritora que había ejercido la profesión de prostituta  y que defiende la regulación de la prostitución; y Amelia Tiganus, una rumana que a los 17 años fue vendida a un proxeneta español por 300 euros, que logró salir de ese mundo y se hizo activista y escritora, y que defiende la abolición de esta profesión.

Si este osado experimento funciona es en gran medida gracias al fantástico trabajo de las tres actrices que lo protagonizan dando voz al colectivo. Por un lado, está la veteranía indiscutible de Carmen Machi. Portentosa su capacidad por hacer que el público pase en un segundo de la risa más hilarante y desenfadada a la congoja más descarnada y dura. Increíble su carácter camaleónico, que le permite encarnar con el mismo éxito distintos papeles, desde hacer de sí misma entrevistando a una prostituta, hasta ponerse en la piel de un travesti nicaragüense entrañable, pasando por la escritora Virginie Despentes o una prostituta que lleva ya muchos años ejerciendo la profesión y no acaba de entender las posturas más reivindicativas de algunas de sus compañeras más jóvenes.

La acompaña una admirable Nathalie Poza, que también encarna distintos papeles con mucha solvencia, entre ellos el de Ana María, una madre soltera con dos hijos a la que un hombre le ha hundido la vida, o el de Amelia Tiganus, una rumana a la que, tras ser violada con 14 años, la vida no dejó más camino que el de la prostitución.

Completa el elenco una fabulosa Carolina Yuste, que hace de Lucía, una chica que llegó a Barcelona con una beca para estudiar Derecho Laboral y que acabó prostituyéndose porque con el trabajo de camarera no le “llegaba ni pa pipas”. A pesar de su juventud, Yuste borda su papel de principio a fin, demostrando que es una actriz a tener muy en cuenta y a la que, seguro, le espera un largo recorrido.

El montaje se enriquece con la música en directo de Jaume Manresa, que interpreta al piano Laia Vallés.  Laia, además, se atreve también con un pequeño papel al final de la representación, haciendo una espléndida interpretación de Lukas, el chapero.

La escenografía de Beatriz San Juan juega con dos elementos: un contenedor de mercancías –qué apropiado, no son acaso las “putas” meras mercancías para muchos— que se transforma en prostíbulo; y una pasarela que se introduce literalmente en el patio de butacas borrando de un plumazo la barrera entre las prostitutas y el público, entre ellas y el resto. Pasarela que, además, recoge la esencia de la revista y el cabaret, que están muy presentes en la obra, sobre todo a través del personaje de Isabela.

Este espléndido montaje es tan real, rezuma tanta verdad, que por fuerza remueve por dentro haciendo que el público caiga en cosas en las que nunca había caído, consiguiendo que se plantee si las ideas que creía asentadas y bien fundamentadas lo están realmente, logrando que se haga nuevas preguntas, tal vez más acertadas. Ese es el objetivo de Prostitución, mover y remover al espectador para que se cuestione, se interese y se implique en un tema que, de un modo u otro, nos afecta a todos y todas.

TEATRO ESPAÑOL. HASTA El 23 DE FEBRERO 2020

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