Burning (2018), de Lee Chang-dong – Crítica

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Por Jaime Fa de Lucas.

El director Lee Chang-dong, ayudado en el guion por Jungmi Oh, se desmarca del relato de Haruki Murakami para regalarnos una obra maestra sobre la diferencia de clases –y planos existenciales– en la Corea del Sur contemporánea, presentando un tejido muy complejo de reflexiones, símbolos y metáforas. El apartado técnico cumple con creces en todos los aspectos y el reparto está excelente. Y hasta aquí voy a llegar sin spoilers.

Lo más fácil de advertir en Burning es la ambigüedad con la que se desarrolla, la cual impide que el espectador sepa con certeza si el hombre rico mató a la mujer y si el macabro acto final que lleva a cabo el protagonista está justificado o en realidad ha salido todo de su cabeza. El relato de Murakami se limita a presentar la ambigüedad relacionada con el hombre rico y la supuesta muerte de la mujer –el lector no sabe si el granero/invernadero que ha quemado el hombre representa a la chica–, pero Chang-dong no se conforma con eso y expande con mucha inteligencia la trascendencia y la profundidad de la historia.

Una de las ideas fundamentales de Burning aparece cuando la mujer finge comerse una naranja invisible y dice: “lo importante no es imaginar que hay una naranja, sino olvidar que no la hay”. Esta frase funciona a varios niveles. En primer lugar, refleja dos filosofías de vida dentro de la clase baja. El protagonista representa la primera parte de la frase: aspira a ser escritor, mira con recelo a la clase alta, rellena huecos con la imaginación… mientras que la mujer representa la segunda parte de la frase: a falta de recursos, es mejor olvidar que no se tiene nada, algo que le permite centrarse en la dimensión existencial y espiritual. En segundo lugar, la frase juega con los conceptos de presencia y ausencia que a su vez están relacionados con la riqueza y la pobreza. La riqueza como presencia total de recursos –el rico dice: “lo que me gusta de cocinar es que puedo hacer lo que quiera, todo lo que tenga en mente”–. La pobreza como ausencia que, de acuerdo a la frase anterior, o bien se puede rellenar con la imaginación, o bien se puede olvidar para alcanzar otras cotas.

Esto último se ve potenciado por otra idea que surge en la misma conversación: la división entre “little hunger” y “great hunger” –”pequeña hambre” y “gran hambre”–. Parafraseando a la mujer: la primera se refiere a los individuos que persiguen los deseos físicos, terrenales, y la segunda a los que buscan satisfacer sus inquietudes existenciales. La mujer viaja a África en busca del significado de la vida por lo que se incluye en el “great hunger”. En este sentido, el protagonista y el hombre rico son distintos a ella, pues ambos persiguen la “little hunger”. Esto se aprecia con exactitud en la escena en la que la mujer, en una cena con los amigos del hombre rico y con el protagonista, se levanta para hacer el baile africano que representa el paso de la “little hunger” a la “great hunger” –algo significativo que los ricos definen como algo que “puede ser divertido”– y el protagonista está de espaldas al baile y apenas se fija en ella, pero sí que está frente a los ricos y observa cómo se burlan de ella o se aburren. Por si esto fuera poco, la escena siguiente es en una discoteca –el baile de la clase alta, superfluo, sólo sirve como entretenimiento– y la siguiente, con el protagonista bailando en la granja al lado de una vaca –rozando lo ridículo–. Todo esto refleja que la clase alta sólo está preocupada por pasárselo bien y que ni siquiera el individuo de clase baja es capaz de aprender de un semejante, ya que sólo tiene ojos para la lucha de clases y para ver lo despreciables que son los ricos, a los que de alguna manera envidia.

El protagonista y el hombre rico se distinguen el uno del otro por su punto de vista respecto al “burning”, el fuego, lo que “queman”. Si bien ambos comparten la “little hunger”, el enfoque del protagonista es mucho más humano, como revela la conversación al atardecer: el protagonista quemó la ropa de su madre cuando ésta le abandonó para olvidarla; el rico quema invernaderos de gente para sentir euforia. El quemar del protagonista es humilde, humano, emotivo, mientras que el del rico es puro entretenimiento, quema porque lo tiene todo y se aburre. A nivel metafórico, esto refleja los sentimientos hacia la mujer: el protagonista se quema por dentro por ella y el rico está con ella como pasatiempo. No obstante, el amor de él no es elevado, ya que después de que ella baile semidesnuda al atardecer –escena memorable, con música de Miles Davis–, le dice que eso de desnudarse sólo lo hacen las prostitutas, cuando en realidad lo que ella está expresando es su libertad y su conexión con el universo. Profundizando más en las imágenes, el baile también transmite cierta ruptura con los valores convencionales que impone la sociedad surcoreana –la mujer imita a un pájaro con las manos mientras la bandera del país está en lo alto–.

