Al habla con Benjamín Serrano, autor de ‘El cazador de destinos’

HÉCTOR PEÑA MANTEROLA.

fotografia profesional

Benjamín Serrano (Vilanova i la Geltrú, 1985) es licenciado en Periodismo y Psicología, y también posee un Máster en Psicología General Sanitaria y un Postgrado en Hipnosis Clínica.

Su labor como psicoterapeuta y formador le ha llevado a estudiar al ser humano y sus relaciones en el ámbito filosófico y psicoanalítico. Estas inquietudes junto con su temprana pasión por la literatura, le permiten crear historias con personajes atormentados y complejos que persiguen sus sueños y no se resignan al destino que les ha sido asignado.

A nivel literario, ha participado en múltiples certámenes durante su adolescencia y juventud, habiéndose formado con escritores de primer nivel como Carmen Posadas, Ganadora del Premio Planeta 1998.

El Cazador de Destinos es su ópera prima. Una novela trepidante, con voz propia, teñida por un renovado romanticismo gótico.

  • Buenos días, Benjamín. Como escritor, le doy a la psicología un papel de principal relevancia a la hora de construir una historia. Al fin y al cabo, leemos sobre personajes y, para disfrutar o aprender de la lectura, deben ser reales. ¿Qué te ha aportado a ti a la hora de escribir El Cazador de Destinos?

Buenos días, Héctor. Recuerdo cuando leí Desde mi cielo de Alice Sebold. Ella es también psicóloga y periodista y su novela me encantó precisamente por la profundidad y el magnetismo de sus personajes. Acabas queriéndolos, uno no se quiere soltar. Sin duda, fue una de esas lecturas que te deja huérfano al acabar. Me inspiró y entendí que debía trasladar mi capacidad de análisis terapéutico al proceso creativo. Quizá por este anhelo de conocer los recovecos de la mente humana, los personajes de El Cazador de Destinos son complejos, están movidos por distintos deseos, son imperfectos y cada uno de ellos realiza su propio viaje del héroe en el transcurso de la obra.

  • ¿Cuáles consideras tus mayores influencias, tanto literarias como audiovisuales?

A nivel literario, le debo la inspiración de la obra a los autores clásicos que me empujaron a leer desde pequeño. Michael Ende o Roald Dahl fueron dos escritores fantásticos que marcaron mi infancia, con obras como La Historia Interminable o Matilda. Ya en la adolescencia, me sentí muy atraído por el romanticismo gótico y el misterio, con autores como R.L. Stevenson, Bécquer, Mary Shelley o Edgar Allan Poe, por mencionar algunos. El tipo de lecturas que me fascinaban contenían dos elementos fundamentales: una trama trepidante y una narrativa bella y cuidada. En El Cazador de Destinos he procurado encontrar un equilibrio entre esas dos variables.

A nivel audiovisual, soy un gran amante del cine y trato de ver obras valientes, disruptivas, que no dejen indiferentes. Para esta novela, sin duda una de las grandes inspiraciones fue El paciente inglés, una de esas escasas obras que es brillante tanto en su versión literaria como en su representación cinematográfica. La versión de Laurence Olivier de Cumbres Borrascosas también supuso una influencia profunda en los años en que comenzó a brotar la idea de la novela.

  • Aunque en los agradecimientos se habla un poco de ello, te pregunto en abierto. ¿En qué momento comenzaste a escribir El Cazador de Destinos y cuál fue la chispa que encendió la llama de la imaginación?

Escribía desde los once años, ya que mi afición literaria fue bastante temprana. Compartía habitación desde pequeño con mi hermano David, quince años mayor. Él era un devorador nocturno de libros. Encendía su lámpara de mesa y, en el más sepulcral silencio, podía quedarse hasta horas intempestivas leyendo. Fue casi inevitable, me contagié de su inquietud literaria.

Sin embargo, esa escritura incipiente estaba muy acomodada en los relatos breves, típicos de los certámenes literarios escolares. El inicio de la novela, que ha pasado por distintas fases antes de publicarse, comenzó en verdad a los diecisiete años, en el tren que viajaba hacia la universidad.  Mientras contemplaba el litoral a través de la ventana, sentí la llamada. Había llegado el momento de iniciar un relato más extenso, una novela. Intuía que podía ser un proceso tedioso, pero tenía la idea nítida y sentía que los personajes pedían a gritos que su historia fuera contada. Era una época en la que empezaba a estudiar periodismo y soñaba, a diario, con profesionalizar mi escritura. Pasaba unas cuatro horas diarias en el tren, y aproveché ese tiempo para leer y escribir.

  • Un detalle que me han gustado son las localizaciones. Parte de la novela transcurre aquí, en España, mientras que otra parte, muy importante, tiene lugar en Noruega. ¿Por qué?

Una de las principales inspiraciones latentes procede del Frankenstein de Mary Shelley. Una novela que, como El cazador de destinos, se inicia con una persecución, con una huida hacia el polo norte. La idea de la huida era central en mi novela, y pronto entendí que debía llevar a Queipo, el protagonista, hacia algún destino disruptivo, cerca de los confines de lo conocido. Sentí que Noruega podía simbolizar unas antípodas de España, por muchas razones. Necesitaba que Queipo se viera atrapado en la necesidad de abandonar su zona de confort.

