Comienza una nueva etapa en El Marcapáginas: 23 años ya por las radios españolas

Horacio Otheguy Riveira.

El teatro, los libros, la música… están de enhorabuena: no son meros indicativos culturales, sino auténticos países, cuyos ríos y montañas los conforman nombres y apellidos de creadores que hacen de su vida permanentes búsquedas. Hallazgos, en fin, que trascienden el día a día, los torbellinos omnipresentes de la economía y la política, la buena y la mala sociedad. Emblemáticos y sublimes, luchadores a pie de calle, han estado y seguirán presentes en el arte de la conversación asumido por David Felipe Arranz, compañero de viaje de todo acontecer cultural con ambición de perdurar.

He aquí su ya larga historia, accidentada y maravillosa historia protagonizada por un periodista que confía en su proyecto y consigue navegar con él por muchos traspiés, tormentas y no pocas traiciones (que no comenta) y sólidos apoyos (que sí divulga).

Un longevo periplo cultural de 23 años por las radios españolas

La historia de “El Marcapáginas” arranca en septiembre de 2000, con las primeras emisiones de Radio Círculo, del Círculo de Bellas Artes. El entonces director de la institución y después ministro de Cultura durante el Gobierno de Zapatero, César Antonio Molina, acababa de montar una emisora exclusivamente cultural de alcance solo madrileño. David Felipe Arranz, nada más terminar sus estudios de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, presentó el proyecto del programa, que en germen era una tertulia cultural sin estructura –una tertulia de libros– que Molina emplazó para las noches de los martes y que se repetía a las diez de la mañana del día siguiente.

El periodista vallisoletano recuerda con cariño aquellos inicios:

“Fue mi primera oportunidad profesional de verdad; aunque venía de producir contenidos radiofónicos en el programa ‘La Espuela’ con Julián Lago de la extinta Radio España, verdaderamente el bautizo en el oficio fue en Radio Círculo y sin flotador. Lago, además de mi querido tío, fue un gran maestro: nada se le resistía, ni el periodismo en papel, ni la radio, ni la televisión. Aprendí de él muchas cosas y el sentido lúdico del oficio. En agosto de 2009 perdimos en un trágico accidente en Paraguay a uno de los grandes, y se me partió el alma, pero Julián me acompaña cada día y me sigue dando consejos, porque era un hombre independiente, sabio y muy divertido”. Nada más proponer el programa a César Antonio Molina, las emisiones comenzaron a renglón seguido, a la semana siguiente, y tuve que reunir rápidamente a un equipo de tertulianos, pensar en las secciones, preparar la revista de prensa, conectar con los suplementos culturales e informarme de las listas de los más vendidos. Yo acababa de terminar Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y aquello fue un verdadero regalo; además, las vistas desde la quinta planta del edificio eran extraordinarias y cuando se metía el sol, entraba a través de los enormes ventanales de la pecera, imprimiendo al programa un carácter poético inenarrable”.

Las reuniones preparatorias se celebraban en el propio despacho del director del Círculo, que cada semana convocaba a grandes talentos y nombres de la cultura: “Con 25 años conocí a Ignacio Amestoy, Antonio Huerga, José Manuel Cuesta Abad, Ángel García Galiano y otros primeros espadas; fue un aprendizaje constante. Por supuesto, todos abandonaron el barco del programa rápidamente –alguno ni llegó a sentarse– y me las vi solo para sacarlo adelante: una hora semanal era mucho compromiso y cada uno tenía que atender sus responsabilidades, y con alguno de ellos he seguido manteniendo una fuerte amistad”, rememora Arranz con una sonrisa.

