Entrevista a Rachel Cusk

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“Sólo intento comprender la maquinaria de la vida corriente”.

Por Carmen Fernández Etreros (texto y fotografías).

 

Nos encontramos por la mañana con Rachel Cusk, una escritora con fama de decidida y valiente pero también una mujer que derrocha serenidad y reflexión en toda la conversación. Las variaciones de Bradshaw, su última obra, es la tercera novela que la autora publica con Lumen, le han precedido Mucha Suerte (2004) y Arlington Park (2007, Premio Orange) y un libro sobre un viaje titulado La última cena. En 2003 fue elegida por la revista Granta como una de las veinte mejores novelistas británicas.

Rachel Cusk muestra las relaciones familiares en Las Variaciones Bradshaw con valentía, humor y originalidad planteando situaciones incómodas para la sociedad. Una novela sobre las relaciones de un matrimonio, los Bradshaw, que comparten el azar, las decisiones, las preocupaciones diarias,  los errores, los desencuentros y como no la falta de armonía.

P. Las variaciones Bradshaw es tu octava obra, ¿cuáles eran tus intenciones al escribir  esta novela?

R. Yo quería escribir sobre el matrimonio y en cierto modo sobre las relaciones entre adultos y de esa fase de la vida familiar en la que todo está asentado y los padres tienen ya tienen 40 años, los hijos crecen y todo es más tranquilo. Al mismo tiempo escuchaba música clásica, Las Variaciones Goldberg de Bach concretamente, y de repente me pareció como si un hombre y una mujer estuviesen conversando como las variaciones de Bach. Una imagen que se acercaba a la disciplina matrimonial y reflejaba ciertas formas de belleza.

P. En tu novela el matrimonio protagonista cambia los roles habituales ella vive una etapa de ascenso profesional  en la Universidad y sin embargo él decide quedarse en casa, ¿refleja esta situación ciertos cambios sociales?

R. Sí, por supuesto. Precisamente yo quería utilizar esta relación de los protagonistas porque en el matrimonio parece que todo está establecido y marcado. El drama es cuando una mujer trata de salir de esta forma establecida y cambiar la dinámica y la relación se enfrenta a algo demasiado complicado, que le exige una pérdida ligada a la identidad. Las mujeres se encuentran con esta situación difícil y normalmente renuncian.

P. En la novela se ve claramente como el entorno del matrimonio, los padres y los familiares por ejemplo, no comprenden la nueva situación, que él quiera quedarse en casa. Además Thomas se siente bien cuidando a la niña y tocando el piano, ¿hace falta más tiempo para que estos cambios sean aceptados?

R. El género supone una limitación tanto en hombres como en mujeres. Los hombres tienen que reprimir su feminidad, igual que la mujer se siente constreñida y tiene que reprimir su agresividad o su afán de éxito. Hay mujeres a las que les gusta abandonar su vida domestica y realizarse a sí mismas. También hay hombres a los que les gusta ocuparse de la casa y la vida familiar y puede que disfruten más que una mujer.

P. Uno de los personajes que más me ha llamado la atención es Claudia, una mujer que renuncia a su futuro como pintora por su familia, ¿qué has querido contar a través de este personaje?

R. Ella es la mujer que no se atreve a cuestionar esa identidad femenina. Su creencia en lo que debe hacer una mujer es muy firme y clara y coincide con la que tiene la mayor parte de la gente.  Al mismo tiempo es una persona frustrada  por su necesidad de crear y no es capaz de actuar, no es capaz de realizarse.  Con estas dos mujeres he querido mostrar los dos polos: la que es capaz de dejar su papel tradicional y la que como Claudia no lo hace. Se conforma y eso es lo que planteo en la novela.

P. Los hijos tienen un papel importante en la novela, los de Claudia y Howard aunque son educados a la manera tradicional parecen malcriados y egoístas, y sin embargo los del matrimonio protagonista independiente y sensata, ¿qué has querido reflejar en estas diferencias?

R. Claudia tiene una versión de la maternidad egoísta en la que la mujer necesita tener una función doméstica y que desarrollar su maternidad, lo que en el caso de Claudia explica su propia existencia. A muchas mujeres no les gusta compartir este espacio doméstico con los hombres porque necesitan darse sentido y valor a sí mismas. En ese marco el niño es una emanación de la mujer. Pero para Tonia su hija Alexia supone un freno que le impide realizarse y su función es diferente y eso le da a la niña una personalidad distinta.

P. ¿Qué proyectos futuros tienes después de esta novela?

R. Estoy tratando de escribir una novela sobre el cambio de la identidad femenina pero en un marco temporal más amplio con una idea transgeneracional, mi madre, mi abuela… Me da la impresión de que se ha dado la vuelta a todo. Intento escribir de lo que creo y pienso y eso es lo que me mueve a escribir. Lo que observo es la síntesis entre lo que vivo y lo que pienso. No me invento nada, sólo intento comprender la maquinaria de la vida corriente y las estructuras del poder, la ética, la política… Trato de encontrar grandes cosas en pequeñas pero es difícil intentar hacer una pintura de lo que ves, porque lo que es cierto para unos no lo es para los demás.

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