  • Esta la suelo preguntar siempre. Tus compañeros de editorial estarán cansados de ella… ¿Qué personaje (de haberlo) se asemeja más a ti, y por qué?

La verdad es que, en una primera obra como esta, es inevitable no dejar rastros autobiográficos. Muchos personajes están basados en rasgos de personas que conozco y he analizado. Mi padre, en paz descanse, es una figura presente en distintos personajes, en sus distintas vertientes. Y lógicamente, Queipo, este chaval que tiende a la idealización y que es tan cobarde como enamoradizo, me recuerda mucho a la percepción que tenía de mí, entre los diecisiete y los veintitrés años.

  • ¿Cuál es tu proceso creativo?

En primer lugar, he de sentir que la idea merece ser narrada. Tiene que producirse una cierta resonancia interna que active el anhelo de materializar el sueño. Después uso dos cuadernos. En uno, resuelvo la trama y los asuntos cronológicos; en el otro, realizo los perfiles de los personajes. Indago lo evidente y lo oculto, me pregunto incluso qué tienen en su nevera, qué les aterra, cuál es su razón de ser, y cuál es el coste de sus interacciones. Después comienzo a escribir, sabiendo que las mejores cosas acontecerán sorpresivamente, lejos de mis esquemas previos. Luego son horas de reescritura. Leyendo en voz alta cada frase, cada párrafo, para sentir que la sonoridad es adecuada y que mantiene un cierto lirismo. Gran parte del tiempo lo dedico a encontrar la palabra idónea. Sin duda, ese ha sido un reto bastante obsesivo.

  • En España existe cierta reticencia ante la literatura «de género». El Cazador de Destinos incluye elementos de la literatura gótica que podemos entender como realismo mágico (entre otros). ¿Qué le dirías a esos posibles lectores coartados que te digan «ya, pero es que yo no leo de magia»?

Creo que, cuando ubicamos El Cazador de Destinos dentro del género fantástico, nos tenemos que preguntar qué debemos esperar de este generó que en los últimos años se ha visto reducido al absurdo por una serie de clichés. En esta obra, no vamos a encontrar duendes, ni princesas, ni dragones. Es una novela tejida sobre el deseo de contar algo verosímil. Sin embargo, es cierto que hay arquetipos que proceden del mundo de la fantasía y que se integran en el realismo de la historia. En ocasiones, lo fantástico y lo real convergen en un equilibrio curioso. Es por ello que es una novela fácil de leer tanto para quien ama la fantasía como para quien trata de evitarla.

  • ¿Veremos algo de El Cazador de Destinos (personajes, lore, ubicaciones) en tu próxima obra?

Es altamente probable que llegue una segunda y última parte. Hay personajes que todavía tienen cosas que contarnos, y variables que van a sufrir giros inesperados. Sin embargo, antes de la aparición de esa segunda parte, llegará una novela fresca, muy distinta, aunque manteniendo el mismo cuidado narrativo. Sin embargo, es algo que aún no se puede descubrir.

  • Si tuvieras que definir el conflicto de tu novela en un párrafo, ¿cuál sería?

Creo que hay dos grandes tensiones en la novela que sirven de excusa perfecta para plantear los temas que subyacen en ella. Por un lado, la contradicción del personaje principal entre sostener su cobardía y seguir huyendo, o transitar por una dolorosa transformación para poner en riesgo su propia vida. Por otro lado, la novela también le lanza una pregunta al lector, que creo que tiene una resonancia compleja en nuestra sociedad actual: ¿cuál es el peso de lo superficial en el vínculo amoroso? ¿Se puede amar más allá de la piel?

  • Benjamín, te agradezco enormemente tu tiempo. Siempre me gusta despedirme cediéndote el micrófono para un último alegato: ¡Grita a nuestros lectores el porqué deberían correr a comprar El Cazador de Destinos!

Muchas gracias, Héctor, por esta entrevista. Ha sido muy agradable. Quiero invitar a vuestros lectores a escudriñar una novela que no les va a dejar indiferentes, que escapa de los géneros convencionales y que ha sido escrita para aquellas personas que aún desean leer disfrutando de cada línea, sin prisas, dejándose envolver por el relato, entablando amistad con los personajes.

One thought on “Al habla con Benjamín Serrano, autor de ‘El cazador de destinos’

  • el 21 febrero, 2024 a las 1:03 pm
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    Me ha gustado muchísimo esta entrevista, gracias!
    He leído El Cazador de Destinos y puedo asegurar que es una lectura que te atrapa desde el principio hasta el final. Cada episodio te deja con ganas del siguiente; los personajes, como bien comentáis en la entrevista, están muy elaborados y te puedes identificar con ellos, porque son muy reales.
    Sin duda, es una lectura que no deja indiferente y es 100% recomendable.

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