Money Monster (2016), de Jodie Foster

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Por Jordi Campeny.

money monster1Una página entera en blanco y tener la sensación –y el agobio– de que menos de una cuarta parte de ella va a ser más que suficiente. A veces ocurre que una película no es ni lo suficientemente buena, ni lo suficientemente mala, para poder sacarle demasiado jugo a la hora de afrontar una reseña. “¿Qué tal la peli?”, te preguntan. “Entretenida”, respondes. Poco más que añadir. Y a otra cosa.

Es lo que ocurre con la última película de la actriz y directora norteamericana Jodie Foster, Money Monster, thriller a tiempo real sobre un presentador de televisión y gurú de Wall Street (George Clooney) quien, durante la emisión de su programa, es secuestrado por un joven que perdió todos sus ahorros siguiendo sus consejos (Jack O’Connell), bajo el pasmo de la directora del programa (Julia Roberts), su equipo y, por extensión, el país –y el mundo– entero.

Money Monster es uno de estos típicos productos que generan infinidad de inquietudes, vicisitudes y dudas en los protagonistas pero ninguna –o muy pocas– al espectador, quien, conocedor de los andamiajes que sostienen este tipo de películas, conoce –más o menos– por donde van a ir los tiros. Y, lo que es peor, quién saldrá dañado y quién ileso. Un film que busca en todo momento el suspense y la intriga pero que, lamentablemente, no los consigue, dejándonos sólo el entretenimiento. Por lo tanto, Money Monster consigue sólo a medias su cometido. Para algunos, eso será suficiente; para otros –entre los que uno se incluye– no.

La trama que sostiene este trabajo resulta inverosímil de cabo a rabo (peliculera, se decía antes). Aun así, uno siempre está dispuesto, embriagado por la oscuridad de la sala y la magia de la liturgia, a creerse lo que le cuentan y dejarse llevar. Y, a pesar de ello, resulta francamente complicado tragarse el sapo y sentirse inquieto o intrigado por los sucesos que desfilan ante nuestra mirada. Este convencional thriller de secuestros narrado a tiempo real remite al universo setentero de Lumet, concretamente a su inmensa, colosal, Tarde de perros (1975), ante la cual Money Monster no sólo palidece, sino que desaparece engullida por la insignificancia.

Otro de los problemas de los que adolece la cinta es que la crítica que late por debajo del thriller, su denuncia a los sótanos pestilentes marcados por la corrupción de las altas finanzas y de la economía globalizada, es de trazo grueso. No aprendemos nada nuevo y, al final, acaba padeciendo de aquello que pretendía criticar: queriendo informar y aportar nuevos datos, se limita exclusivamente a entretener.

(3)EEUU-NUEVA YORK-CINE-MONEY MONSTERSería injusto, no obstante, no colocar sus incuestionables méritos al otro lado de la balanza. Money Monster está sustentada por un guión sólido, calculadísimo y muy eficaz. Si a ello le sumamos un montaje acelerado, el pulso firme y convincente que le imprime Foster y la magnética presencia de Clooney y Roberts, al final la película pasa como un suspiro sin sentir la tentación de consultar el reloj ni un solo instante. Lo cual, si se quiere, no es poca cosa.

Uno se identificó con un personaje que aparece en dos momentos de la película. Un extra cualquiera. El chaval está jugando al futbolín con sus amigos en un bar. En la televisión aparece la noticia del secuestro en directo. Se detiene momentáneamente la partida. La pelota deambula un rato por inercia. Los sucesos se precipitan en la pantalla, trepidantes, hasta su desenlace. La televisión ofrece ahora publicidad. El chico posa de nuevo su mirada en los jugadores inertes del futbolín. Se reanuda la partida, olvidando lo que acaba de ver. No comenta nada con nadie. Probablemente empiece a barajar qué película con enjundia vaya a ver al cine después de ganar. O de perder.

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