‘El último apaga la luz’, una obra de Nicanor Parra

Por Ricardo Martínez.

Siempre se ha dicho que en lo distinto radica, o pudiera radicar, no solo una forma de revolución constructiva sino también de distinción, de evolución. Pues bien, este poeta disidente en el fondo y la forma de la poesía, podemos convenir que no solo nos ha dejado un legado sugerente, rico, incluso humorístico a la historia de la poesía sudamericana, sino que, por tal razón de su interpretar con criterios propios y distintos la realidad, ha renovado, ciertamente, el discurso poético, lo cual no puede entenderse sino como un bien.

Su disidencia natural, de actitud y comportamiento y escritura, le ha llevado a elaborar una obra que aquí queda fielmente recogida bajo el epígrafe de Obra selecta. Así, a modo de ejemplo podemos leer una especie de Oda a la soledad que resulta conmovedora. Es el caso de su poema  Nadie, con algunos ‘pasajes’ en verdad relevantes: “No se puede dormir/ Alguien anda moviendo las cortinas/ Me levanto/ No hay nadie/ Probablemente rayos de luna” Más adelante: “Acomodo las sábanas/ Y doy una última mirada al reloj/ Pero oigo sollozos de mujer/ Abandonada por delitos de amor/ En el momento de cerrar los ojos” Y concluye, tan hermosamente: “Ahora cesan todos los ruidos/ Sólo se oyen las olas del mar/ Como si fueran los pasos de alguien/ que se acerca a nuestra choza desmantelada/ Y no termina  nunca de llegar” Ello expresado en una forma  muy personal, diferente, de lectura abierta, digamos. ¿Y no cabría entender este denso poema,  también, como un hermoso canto al amor? De ahí que lo nuevo sugerido con valentía e inteligencia sean esa esperanza cargada de futuro que, emulando las palabras del poeta, pudiera ser el mismo sentido interior de la Poesía.

Puesto que se trata de una compilación de la obra del longevo autor, la proximidad a uno u otro discurso está garantizado –el lector siempre cierra, a su modo, el poema- pero a la vez se amplía la gama de los posibles destinatarios.

De alguna manera toda su obra también podríamos decir que encierra una didáctica de lo poético,  y acaso el ejemplo siguiente sirva de colofón: “Resumiendo la cosa/ al tomar una hoja por una hoja/ al tomar una rama por una rama/ al confundir un bosque con un bosque/ nos estamos comportando frívolamente/ esta es la quinta esencia de mi doctrina/ felizmente ya comienzan a vislumbrarse/ los contornos exactos de las cosas/ y las nubes se ve que no son nubes/ y los ríos se ve que no son ríos/ y las rocas se ve que no son rocas/ son altares/ ¡son cúpulas!/ ¡son columnas!/ y nosotros debemos decir misa”

En fin: oremos, leamos.

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