‘La derrota de los comediantes’, una trepidante aventura en el mundo barroco de los teatros de Madrid en el S. XVIII

REDACCIÓN.

A finales del siglo XVIII, los dos grandes “corrales de comedias” de Madrid, el Teatro del Príncipe y el de la Cruz, mantienen una feroz rivalidad. El primero encarna la defensa de las ideas de la Ilustración. El segundo patrocina lo castizo y las ideas inmovilistas. La sociedad española está dividida entre quienes aspiran a sumarse a una Europa ilustrada, de ideas renovadoras, y aquellos otros que desean mantenerse a ultranza en la cerrazón castiza. Los seguidores de cada compañía teatral acuden a diario a boicotear las obras de sus rivales mediante pataleos y abucheos.

Septiembre de 1793. Serafín Pedregal es un actor de tercera en la compañía del Teatro del Príncipe. Feo y bajito, siempre hambriento y sin una perra, Serafín es un joven avispado y entrometido. Cuando el director de la Compañía le encarga la búsqueda de cierto manuscrito robado a un prometedor dramaturgo del naciente teatro ilustrado, Serafín emprende una arriesgada aventura que lo llevará a jugarse la vida por tenebrosas calles donde acechan chulos y manolos, catabolsas y matones a sueldo.

Sus pesquisas sumergen al protagonista y al lector en una villa dieciochesca, maloliente y bulliciosa: de paradores a mentideros, de libreros a las mancebías y mesones del Lavapiés, de los modernos cafés a las botillerías, de baratas especierías a los comercios más selectos de la calle de la Montera, de garitos de juego ocultos a los salones ilustrados donde se codea la sociedad distinguida junto a grandes cómicas como la Tirana o Rita Luna.

Para complicar más las cosas, dos ladinos asesinatos se cometen en peculiares circunstancias. ¿Guardan quizá relación con el caso del manuscrito robado? Jamás sospechará el protagonista la maquiavélica intriga que se esconde tras el robo de la pieza teatral.

La derrota de los comediantes es relato de una trepidante aventura nos introduce en el mundo barroco de los teatros de Madrid en el s. XVIII. En una ciudad abarrotada y azarosa se suceden intriga, misterio, equívocos personajes, rivalidades entre las grandes actrices, la encarnizada disputa entre ilustrados y castizos, a más de dos alevosos asesinatos. Jamás sospechará el lector la maquiavélica confabulación que alienta tras tantas peripecias.

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