Un leonardo para la historia

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LeonardoGuillermo Aguirre, Lengua de Trapo, 186 páginas, Marzo, 2013 

Por Almudena Sánchez 

LEONARDO(DW)Supongo que es difícil escribir una novela sobre la enfermedad. Y más complicado todavía, si el tema trata sobre la ansiedad de un valiente idiota, ese que tiene por nombre Leonardo y que se nos presenta aquí, tan desnudo y pálido como su Teta Blanca (en mayúsculas la Teta, por supuesto).

Aunque lo mas misterioso de todo este asunto es que, incluso después de una última lectura, no sabría  si señalar (a estas alturas de mi crítica) al protagonista como Leonardo o la Teta. Quizá sean los dos. O puede que no exista el uno sin el otro, como pasa tantas veces en la vida. Pues algún sentido oculto, recóndito, tiene que tener esta puñetera vida y qué mejor, qué enorme suerte, que en Leonardo el mundo gire alrededor de una Teta “ni grande ni pequeña, respingona y de areola perfecta de dos centímetros de diámetro, con un pezón rocoso que en su centro exacto se asomaba al mundo con lasciva e interrogante expresión”.

¿Qué esconde la Teta Blanca? Todo el arte y los sueños: un espectáculo de magia. Y eso es motivo suficiente para estar totalmente de acuerdo con el narrador cuando afirma que “el hombre necesita un pecho que lo acompañe”. Y es que su autor, Guillermo Aguirre (Bilbao, 1984) lo pone de manifiesto, con una voz inusual, todopoderosa, con un tono confesional y un lenguaje barroco que recuerda a las novelas decimonónicas. Porque la Teta mueve al personaje, aunque la mayoría de las veces lo mueva dolorosamente mal y precipite al personaje hacia el vacío, hacia el desastre más absoluto, dejando una estela de patetismo a su paso que casi siempre perdonamos porque…¿quién tiene miedo al ridículo cuando intenta conseguir lo que más desea? Nadie. Por eso Leonardo es tan humano, tan mentiroso, tan melancólico, tan soñador y al fin y al cabo, lo queremos así, nos hace gracia y nos dejamos engañar por él hasta el final de su relato.

En Leonardo se entremezclan varios temas: el amor (curioso triángulo entre C.y S. que no deja de sorprendernos), la enfermedad con sus ansiolóticos y antidepresivos como telón de fondo y la historia de piratas, que desdobla la novela y la parte en dos, llevándonos mar adentro en su máquina del tiempo. Allí nos encontramos con un Leonardo incomprendido, fuera de su época, al que le hubiera gustado ser pirata y flotar a la deriva entre aguas negras como vía de escape contra el dolor: “La ansiedad no existe aquí, porque no existe la esperanza de bienestar, no existe el futuro ni existen las pretensiones de futuro, solo la sonda nos une con esa realidad amorfa de la tierra, cuarenta pies, treinta y seis, treinta y cuatro pies”.

En fin, un Leonardo para la historia, que se puede confundir con otros muchos, pero que en este caso (y lo creo sinceramente) resulta claramente inconfundible, por sus perversiones, por sus enajenaciones y locuras, aquí y al otro lado del mundo.

 

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