Cerezos en la oscuridad

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CEREZOS EN LA OSCURIDAD

ICHIYO HIGUCHI

  • Nº de páginas: 320 págs.
  • Editorial: SATORI

Una mirada hacia la mujer que captura momentos vitales que comunican al lector la opresión a la que les se sometía, no tanto aplastadas por el hombre (que lo eran) sino por una sociedad que las relegaba a un papel inferior y sumiso. Dramas ocultos e invisibles que Ichiyō Higuchi desvela con una prosa sencilla pero firme.

Junto al gran portón que da paso al barrio de placer de Yoshiwara, a la sombra de los sauces centenarios, bulle todo un sinfín de vidas que vienen y van, relatando sus historias, pequeñas, delicadas, sencillas. Una joven en la flor de la vida descubre por vez primera el amor, efímero como las flores del cerezo; una sirvienta de vida desdichada recibe en el día de Año Viejo un regalo inesperado… «Cerezos en la oscuridad» reúne seis de los mejores relatos de Higuchi Ichiyo, considerada la primera escritora japonesa moderna y emblema de los logros literarios del Japón de su tiempo, que describió con extraño lirismo la situación de la mujer y de los más desfavorecidos y, al hacerlo, señaló con lucidez las grietas de una sociedad cimentada en la jerarquía, la sumisión y la resignación.

Hace unos meses Satori trajo a algunas selectas librerías de España y Latinoamérica una singular oferta: Cerezos en la oscuridad, un conjunto de relatos de Higuchi Ichiyô (1872-1896) considerada por muchos como la primera escritora moderna de Japón. Aunque no es el primer libro de Satori con autoría femenina, sí se trata del primer volumen de recuperación histórica donde el ser y el saberse mujer juega un papel relevante.[1]

De ensalzar la figura de la escritora se encarga el profesor y traductor Carlos Rubio, que provee al volumen de un prólogo casi tan extenso –y casi tan excelso- como los mismos relatos a los que acompaña. No es la primera vez que los relatos de Higuchi se traducen al español –de hecho, recientemente reseñamos una edición de Chidori-, pero sí es una de las que se hacen de una manera más completa, y directamente del japonés. El volumen ofrecido por Satori promete deleitarnos con seis relatos (“Cerezos en la oscuridad”, “Día de Año Viejo”, “Aguas cenagosas”, “Noche de plenilunio”, “Encrucijada” y “Dejando atrás la infancia”), que se completan con un breve glosario en el que se aclaran algunas cuestiones terminológicas.

Estos van precedidos por el mencionado prólogo de Carlos Rubio, que cumple una triple función. En primer lugar, se ocupa de realizar una lírica presentación del Periodo Meiji –al que se han dedicado ríos de tinta-, en el que vivió la escritora. Esto le permitirá enlazar con una segunda parte mucho más singular, dedicada a las complejidades y dificultades de ser mujer –y más, una mujer como Higuchi, que se dedicó a una profesión minoritaria sin provenir de un entorno privilegiado- en un mundo que parecía avanzar a pasos agigantados para la otra mitad de la población. En una tercera parte, Rubio se centra, al fin, en la vida de Higuchi, lo que nos permitirá comprender la valía de la escritora. No obstante, también se realizan análisis literarios y argumentales de los relatos que después se presentan, por lo que quizás convendría saltarse directamente esta parte y pasar a los relatos si queremos evitar sorpresas.

Retrato de la escritora.

Retrato de la escritora.

Como bien recuerda Rubio, la vida de Higuchi Ichiyô la convierte en un personaje casi tan dickensiano como los de sus relatos.[2] Nacida en una familia que había luchado para alcanzar una posición social que pronto perdieron, la joven Higuchi, que por aquel entonces todavía se llamaba Natsuko, ingresó en una reputada escuela de poesía para señoritas, en donde se las educaba en la poesía galante del periodo Heian. La diferencia social con sus acaudaladas compañeras comenzó a definir una de sus más persistentes obsesiones: el complejo de inferioridad social y económica. Tras abandonar la escuela cuando su familia se empobreció, comenzó a proponerse escribir como forma de sustentar a su familia, mientras trabajaba como costurera y lavandera. En 1891 conoció al que sería el responsable de su primer escándalo, Nakarai Tôsui, del que se enamoró, pero que resultó ser un pésimo consejero. Comenzó entonces a publicar sus relatos, pero la ansiada riqueza no llegaba; al contrario, Higuchi y su familia tuvieron que trasladarse a una casa más pobre, cercana a Yoshiwara, en donde escribió los que hoy se consideran sus mejores relatos, retrato de los personajes de bajos fondos a los que dotó de una inusitada dignidad. Fue únicamente entonces cuando recibió un reconocimiento casi unánime –del que fue artífice en buena parte Mori Ogai-, y recibía en su humilde morada las visitas de críticos y admiradores. Pero el éxito nunca terminaría de llegar a la vida de Higuchi. Con apenas 24 años, fallecería antes de que acabase el año de 1896, aquejada de tuberculosis. A pesar de que únicamente escribió durante seis años, todavía es considerada como una de los mejores autores de su tiempo.

Ante tamaña presentación –tanto por la calidad del prólogo como de los acontecimientos que narra-, los relatos escogidos parecen casi escasos, menudos –como lo era la misma Higuchi-, aislados los unos de los otros. Pero en realidad, nos permiten observar, a través de historias cerradas, diferentes facetas del mundo cambiante y complejo al que se enfrentó la escritora.

Aunque tanto la vida como la calidad literaria de Higuchi Ichiyô están rodeadas de un evanescente mauditismo propio del más digno folletín naturalista, su figura no posee todavía el reconocimiento que debiera fuera de su país de origen. Confiemos en que con ediciones como la presente se avance hacia el reconocimiento y difusión de la que, probablemente, fue una de las mujeres más interesantes de aquellos años en los que Japón cambió para siempre su posición ante el mundo.

Notas:

[1] Una excepción podría ser el dedicado a la poetisa Chiyo.

[2] Nos referimos con esto a su desventurada vida, pues en realidad su estilo literario poco tuvo que ver con el del escritor británico, estando más relacionado, por ejemplo, con la escuela rusa, de la que bebieron también muchos de los escritores de los tardíos Romanticismo y Naturalismo japonés.

Fuente: Ecos de Asia

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