‘Jude el oscuro’, de Thomas Hardy

DAVID PÉREZ.

Editorial: Alba,

Traducción: F. Torres Oliver

El nombre de Thomas Hardy (Higher BockhamptonStinsford, Inglaterra, 1840 – Max Gate, 1928) tal vez ha sonado menos en España que el de otros grandes autores del siglo XIX inglés, como Charles Dickens, Jane Austen o George Eliot. Diría que yo me empecé a fijar en él al ver sus libros en mi admirada editorial Alba. Recuerdo que hace años casi compré en la Cuesta de Moyano de Madrid la edición de tapa dura de El alcalde de Casterbridge por 5 euros y al final me contuve. Ahora mismo pienso que no debía haberlo hecho. Se acercaba diciembre de 2020 y me apetecía leer un clásico, así que le pedí prestada a mi suegra la novela Jude el oscuro, que si no recuerdo mal yo mismo le recomendé a mi mujer que le regalara porque, conociendo sus gustos, imaginé que le podría interesar. Además esta novela aparece en una lista que suelo consultar: Las 25 mejores novelas británicas, encargada por la BBC a 82 críticos no británicos.

Como me acercaba a una novela del siglo XIX, estaba preparado para un comienzo en el que el autor empezara a describir una ciudad o una época ‒como ocurre, por ejemplo, en Rojo y negro de Stendhal‒, pero esto no pasa en Jude el oscuro. En la primera página de su novela, Hardy nos introduce de forma directa al niño Jude, que va a ser su personaje principal, en el momento en el que está a punto de sufrir una pérdida importante: el maestro de Marygreen, la aldea en la que vive, y por quien siente un gran afecto, se traslada a la ciudad de Christminster, porque allí quiere acudir a la universidad y convertirse en una hombre respetado. Así que ya desde el principio, he tenido la sensación de que Jude el oscuro es una novela más moderna en su construcción que otros clásicos del siglo XIX. En realidad está publicada en 1895, ya casi, por tanto, en el siglo XX, y prácticamente ha desaparecido en ella el narrador clásico del siglo XIX, que sigue siendo omnisciente, pero que ya no interviene de un modo directo en la narración.

Jude es un niño de once años, huérfano de padre y madre, que vive con una tía abuela panadera. Tras la partida del maestro, Jude empezará a obsesionarse con Christminster y la idea de convertirse él mismo en un erudito. Así que comenzará a aprender por sí mismo latín y griego, con la idea de en unos años poder trasladarse a Christminster y acudir a la universidad.

Para esta novela y otras, Hardy creó el condado de Wessex, que sería un trasunto de una Inglaterra rural cercana a Londres, donde sitúa a la noble ciudad universitaria de Christminster, que sería una trasposición, poco disimilada, del Oxford real. En la página 30, Hardy nos habla de la sensibilidad de Jude, un niño que «jamás había llevado a casa un nido de pajarillos recién nacidos» y que «apenas podía soportar el espectáculo de los árboles derribados o cortados», un niño «que pertenecía a esa clase de hombres que nacen para el sufrimiento hasta el día en que caiga el telón sobre sus vidas inútiles, devolviéndoles definitivamente la paz.» Diría que en estas frases, de uno de los primeros capítulos, está ya contenida toda la esencia de la novela. El comienzo de la historia, con este Jude huérfano que tiene que ayudar a su tía abuela, y que vive muy lejos de sus sueños de poder ser un universitario, nos puede recordar al comienzo de David Copperfield (1850) de Charles Dickens. Es muy posible que Dickens sea una de las grandes influencias de Hardy, pero añadiría también que Dickens es un autor más piadoso con sus personajes, y cuya mirada es más humorística. Hardy hace muchas menos concesiones que él hacia sus criaturas.

En un prefacio que antecede a la novela, escrito por el propio Hardy, en 1895 y 1912, nos contará que Jude el oscuro llegó a causar un pequeño revuelo en la Gran Bretaña de la época, recibiendo malas críticas a un lado y otro del Atlántico, y que incluso un obispo llegó a quemarla en público «seguramente en un arrebato de desesperación, al no poder quemarme a mí». Esto es debido principalmente a que Hardy se muestra muy crítico con uno de los pilares sociales más importantes de su época: el matrimonio, una institución que para Hardy solo debería ser «el enunciado de una ley natural».

Jude el oscuro es una novela naturalista, y por tanto sus personajes se verán dominados por fuerzas de la naturaleza que no pueden controlar. De este modo, Jude sucumbirá a su deseo sexual (y también a su sentido del decoro), casándose con Arabella, y tendrá que dejar momentáneamente de lado sus sueños de convertirse en universitario. Por su parte, Sue ‒prima de Jude‒ se casará con un maestro de escuela mayor que ella, con quien, poco después, no querrá convivir como mujer.

En realidad, son Jude y Sue quienes tenían que haberse casado el uno con el otro y no ser infelices en sus respectivos matrimonios.

En la época en la que se desarrolla la novela, el divorcio es legal en Inglaterra, pero, aun así, no será fácil para los personajes hacerlo y comenzar de nuevo. Por ejemplo, el maestro con el que Sue se ha casado le permite a ella abandonar su casa cuando le confiesa que no está enamorada de él y que es infeliz en su matrimonio. El maestro hace lo que considera más justo y decente y la deja marchar. Este comportamiento será reprobado en el pueblo en el que trabaja, porque sus convecinos considerarán que debería haberla retenido en casa, y hará que pierda su trabajo, teniendo a partir de entonces serios problemas para volver a trabajar o a hacerlo por el salario que le correspondería.

La crítica que hace Thomas Hardy a la hipocresía social de su época es demoledora, y no todos sus palos caen sobre la institución del matrimonio, ya que en gran medida el mundo académico tampoco sale muy bien parado en esta novela. Christminster (u Oxford), «ciudad de privilegios», será tan solo un elitista mundo del dinero, conservador, y que no aprecia el verdadero esfuerzo o interés por el conocimiento.

Uno de los personajes más interesantes de la novela es Sue, que en gran medida tiene ideas adelantadas a su época, y se comporta como una feminista. «Su filosofía solo reconoce un tipo de relación basada en el instinto animal», le dirá Sue a Jude, hablando de la imposibilidad de que la gente que les rodea llegue a pensar que un hombre y una mujer pueden mantener tan solo una relación de amistad.

En gran medida, gran parte de los conflictos que van a tener lugar en Jude el oscuro se deben (aunque esto nunca se llega a exponer de forma explícita en la novela) a que Sue es una mujer asexual, que siente miedo ante los compromisos que puede adquirir en un verdadero matrimonio. Si en algún momento he tenido la sensación de que Jude el oscuro nos podía remitir al amor romántico y maldito de Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, más bien he terminado por pensar que, además de Dickens, otra de las influencias más claras para Hardy en este libro es la de Fiódor Dostoyevski. El tormento interior de Sue (y también de Jude) es puramente el de un personaje desesperado de Dostoyevski.

Cuando faltan justo cien páginas para que la novela acabe, Hardy dibuja en su libro una de las escenas más espeluznantes y crueles que he leído nunca, y que hacen que el tramo final de la novela sea duro de escalar tanto para los personajes como para el lector.

Jude el oscuro ha terminado por ser para mí una de las mejores lecturas de este año ‒o simplemente de los últimos tiempos‒: Tengo que volver a Thomas Hardy, el más ruso de los escritores británicos, el Dostoyevski del Támesis.

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