Lo último que se pierde…

«La esperanza hace que el náufrago agite sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado» Ovidio

 

Por: Walter Gonzalves

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La esperanza: ¿Empuje o dilación? ¿Placebo del presente? … no importa en que época usted lea esto estimado lector, la siguiente frase: “Ante un mundo siempre convulsionado por los conflictos mas diversos, surge insoslayablemente el tema de la esperanza” siempre estará vigente, pues somos espectadores -y cuando no participes- de los conflictos más heterogéneos, hoy podemos ver sin mayor esfuerzo el tema “pandemia”, hasta conflictos políticos/militares/económicos más diversos que se están produciendo o figuran como amenaza latente en un futuro no muy lejano. La esperanza y su contraparte lo habitan todo.   

Antes de ingresar en este tópico debemos poner sobre la mesa algo que ya usted intuye, sobre la esperanza suele haber dos aspectos muy marcados, aquellos para quienes es algo positivo, motor de cambio, sueño impulsor, incentivo del presente para construcción del porvenir y para aquellos que la esperanza es el gran mal de la humanidad, no en vano estos últimos nos recuerdan el mito griego de la caja de pandora, caja que albergaba todos los males, que en un momento de curiosidad para saber de su contenido se abrió liberando todos los males, enfermedades y pestes que aquejan a la humanidad, excepto la esperanza. Aquellos que simpatizan con esta segunda postura sostienen que este mito nos ilusiona, pues para ellos la caja quedo vacía de todo contenido y este último mal vaga entre nosotros.  

No es sorpresa para nosotros que un tema tan álgido como este ha desvelado a poetas y filósofos de todas las épocas, los cuales lucharon por intentar atrapar el escurridizo significado de la esperanza, en Proverbios y Cantares, Antonio Machado expresa “El que espera desespera, /dice la voz popular./ ¡Que verdad tan verdadera!/ La verdad es lo que es,/y sigue siendo verdad/ aunque se piense al revés”, por su parte Aristóteles de visión optimista sostenía que “la esperanza es el sueño del hombre despierto”, en contraposición Nietzsche sostenía que “La esperanza es el peor de todos los males, pues prolonga el tormento del hombre”

Etimológicamente, como resulta previsible -la tentación es escribir “dado a esperar”- la esperanza tiene origen en el vocablo latino sperare tener esperanza – del que se desprende spes, ahora sí, “esperanza”. De este modo vemos que no implica una acción tanto como la promesa de una acción. Cuando alguien espera a una persona, es porque tiene la esperanza de que llegará. Al perder esa esperanza, se va. No espera más. Todo queda así en una amarga ilusión. Como podemos apreciar, la esperanza no viene sola: la ilusión, la alegría, la decepción, el dolor, la desesperación, la espera pasiva y activa. El sujeto plantea la esperanza como algo positivo, alineado con sus expectativas y cuando esta se concreta su impacto no es tan poderoso, pues ya esperaba que fuera tal como sucedió, lo contrario ocurre y es mas patente para el esperanzado cuando se le niega lo deseado.      

De acuerdo a esto, la esperanza posee un intimo vinculo con la decepción. Una y otra forman las caras de una misma moneda y el giro inesperado en el aire puede determinar una u otra. Nos movemos en un mundo donde todo parece conspirar contra la larga duración, contra proyectos distendidos en el tiempo, no podemos contar con la seguridad de vínculos duraderos o identidades imperecederas. Como menciona el escritor Christian Kupchik, saberes que ayer creímos definidos hoy se vuelven dudosos y relaciones que creíamos inquebrantables ante cualquier adversidad observamos que se resquebrajan con la menor brisa. Acaecida la decepción, brota nuevamente la esperanza de que al otro lado de la puerta un nuevo deseo nos permita seguir creyendo. Hacia allá vamos. Lo que impulsa al nómada de la decepción, es que en el próximo lugar, aun desconocido, aun mientras levanta los fragmentos de su sueño roto, se muestre libre de las desdichas y frustraciones vividas.  

El autor Ernst Bloch, entre los años 1938 y 1947, escribió la que sería su obra cumbre El Principio Esperanza, esta obra se compone de tres tomos e incluyen ensayos que responden a temas variados: religión, política, arte, guerras, sociedad. Siendo este autor alemán y habiendo escrito su obra en plena Segunda Guerra Mundial, puede sonar extraño que la palabra que lo articula todo sea precisamente “Esperanza”.

