Los libros de la isla desierta: Zalacaín el aventurero

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Por Óscar Hernández Campano.

ZALACAÍN EL AVENTURERO. Pío Baroja (Ed. Austral)

zalacainProbablemente existen cientos de reseñas más acertadas que esta que estás leyendo sobre Zalacaín el aventurero. Pero esta es la mía, porque los libros, cuando los leemos, los hacemos nuestros y al mismo tiempo, nos damos a los libros, nos fundimos con ellos. Cada lector hace único el libro que lee, por eso me atrevo a escribir sobre esta joya de Pío Baroja.

Zalacaín el aventurero es la tercera novela de la trilogía Tierras vascas del prolífico y genial escritor donostiarra Pío Baroja y Nessi. La novela, de 1908-09, cuenta la vida de un muchacho espabilado y descarado llamado Martín Zalacaín,nacido en la aldea de Urbia, y cuya pronta orfandad y la inquina de la familia rival en su aldea, lo obligan a desarrollar la astucia y a vivir huyendo, luchando y buscándose las lentejas cada día. Martín Zalacaín crece en la España del último tercio del siglo XIX, una España compleja e inmersa en cambios socio-políticos que a menudo se desarrollaban por la fuerza. Es la época de las revoluciones liberales y de las guerras carlistas. Zalacaín, de hecho, se verá envuelto en la última de esas guerras, de 1872 al 76.

La novela, dividida en tres partes y subdividida en numerosos capítulos breves, nos muestra la realidad etnográfica de las aldeas vascas de la época, con sus canciones tradicionales, sus costumbres sociales, el dominio de la religión y la pobreza de muchos. También asistimos al contrabando de productos y ganado a través de las montañas vasco-navarras que se convierte en una importante fuente de ingresos para el mismo Zalacaín. La rivalidad familiar, entre los Zalacaín y los Ohando marcará la vida y el destino de nuestro protagonista, quien, durante la guerra, no duda en pasarse de un bando a otro según su conveniencia. Zalacaín no es un idealista, es un superviviente. La monarquía le da igual, el liberalismo o el absolutismo no son sus preocupaciones. Él sobrevive, ama con pasión y vive con garra, cada día, de su corta vida.

Pío Baroja fue como Zalacaín un nómada debido primero a los traslados de su padre, y después a su propia necesidad de viajar y conocer lugares y gentes que alimentaran su mente para crear los múltiples personajes que pululan por sus novelas.

Licenciado en medicina, ejerció brevemente y de forma intermitente esta profesión, decantándose finalmente por la literatura. Formó parte de la Generación del 98 -aunque siempre negó la mayor porque según él, los miembros de la misma no tenían características comunes-. Sin embargo, conoció y tuvo amistad con los miembros de esa generación: Azorín, Maeztu, los hermanos Machado, Unamuno o Valle-Inclán.

Era un gran escritor y un ávido lector que se vio intensamente influenciado por los filósofos alemanes. Schopenhauer y Nietzsche moldearon su carácter y el de sus personajes que -como Zalacaín- bordean el pesimismo y se acercan al nihilismo, con pocas esperanzas sobre el mundo y con finales a menudo trágicos.

Fue admirado por sus contemporáneos, ocupó un sillón en la Real Academia y tiene estatuas que recuerdan su figura, con la sempiterna txapela sobre su testa.

Zalacaín el aventurero es una novela que divierte, sí, es ágil y amena; que enseña y que a menudo -antes, no tanto ahora- se mandaba leer en las escuelas. Esto acercaba los grandes a los jóvenes aunque a veces conseguía el efecto contrario. Tuve este libro en mi casa durante años pero siempre recordaba las palabras de alguien que me dijo que no le gustó nada cuando se lo hicieron leer en la escuela. Este sería un debate que sobrepasa los lindes de esta sección, pero lo dejo ahí para la reflexión. Tardé demasiado en leerlo pero lo he disfrutado mucho. Por eso, por justicia, me lo llevo a la isla desierta, para releerlo con calma y disfrutar de las aventuras de un joven cuya vida breve fue muy intensa y más rica en vivencias, avatares, pasiones y aventuras que las largas y acomodadas vidas de las generaciones que la siguieron.

Eskerrik asko, Baroja jauna.

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