Mágica sexualidad de García Lorca en «La leyenda del tiempo»

Por Horacio Otheguy Riveira

Gozos sin sombras en este homenaje al escritor granadino de sus primeros tiempos, de cuando ni siquiera bosquejaba sus obras maestras (Bodas de sangre, Yerma, La casa de Bernarda Alba…). Sin embargo, cuando escribe esta obra, en 1931, ya es poeta consagrado con el fabuloso Romancero gitano (1928), y el impactante, revelador de nuevas consignas, Poeta en Nueva York (1930). Es, de pronto y para el teatro, un García Lorca más Federico que será nunca en sus escasos 38 años de vida en los que demostró un talento excepcional. Tan joven, poeta y dramaturgo, feliz ante el advenimiento de la Segunda República, bien preparado para recorrer país con La Barraca y tomar contacto con gente que nunca vio teatro y abundaba el analfabetismo con mucha misa y exceso de procesiones. En esas que escribe la más personal de sus obras junto a El público, un año antes escrita y dejada inconclusa. Esta que nos ocupa está muy lejos y muy cerca de sus frustradas mujeres protagonistas del tormento femenino en España, liberando un devenir amoroso que se nutre de sexualidad entre cantos y situaciones surrealistas de teatro en el teatro.

Un joven va a casarse, pero no ahora, más adelante, cuando le estará permitido saborear por completo a su noviecita linda, no ahora, sí más adelante, Así que pasen cinco años, generando en su espera un subtítulo significativo: La leyenda del tiempo. Teatro en verso y prosa, musical y espléndido (Federico también tocaba el piano y escribía canciones) superpoblado de imágenes y delicias de sensualidad que ahora Carlota Ferrer y Darío Facal reescriben y dirigen para tornar explícito lo que aquel jubiloso Federico esbozó sin exponer, entonces tan restringida la exposición de la sexualidad.

El escenario de esta Leyenda del tiempo comunica estupendamente con el espíritu posible de la obra original, con su lúdica poética, a menudo salpicada de florituras infantiles, y supera en mucho todas las limitaciones estructurales, creando un hábitat donde hombres y mujeres intercambian sus papeles biológicos con gran brillantez, con alegría y mucho talento para que todo el cóctel teatral se deslice con armonía, sin desajuste alguno. Señores que se comportan como señoras, damas que simulan masculinidad,  juvenil vejez, fuga de sentimientos encontrados, encuentros mágicos del humor con el dolor en un universo propio donde los únicos ojos que lo ven todo son los amarillos de un gato negro… de atrezo.

En definitiva: una espléndida función donde se ha compuesto una puesta en escena muy elaborada con un reparto muy eficaz en conjunto, si bien destacan ampliamente las intérpretes femeninas en todos los papeles que juegan, hablando, cantando o bailando, acompañadas por varones que por momentos adquieren rasgos trans o simplemente se introducen con naturalidad en un campo travieso donde reina una sexualidad sin etiquetas.

 

Los temas fundamentales de la obra lorquiana, enmarcada dentro de su teatro bajo la arena o las comedias irrepresentables, se encuentran aquí con toda su potencia lírica. La libertad formal, tanto en prosa como en verso, el simbolismo onírico, el desdoblamiento del yo, el eco, los reflejos, el no paso del tiempo, hacen de esta obra una autobiografía de Federico que nos habla de su imposibilidad de ser padre, su imposible heterosexualidad, el amor no correspondido y sus deseos abortados. Nos hemos propuesto dialogar con el material como si de una sala de autopsias se tratara. (Carlota Ferrer y Darío Facal)

 

Yo vuelvo por mis alas,
¡dejadme volver!
Quiero morirme siendo amanecer,
quiero morirme siendo
ayer.
Yo vuelvo por mis alas,
¡dejadme tornar!
Quiero morirme siendo manantial,
quiero morirme fuera de la mar…

 

LA LEYENDA DEL TIEMPO

Dirección y dramaturgia: Carlota Ferrer y Darío Facal, a partir de Así que pasen cinco años de Federico García Lorca

Intérpretes: Diego Cabarcos, Carmen Climent, Conchi Espejo, Joaquín Fernández, Tony Galán, Selam Ortega y Alicia P. Mántaras

Dirección de producción: Jordi Buxó y Aitor Tejada

Producción ejecutiva: Pablo Ramos Escola

Producción: Víctor Hernández

Escenografía: María de Prado

Vestuario y coreografía: Carlota Ferrer

Iluminación: David Picazo

Diseño sonoro: Álvaro Delgado

Ayudante de dirección: Enrique Sastre

Una producción de Corral de Comedias de Alcalá de Henares y El Pavón Teatro Kamikaze

Madrid, El Pavón Teatro Kamikaze hasta el 8 de marzo 2020

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