Bloch se propone recuperar la idea de utopía como ideal humano, tanto a nivel individual como social, dice el autor: “La mayoría de los hombres son demasiado cobardes para el mal y demasiados débiles para el bien”. Lo que queda es esa gris mediocridad que se impone desde el poder… una mediocridad acomodaticia, ávida de consensos para que nada cambie y en procura de una ética mezquina suficiente para regular las normas de convivencia. Lo curioso del deseo como función de la esperanza es que también incluye lo que ni siquiera podemos cambiar, por ejemplo que mañana haga buen tiempo. El autor ratifica diciendo: solo somos deseo. Y en el deseo habita la esperanza.

Bloch cita a Goethe (Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister) para indicar que “Los deseo son presentimientos de las capacidades que anidan en nosotros, precursores de aquello que seremos un día capaces de realizar”. A veces, el deseo ni siquiera se parece al deseo que se alcanza, el escritor pone de ejemplo al rey Menelao, cuando sale en busca de Helena de Troya. El comentario original aparece en una obra de Eurípides, al encontrar a Helena esta le dice que la que está en Troya es una especie de aparición o fantasma y que la verdadera es ella, la que tiene ante si en Egipto, frente a él. Menelao no se conforma. La conclusión: en ciertas ocasiones agotado u obtenido lo deseado, pierde su encanto, agota el impulso, lo cual no es óbice que no sigamos deseando.

La esperanza implica fe en que el futuro deseado se encarnara y esta tensión entre dos mundos: el real, objetivo y el soñado o esperado produce dolor, ansiedad. Ante esto ciertas tradiciones culturales aconsejan no alimentar la ilusión, para analizar esto veamos como una frase cambia de significado, de tonalidad de acuerdo al punto de vista cambia de tonalidad. Todos recordaran hablando del tema que nos convoca La Divina Comedia que reza: Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate («Abandonar toda esperanza, quienes aquí entráis») esta es la inscripción que encuentra Dante Alighieri en la puerta del infierno al iniciar su viaje. Como lectores al acudir a esta escena entendemos que en no hay retorno, redención o salvación posible, todo esta perdido y es imposible oponerse al mandato de los tormentos que habitan en el inframundo. Ahora, bien si leemos la misma frase “Abandonar toda esperanza” desde el Budismo Zen, entendemos que se no debemos estar situados sino en el aquí y el ahora. La esperanza es una ilusión, una distracción, algo que nos aleja del “aquí y ahora” en el que debemos estar para poder hacer, trabajar y modificar con nuestro accionar en las medidas de las posibilidades reales y concretas. Sin embargo en este ultimo aspecto no se debe mal interpretar, para el Budismo Zen lo esencial es no aferrarse a las ilusiones y esperanzas. El monje Kyonin – Budista de la tradición Soto Zen- dice “En budismo, sobre todo en zen, sabemos que la esperanza y las ilusiones son muy peligrosas. Son el resultado de rechazar las cosas como son, y abrazar realidades alternas que únicamente suceden en la mente.  Estas realidades son tan perfectas y atractivas que es casi imposible no apegarse a ellas … En la imaginación nadie ha muerto, el amor es eterno y perfecto y algunos hasta llegan a dirigir una nación.”

Bloch marca un camino contrario a la renuncia. La esperanza seria la esencia de la condición humana, pero no habría que verla como esencia negativa, sino como algo que abre nuevos horizontes. El autor alemán considera que el ser humano es “ese ser fabuloso que vuela hacia su única casa: el futuro”, es decir, se dirige decidido hacia lo que ahora no es.

Para autores como Kierkegaard la ausencia de esperanza es una “enfermedad mortal”: el que renuncia a la esperanza se hunde en la desesperación ¿Se la puede entonces desechar? Y es que el tema esencia en la esperanza es el tiempo, es decir “la espera”. Sobre este tema hay una novela que podríamos catalogar como esencial y que hace relativamente poco tiempo fue llevada al cine, esta novela es “Zama” del escritor Antonio Di Benedetto, esta novela revuelve la esperanza y finalmente opta por otra figura, más oscura: la espera.

Ya en la primera página, Di Benedetto nos sacude sin piedad, la frase es una dedicatoria ferozmente humana “A las víctimas de la espera”, la novela posee un tono único, aquí un fragmento para su apreciación:

Salí de la ciudad, ribera abajo, al encuentro solitario del barco que aguardaba, sin saber cuándo vendría. Llegué hasta el muelle viejo, esa construcción inexplicable, puesto que la ciudad y su puerto siempre estuvieron dónde están, un cuarto de legua arriba. Entreverada entre sus palos, se manea la porción de agua del río que entre ellos recae. Con su pequeña ola y sus remolinos, sin salida, iba y venía, con precisión, un mono muerto, todavía completo y no descompuesto. El agua, ante el bosque, fue siempre una invitación al viaje, que él no hizo hasta no ser mono, sino cadáver de mono. El agua quería llevárselo y lo llevaba, pero se le enredó entre los palos del muelle decrépito y ahí estaba él, por irse y no, y ahí estábamos. Ahí estábamos, por irnos y no.