Otra genialidad de Lee Chang-dong en Burning es que establece un paralelismo simbólico entre la naranja de la frase inicial, el sol y el fuego, dando bastante importancia simbólica al sol. La naranja es un elemento terrenal, material, y el sol es un símbolo de profundidad espiritual –”little hunger” vs “great hunger”–. Hay varias escenas en las que el sol representa la fuente de vida y de conexión espiritual. Un detalle muy claro de la diferencia entre el protagonista y la mujer surge cuando van al piso de ella juntos: él se fija en lo pequeño que es y ella habla de que da al norte y que apenas llega el sol; sólo lo puede ver a través del reflejo del observatorio y un instante al día. El único momento en el que él aprecia la luz del sol es cuando llega al orgasmo con ella –se fija en la luz de la pared que viene reflejada del observatorio–. Es decir, es capaz de elevarse ligeramente gracias a ella. Cuando ella no está, se masturba en el piso –acto que representa a la vez esa imaginación a la que acude el pobre y la satisfacción de los deseos físicos–, pero en lugar de estar en la cama, mira al observatorio. Ella es su sol e intenta ver el reflejo de su luz. Cuando ella no está, el protagonista suele dar la espalda al sol. Sin ella es un mero individuo terrenal sin posibilidad de elevarse. El protagonista no es consciente de esa elevación a nivel intelectual, pero sí que se muestra a nivel psicológico profundo.

La escena final es muy potente y significativa. El protagonista de clase baja está tan acostumbrado a llenar el vacío con la imaginación y le repele tanto la clase alta que acaba atando cabos a su antojo, de tal forma que acaba quemando al protagonista porque piensa que ha matado a la mujer. Lo curioso es que ese quemar le acerca al individuo de clase alta que quema invernaderos como pasatiempo –hay cierta fascinación mutua entre los individuos, el rico lee a Faulkner porque se lo recomienda él y él hace el amago de quemar un invernadero–. El detalle más interesante de esta escena es que el protagonista quema al hombre rico y se va desnudo hacia su camioneta dejando al sol a su espalda, con el entorno nevado, como si la desaparición de la mujer hubiera apagado la fuerza del sol. Hay un paralelismo entre el baile desnudo de la mujer mirando al sol en el atardecer y ese caminar desnudo del protagonista dando la espalda al sol. Ella enfoca la vida de forma espiritual, se desnuda ante el sol, su centro es el sol, el universo, el significado de la vida. El enfoque de él es terrenal, se desnuda ante la hoguera en la que está quemando al rico, ese es su sol, y da la espalda al verdadero sol, ignora la conexión con el universo. La escena continúa y vemos cómo el protagonista se va con la camioneta, esta vez dejando a su espalda la hoguera en la que se está quemando el rico y dirigiéndose esta vez hacia donde estaba el sol, pero con la cámara orientada hacia la hoguera. Esto refleja que el individuo de clase baja cree que ha hecho algo moralmente correcto y por ello casi espiritual –la película concluye con el protagonista yendo hacia el sol– pero en realidad no es así.

No se puede descartar la posibilidad de que la mujer se haya suicidado. Hay una escena en la que la mujer dice que disfrutó mucho un atardecer en un desierto de África, pero que cuando el sol se fue, tuvo ganas de dejar de existir. Aquí se presenta ese contraste entre presencia y ausencia elevado a la máxima potencia existencial, una persona tan conectada con la vida y con el universo que pierde de vista al sol y se le quitan las ganas de vivir. Esto a su vez está relacionado con la frase de la naranja que ella misma expone al principio y muestra las limitaciones del enfoque existencial en un contexto de clase baja, como si de tanto olvidar la falta de recursos para salir adelante también olvidara que el sol vuelve a salir cada día.

¿He dicho ya que es una obra maestra?

 

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