Maestros del teatro iluminan los «Naufragios de Álvar Núñez»

Por Horacio Otheguy Riveira

Episodios de la Historia de la Conquista Española pululan por debates y permanentes ediciones a favor y en contra, con su sobrecarga de leyenda y de contrainformación, como si surgiera, año tras año, con el vigor de espías que van perdiendo fuelle a medida que dan su versión. Hoy, que abunda el revisionismo de la llamada «Leyenda negra», bienvenida resulta esta exploración ideológica a través de las artes escénicas donde el maestro José Sanchis Sinisterra encuentra vasos comunicantes entre el pasado y el presente, y hace de algunas claves de aquel convulso siglo XVI un recorrido en el que hombres desprovistos de ideas, bien pertrechados de una hambruna muy española, se enfrentan a otra cultura con la violencia y la arrogancia de un gobernador como Pánfilo Narváez y la avidez de conocimiento de Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

Se presentan muy acertados anacronismos en el cruce de épocas que, en manos de la fantástica puesta en escena de Magüi Mira, se articulan con mucha sutileza, sin otra ambición que la de animarnos a fortalecer nuestra imaginación, a la par de la del gran escritor que ha puesto situaciones dramáticas, diálogos brillantes, personajes apasionantes.

Naufragios de Álvar Núñez ofrece una mirada contemporánea sobre la barbarie histórica, desde el punto de vista ideológico y escénico. La unión de Sanchis Sinisterra con Magüi Mira aporta mucho a un trayecto que parte del poético concepto del hombre que no puede vivir porque es presa de sueños con los peores episodios de su existencia.

Cuando sabemos que aquel pasado está relacionado con la conquista, es cuando lo histórico convive con acontecimientos atemporales: el frenesí actual de Álvar Núñez (Jesús Noguero), o con un hombrón de pelo en pecho que canta la copla «Soy de España»; el absurdo de Narváez (Pepón Nieto) que no puede bajar solo de un gran caballo de madera, y la carnal seducción de la india Shila (Karina Garantivá) que se encuentra a años luz de la fría belleza de la burguesa Mariana (Clara Sanchis): el pasado y el presente, españoles hambrientos en tierras extrañas y hoy ridículamente amenazados cuando aquellos a los que adoctrinaron entran en España, portadores de la misma lengua y de solidarias manos tendidas.

Alejado de todo objetivo discursivo y aleccionador, Naufragios habita el gran escenario del Teatro María Guerrero como una extraordinaria obra que une la historia con la ficción en dos horas de un espectáculo a la vez fascinante y muy reflexivo, proponiéndonos complicidad con un grito estremecedor. Un grito mudo que reclama justicia.

El frustrado talento de Álvar Núñez adquiere una nueva dimensión en el texto de Sanchis Sinisterra que con Jesús Noguero estremece en un permanente viaje exterior-interior por donde la Historia es capaz de decir una última palabra que es el comienzo de otra aún más interesante. En la foto, también las caras visibles de dos estupendos actores: David Lorente y Rulo Pardo.

La vibrante experiencia de Álvar Núñez como prisionero, esclavo y luego libre hechicero se completa con un gran amor del que le obligarán a separarse. Ella es la indígena Shila, interpretada por Karina Garantivá con la misma intensidad de un ensueño hasta que se convierte en una pesadilla ininterrumpida.

Una impactante secuencia de acción con notable influencia pictórica, dentro de un gran espectáculo con logrado despliegue de romanticismo, humor, desesperación y apuntes reflexivos.

Todo el reparto participa de manera coral con impecable energía; algunos personajes destacan de manera sobresaliente, y para ello cuentan con notables interpretaciones. Así, Clara Sanchis en un personaje terrible, la esposa de Álvar Núñez, Mariana, prototipo de pija altiva, sobrada de sí misma. La actriz no puede tornarla más odiosa ni menos, pero convence que tenemos que seguirla en su cotidianidad y sus momentos irreales; con sus movimientos cadenciosos, y maneras tan delicadas de vocalizar la indiferencia por el dolor ajeno construye un ser del que no podemos desprendernos, pues en su perfil habita la razón de ser de la clase dominante a la que pertenece. En el otro extremo, Jorge Basanta es un magrebí en tierras doblemente extrañas: la de España y la de aquella América. Navega por la historia como un buen servidor y luego un hombre desolado que tendrá en sus manos la puerta del enigmático final de la representación, a manera de epílogo genial en el texto y no menos glorioso en la puesta en escena.

 

 

Naufragios de Álvar Núñez (1991) junto con Crímenes y locuras del traidor Lope de Aguirre (1986) y El retablo de El Dorado (1984), constituyen la denominada Trilogía americana de José Sanchis Sinisterra. Según la edición de Virtudes Serrano para Cátedra (Colección Letras Hispánicas) …las tres reflexionan sobre lo ocurrido durante la conquista americana, sobre la acción del poder y sus víctimas, sobre el conflicto de la alteridad y el mestizaje, sobre la pervivencia de esos y otros abusos y de la cerril intolerancia. Cada uno de sus protagonistas encarna una faceta de la conflictiva realidad que se produce cuando un pueblo somete por la fuerza a otro.

 

Intérpretes: Nanda Abella, Pedro Almagro, Jorge Basanta, Olga Díaz, Karina Garantivá, Cruz García, Alberto Gómez Taboada, Lula Guedes, David Lorente, Pepón Nieto, Jesús Noguero, Rulo Pardo, Kike del Río, Muriel Sánchez, Clara Sanchis, Antonio Sansano.

Texto: José Sanchis Sinisterra, a partir del relato autobiográfico de Álvar Núñez Cabeza de Vaca de 1542.

Versión y dirección: Magüi Mira 

Escenografía: Curt Allen Wilmer y Leticia Gañán 

Iluminación: José Manuel Guerra 

Vestuario: Gabriela Salaverri

Caracterización: Moisés Echevarría

Movimiento escénico: María Mesas 

Música: Jordi Francés 

Ayudante de dirección: Dani Llull 

Ayudante de escenografía: Laura Ordás 

Ayudante de vestuario: Mónica Teijeiro 

Ayudante de iluminación: Sergio Balsera

Producción Centro Dramático Nacional.

TEATRO MARÍA GUERRERO HASTA EL 29 DE MARZO 2020

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