Entrevista a Helena Pimenta sobre Coraje de Madre: “La obra es dolorosa, aunque tratada con humor”

Una entrevista de Alberto Medina.

 

Con motivo de la representación de “Coraje de Madre”, de George Tabori, en el Teatro Cervantes de Málaga, hemos hablado con su directora, Helena Pimenta, una de las directoras de escena de mayor prestigio en España y una de las mejores especialistas en Shakespeare. A su actividad teatral se ha sumado una dilatada labor pedagógica en diversas escuelas de teatro, universidades y foros nacionales e internacionales, así como su actividad institucional. Fue Directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico durante ocho años. Ha sido galardonada con el Premio Nacional de TeatroPremio de la Asociación de Directores de Escena a la Mejor Dirección, en dos ocasiones y Premio Lazarillo 2002 a la mejor trayectoria teatral, entre otros.

 

 

Cuando se elige un texto suele ser porque hay algo que te toca en las entrañas. ¿Por qué Coraje de Madre?

Fue Juan Mayorga cuando llega a la dirección del Teatro de la Abadía y me invita a dirigir esta obra. Conocía alguna obra del autor (George Tabori), pero me sorprendió su mirada sobre el holocausto y ese lenguaje tan increíble. Es autor, director, actor, esa polivalencia y manera de mirar desde todas las partes es muy llamativa. Esto solo fue el principio porque luego hubo que vivir el proceso de descubrimiento en los ensayos. Y a pesar que muchas veces nos asustábamos fue todavía más hermoso descubrirle.

 

Pere Ponce y Carmen del Valle: protagonistas.

 

Carmen del Valle frente al interrogatorio de un joven oficial nazi, interpretado por Sacha Tomé.

 

 

¿Qué podemos rescatar de este Coraje de Madre para el siglo XXI?

Yo creo que hay temas universales. Ese momento en el que Hungría es ocupada por los nazis cuando ya está declinando su poderío pero todavía seguían siendo realmente muy destructivos. Aparece la traición, la amistad, la compasión, la culpa… todos estos sentimientos propios de personas sometidas a la barbarie. Siempre estamos en ese riesgo. Cada dos por tres hay un juicio sumarísimo contra un pueblo y la gente descontrola entonces sus sentimientos más básicos.

Eres defensora de un teatro alejado de los artificios. ¿Veremos esta sencillez en tu puesta de escena? 

Trabajo siempre con el mismo equipo artístico para la escenografía y a todo lo que es la estética. José Tomé ha estado muy presente en este espectáculo, y su propuesta  es de una sencillez apabullante, pero la sencillez es la esencialización de muchos materiales que nos ha sugerido la obra. Se ha podido simplificar y recoger las peripecias reales de esta mujer, es la madre del autor, la que vivió esta extraña detención, llevada a Auschwitz, perdonada y devuelta a Budapest. Y eso hay que contarlo con todas las connotaciones que tuvo el holocausto en Europa.

En medio de este panorama que nos has trazado del teatro actual, ¿qué espacio poseen las mujeres? ¿Se puede hablar de un espacio de paridad para las mujeres de teatro españolas?

(Risas) Todavía no. Yo vengo de una época que éramos poquísimas, así que reconozco la sensación de haber peleado mucho para abrir un hueco, tanto para que me entendieran y aceptaran como directora como también para aceptarme yo. Porque es complicado porque uno cree que no se tiene las mismas armas. Yo llevo más de treinta años ejerciendo y las cosas me han ido bien. Ahora hay muchas más mujeres en la dramaturgia. Está todavía por ver cómo se van resolviendo los asuntos como la conciliación familiar. Hay una renuncia importante cuando hay hijos, pero afortunadamente las nuevas generaciones lo tienen muy claro. Esperemos que la sociedad no se lo interrumpa.

Has llevado al teatro numerosas de Shakespeare y de autores del siglo del oro español ¿Cuáles son las preferencias de nuestro público a día de hoy?

 Estas dos grandes líneas siempre le encanta al público. Estos textos que atraviesan los tiempos, las épocas y las modas, y que hablan del ser humano desde una fuerza dramatúrgica extraordinaria eso al público le encanta. El público se siente bien, y después lógicamente la dramaturgia contemporánea les interesa…pero los textos clásicos no fallan. Los textos clásicos son difíciles de hacer porque son gigantes y exigen esfuerzos de producción, artísticos, pero luego llegan bien.

 ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción de esta obra?

El equipo con el que he contado ha sido muy hermoso. Desde La Abadía que han sido coproductores y han sido los que nos han acogido, hasta los actores, pasando por los creativos… Han sido momentos dolorosos porque la materia de la obra es dolorosa, aunque tratada con humor, una de las claves de Tabori. La belleza de seguir profundizando y de intentar comprendernos como seres humanos me ha dejado una huella impresionante.

 

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