Con la partida de César Antonio Molina al Instituto Cervantes, su sucesor en el Círculo, Juan Barja, decidió retirar el programa de la parrilla en enero de 2005, un bache que Arranz sorteó incorporando el espacio a la recién creada radio digital Radio Cervantes, cuyas emisiones, de carácter irregular, terminaron también con la marcha de Molina al Ministerio de Cultura. “Grabábamos el programa en la Escuela de Teatro de la actriz Cristina Marsillach. Fue muy amable y guardo muy buenos recuerdos. Compré un equipo de radio portátil que llevaba conmigo a las grabaciones, en una gran maleta con ruedas –todavía lo conservo– y aquello era una fiesta de amigos y de la cultura, una forma de continuar con lo iniciado”.

En 2010, Radio Inter fichó “El Marcapáginas” para su parrilla nacional, una apuesta seria por la cultura: “fue casi milagroso, yo colaboraba como contertulio por aquel entonces en la mítica Radio Intercontinental, una de las emisoras más longevas de la historia, en algunos programas consagrados como ‘Horizonte’ con Carmen Salas o ‘El color de la tarde’ con María José Bosch, y un día me encontré con el director de programación, Matías Varas, que me ofreció entrar en la programación porque había escuchado hablar muy bien del programa. No lo dudé un instante y el espacio entró a jugar en la liga de las radios privadas, de alcance nacional y con cuenta de resultados”. Gustó tanto que de una hora inicial pronto se amplió a hora y media, todos los viernes, de 0:00 a 1:30 a.m. y en riguroso directo. “La parte más apasionante de esta etapa es que los invitados querían seguir con nosotros y nos íbamos después a seguir con el debate a la mítica cafetería Las Bridas, que terminaba por invitarnos a irnos con mucha elegancia y paciencia a las 4 o incluso 5 de la mañana, cuando Madrid no echaba el cierre nocturnal. Nos reservaban los butacones del fondo y allí el periodista y escritor Alberto Vázquez Figueroa, por ejemplo, o el dramaturgo Fermín Cabal nos hacían revelaciones aún más sorprendentes”.

Esto se produjo hasta su sustitución en Radio Inter por un espacio de salud patrocinado, lo que llevó a su incorporación en septiembre de 2012 a Gestiona Radio de la mano de Borja Nocito –que cerró en 2018 tras nueve años de historia–, donde se emitió durante cuatro temporadas –“tengo muy buenos recuerdos de los compañeros allí y de Borja, siempre tan amable”–; después, en enero de 2016, a Capital Radio, emisora que quiso que Arranz dirigiese nada menos que tres horas en directo ininterrumpidas durante 5 años en un magacín de gran formato la noche de los viernes, de 20:00 a 23:00 –lo que le valió a Arranz la Antena de Plata 2018 al espacio y un desgaste personal, complicado en el último tramo por el coronavirus–; y ya, en febrero de 2021, a Radio Intereconomía, donde actualmente se emite todos los sábados, de 13:00 a 14:00, en emisión nacional, una etapa en la que David Felipe Arranz ha sido reconocido recientemente con el Premio a la Bibliodiversidad 2023.

David Felipe Arranz, un todoterreno para el que todo periplo cultural es una emocionante aventura. Gran conversador que crea una atmósfera de la que ningún entrevistado quiere irse. Cada teatro, cada libro… conforman “historias que deben ser contadas con lujo de detalles”.
Beatriz Argüello, bailarina-actriz-directora, inolvidable protagonista de obras maestras como, por ejemplo, La cordura loca de Lady Macbeth, de Irina Kouberskaya.
Aunque las manos de ambos tapan el nombre del autor, este habló en el programa sobre su libro, a todas luces insólito y bellísimo: la última obra del sociólogo e investigador Miguel Ángel Almodóvar, Vidas casi paralelas y viento del pueblo. Miguel Hernández y Tina Modotti, presentado en el Ateneo el pasado 6 de septiembre.
Siempre procurando atrapar la actualidad, Arranz llevó a su programa a los representantes del Teatro Urgente, el cuarteto de Ortega, pieza estrenada en el Teatro Quique San Francisco. En la foto, de izquierda a derecha: Karina Garantivá, Ernesto Caballero, David Felipe Arranz, Alex Gadea, Ana Ruiz.

 

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