Bliss (2019), de Joe Begos – Crítica

Por José Luis Muñoz.

Bliss o la obsesión creativa, o el delirio creacional de Joe Begos (Rhode Island, 1987), un director de cine independiente cuyos films anteriores, VFW, Poder mental y Casi humanos se inscriben dentro del cine fantástico y se caracterizan por una imaginación desbordante que suple la falta de medios.

Una pintora rebelde, Dezy (Madison Burge en un papel muy físico en su más amplia acepción), que tiene un estudio en las afueras de Los Angeles y está en guerra con su marchante y su entorno, empieza una mañana, tras una delirante orgía sexual a tres con el sofisticado Ronnie (Rhis Wakefield) y la rubia novia de éste (Susan Slaugther), con una extraña droga de por medio, a pintar lo que cree va a ser su obra maestra. El cuadro son solo unos cuantos trazos rojos y es de grandes dimensiones y se convierte en una obsesión. La droga que le ha proporcionado su camello es adictiva, le abre su apetito sexual y carnívoro, y necesita más dosis. En medio de sus delirios lisérgicos, en los que pierde el control y de los que no se acuerda de nada luego, se transforma en una especie de vampiro satánico que va asesinando y desangrando a todo ser humano que se tropiece con ella, aunque sea su medio novio Clive (Jeremy Gardner). Y con esa sangre, vertida a borbotones, va completando ese obsesivo cuadro hasta su culminación.

Joe Begos, con una cámara compulsiva, pocos medios, una lluvia de destellos, que no hacen apta la película para epilépticos, y un montaje frenético que se salta todas las normas narrativas del cine, mezclando cine de vampiros y el más hiperbólico cine gore con cubos de hemoglobina e hígados desparramados a gogó, construye esta fábula punk que en realidad es una alegoría del proceso creativo durante el cual el artista fagocita todo lo que hay a su alrededor, lo canibaliza (en el film esa canibalización es real), para incorporarlo a la obra que está creando.

Bliss, en inglés felicidad, es cinema punk, desmesurado, con una banda sonora cañera de Steve Moore, una fotografía sucia y muy saturada de Mike Testin y un montaje frenético que resulta hipnótico. El espectador valiente que se atreva a visionar esta película habrá hecho una especie de viaje lisérgico y se preguntará qué se estuvo metiendo Joe Begos durante el rodaje. Bliss, que no es muy diferente de Mother de Darren Arofnofsky, es una propuesta muy radical, con unas enorme fuerza visual y escenas (la orgía) extraordinariamente bien filmadas con los escasos medios de un cine completamente independiente. Mucho más que un film de terror.

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