Entrevista a Eloy Tizón

Eloy Tizón-©Jesús Marchamalo

Eloy Tizón-©Jesús Marchamalo

Por Antonio Guerrero.

– A veces pienso que el libro tiene una enfermedad terminal y que morirá cuando muera el último lector tradicional. ¿Qué piensa al respecto?
Con los años voy volviéndome optimista. Tengo una fe inmensa en la literatura. En su fuerza y magnetismo contagiosos. En su capacidad renovadora. La relación entre el lector y su libro es demasiado íntima y sensual como para pensar que algún día desaparezca. No lo creo. Siempre habrá un “último lector”. Y cuando este muera, habrá otro “último lector”, que tomará el testigo. Y así sucesivamente, hasta el final de los tiempos.

– Lo audiovisual, el libro digital, como mercados consolidados, ¿están dando un giro copernicano a la literatura?
Pero es que la gran literatura también es un arte visual. Los grandes escritores son grandes pintores, grandes escenógrafos y grandes músicos. Cuando leemos Cien años de soledad, vemos perfectamente a la familia Buendía, sentada en su comedor, con todos sus detalles.

– Quizás, y como dicen, la imagen activa menos la capacidad cognitiva que el texto. ¿Es cierto?
A lo largo de la historia, toda innovación tecnológica ha despertado recelos, hasta que aparece un nuevo invento que convierte al anterior en “clásico”. Cuando nació el cine, hace más de un siglo, muchos intelectuales elevaron voces alarmistas para advertir sobre los peligros de aquel invento del diablo, que iba a idiotizarnos. Idiotizados o no, aquí seguimos. Creo que imagen y letra pueden ser complementarios.

– ¿Tiene razón Casciari cuando dice que el futuro de la literatura no es el libro sino la creatividad? ¿La narrativa puede existir en el nuevo formato?
Exacto. La necesidad narrativa está en las raíces genéticas del ser humano, no puede desinstalarse sin que la especie misma desaparezca. Necesitamos contar y escuchar historias. El libro de papel sin duda es un objeto maravilloso, que a muchos de nosotros nos enamora, pero antes hubo papiros y tablillas. Y antes, narradores orales. Tenemos sed de ficciones. ¿Cómo se explica, si no, el éxito de tantas series de televisión actuales? ¿O de la novela gráfica? Todos cuentan historias y son un eco tribal de las narraciones alrededor del fuego.

– ¿En ese planteamiento qué papel tiene la búsqueda de un nuevo canon, la hibridación y el fragmentarismo?
Sí, los géneros literarios avanzan a base de colisiones y crisis, que los revitalizan. Si se estancan en la pureza, languidecen y mueren. De vez en cuando, es bueno que sufran sacudidas y perturbaciones; que se contaminen. Tanto «hibridación» como «fragmentarismo» son palabras feas (reconozcámoslo), pero designan nociones fértiles: el deseo que cualquier artista tiene de ampliar sus fronteras, mezclar géneros e intentar lo imposible.

– Pero ¿qué es el canon literario?
Lo podríamos definir como un acuerdo temporal y revisable. Los mejores lectores de cada generación se dan cita para pactar qué títulos merecen filtrarse y permanecer en la memoria colectiva y cuáles no. Por supuesto, el canon no es una lápida conmemorativa, sino un tapiz movedizo, siempre sujeto a subjetividades, tensiones, olvidos interesados y rescates amorosos.

– Uno de sus últimos libros Técnicas de iluminación lleva un canon nuevo y una poesía incrustada en la prosa. ¿Cuáles eran sus pretensiones?
Técnicas de iluminación es un libro escrito por necesidad. Todos mis libros lo son (no existe otro motor que el deseo), pero en este caso me empeñé especialmente en trabajar con la verdad. Incluir en el libro lo poco o lo mucho que yo he podido aprender de la vida, de la complejidad misteriosa de las relaciones humanas y de la literatura y el arte a lo largo de mis cincuenta y pico años de existencia por el mundo. Esto se traduce en una serie de historias que, en efecto, no son ajenas (eso espero, al menos) ni a la poesía, ni a la reflexión, ni a la belleza formal, ni al humor absurdo. Mi ambición ha sido esta: que al final el lector sienta que ha compartido una serie de experiencias íntimas con otro ser humano, ni mejor ni peor que él, que no le ha mentido ni se ha adornado de nada, sino que ha intentado aproximarse con respeto y emoción al hueso de las cosas, a su verdad.

– Pienso que lo que usted hace puede ser un futuro de la literatura, me confieso. ¿La sincera voz del autor y el experimentalismo son armas eternas?
Gracias por tu generosidad. Por supuesto, no me corresponde a mí juzgar cuál será el futuro de mi libro, si es que tiene alguno. Sí creo, en cambio, que a los grandes maestros hay que admirarlos, pero sin quedarnos en la mera imitación. Dentro de nuestras posibilidades, debemos procurar avanzar aunque solo sea un milímetro, aportar algo nuestro, un matiz, una inflexión de voz, una manera de mirar, un gesto. Por eso me parece necesario explorar, dinamitar lo caduco, aun a costa de desafiar las convenciones. Escribir es asumir riesgos.

– Cambiemos de dirección. ¿Qué puede decirnos de Almería? Sé que ha viajado mucho por aquí.
Mi vinculación con Almería es eminentemente sentimental. Hace años tuve una pareja que era de aquí, por lo que viajamos bastante por esta zona, recorriéndola en automóvil, y la conozco más o menos bien: Cabo de Gata, Mojácar, Rodalquilar, el Cortijo del Fraile, donde sucedió la tragedia que Lorca escenificó en Bodas de sangre… Es una naturaleza imponente, que por momentos llega a resultar abrumadora y te avasalla.

– Para finalizar podría esbozar una definición de “La mirada zurda”.
Me ha parecido un blog repleto de sensibilidad e inquietudes literarias, creado con vocación y cariño. Te felicito. Muy recomendable.

http://lamiradazurda.blogspot.com.es/

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