A lo largo de la novela Diego de Zama espera: espera un barco con noticias de su familia, espera su traslado a tierras mas promisorias, espera las monedas de un sueldo demorado, espera una recomendación, espera volver a ser, sin llegar a haber sido… “Yo esperaba ser yo en el futuro, mediante lo que pudiera ser en ese futuro. Tal vez creía serlo ya y vivir en función de esa imagen que me aguardaba adelante. Tal vez ese Zama que pretendía parecerse al Zama venidero se asentaba en el Zama que fue, copiándolo, somo si arriesgara, medroso, interrumpir algo.”. Como señalo Augusto Roa Bastos, la novela avanza con este personaje empantanado en su propia existencia, sin convencerse del todo de nada, pero jugando la carta de la esperanza como estrategia para soportar la espera.

La esperanza es un concepto necesariamente ligado al futuro y, por lo tanto, eminentemente humano, lo hemos visto en el recorrido de este escrito, sin embargo ¿Cuál es el discurso que predomina actualmente? No podemos caer en la inocencia de no hacer notar que cierto discurso positivo de la esperanza es utilizado con fines mezquinos y oportunistas, esto puede hallarse en muchos discursos políticos hábilmente construidos en donde se lucra con el término que busca, como la mayoría en el marketing político, exaltar las emociones de los votantes. Ya en el 2003 el sociólogo Zygmunt Bauman afirmaba que vivimos en un mundo donde, en vez del discurso de la esperanza, domina el discurso del miedo.

Quizá el más famoso de esta tendencia retórica -como menciona Emilia Simison– y de sus implicancias en términos de expectativas y de cambio, sea el de Barack Obama durante la campaña del año 2007 retomo la idea de la “feroz urgencia del ahora” de Martin Luther King Jr. para diferenciarse de la política del “miedo y del cinismo”. Esta idea, que fue consolidándose como uno de los principales pilares de su campaña, también se encuentra presente en su libro “La audacia de la esperanza” publicado en el año 2006, donde critica el cinismo generado en la sociedad por las promesas rotas. Obama fue el que pudo capitalizar ese discurso a lo largo de su campaña con un mensaje explicito de esperanza. De hecho una de las imágenes mas famosas de la campaña haya sido el afiche “Hope” diseñado por el artista Shepard Fairey. Desde el momento de su elección Obama empezó a desilusionar (la conformación de su Gabinete, el fracaso de cerrar Guantánamo, la deportación de inmigrantes, ataques aéreos en áreas civiles…) Tal como afirma Nikhil Pal Singh esta desilusión fue particularmente fuerte entre los votantes jóvenes. Finalizado su periodo de gobierno, Sarah Jaffe fue invitada a reflexionar sobre el legado de Obama, ella rescata la activación política de las generaciones más jóvenes que reconocieron que, de existir un cambio, debe venir de ellos. Como diría Paulo Freire “prescindir de la esperanza en la lucha por cambiar el mundo, como si la lucha pudiera reducirse exclusivamente a actos calculados, a pura cientificidad, es pura ilusión”.

En tiempos más actuales resuenan las palabras del filosofo y escritor Santiago Kovadloff y a su propuesta de hombre esperanzado «El hombre esperanzado … busca con decisión abrirse un espacio provechoso en su presente, sin que para ello lo decisivo sea contar con la certeza de un porvenir redentor. Su fortaleza tiene por asiento una muy íntima convicción: la que le dice que la dignidad que da sentido a su vida consiste en la templanza con que sepa hacer frente a cuanto lo acosa y busca quebrantarlo. En esa dignidad se reconoce. Ella es, a la vez, su herramienta primordial. La existencia, para él, es insistencia en el cumplimiento de esa convicción.» La esperanza se funda en una convicción: la que dice que la adversidad, por más que hoy pretenda paralizarnos y nos dañe, no tiene ni tendrá la última palabra.

Luego de todo este recorrido sobre la esperanza, su espera, su concreción o frustración, podríamos citar a Maurice Maeterlinck quien dijo “La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo”.

¡Hasta el próximo domingo!

 

¿Qué piensas de la esperanza? ¿Hay algún autor que ha hablado sobre ella y ha llamado tu atención?

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