Los libros de la isla desierta: ‘La perla’, de John Steinbeck

ÓSCAR HERNÁNDEZ CAMPANO. @oscarhercam

La historia de la humanidad es la historia de las migraciones.

Salimos de África hace 150.000 años y ya no hemos parado de buscar un futuro mejor, un lugar más cómodo, con más alimentos, con esperanza de sobrevivir un día más, con el deseo de que nuestros hijos vivan y perduren. Así ha sido; así es. John Steinbeck, escritor norteamericano, nobel de literatura y notario de los pobres, desheredados y marginados del sueño americano, narró como pocos, con sensibilidad y ojo tan crítico como certero, los dolores de la pobreza y la migración. Si En las uvas de la ira (1939) nos describía los estragos de una familia desahuciada que emigra desde el centro de los U.S.A. hacia la dorada California, donde es recibida a palos, en La perla (mediados de los 40′) la familia protagonista, formada por migrantes mexicanos, sobrevive en las tierras pantanosas del golfo de California. De día, marido, esposa y bebé, salen a bordo de una barca cochambrosa para que él se sumerja en en busca de perlas que vender a los mayoristas de la ciudad por unos pocos dólares. De vuelta a tierra, ven la vida pasar desde la casucha de maderos en la que viven, frente a la orilla, en una barriada repleta de cabañas como la suya, habitadas por familias depauperadas como la suya. Esa es la vida que llevan; esa es la realidad en la que se trocó su sueño americano. Sin embargo, siguen soñando.

Una mañana, una como tantas, de calor húmedo, de olor a mar, un escorpión pica al bebé. Pese a la rápida reacción de la madre, que succiona el veneno, en niño enferma. El matrimonio, desesperado, lleva al bebé a la ciudad, al médico, quien no se digna a atender a unos desgraciados más pobres que las ratas.

La medicina telúrica, los remedios ancestrales, los emplastos de hierbas es lo único que les queda. Y rezar. Luego llegará un golpe de suerte. En una inmersión el padre encuentra la perla más grande y extraordinaria jamás hallada. Un tesoro esférico e hipnótico. Y una fuente de desgracias. Lo que parece que solucionará la vida a unas personas que no tienen nada se convierte en su pesadilla. Esa perla, siendo lo más bello que se puede crear, saca a la superficie lo peor de las personas: envidia, codicia, astucia, engaños, violencia, muerte.

La perla es una metáfora. Una esfera valiosa, que lo puede todo, pero que se forma como reacción del molusco a una impureza que se ha colado en su interior. El animal lucha contra ese objeto extraño en su cuerpo y acaba produciendo una perla. Una extraña metamorfosis. Y esa rareza se cotiza como el oro. Más aún en un campo sembrado de pobreza y anhelos de mejorar la suerte. La perla refleja el mundo y los deseos de quien la observa. Su afortunado propietario ve un traje nuevo, un buen doctor para su hijo, una boda como debe ser, en la iglesia grande, con invitados y un banquete, una casa cómoda, un automóvil. Cosas, cosas que significan prosperidad y un lugar digno en una sociedad que adora las cosas. La perla muestra, cual bola de cristal, un futuro brillante, unos estudios para el crío, una vida similar a la que imaginaron antes de desplazarse hacia la tierra prometida. La perla, en cambio, no muestra la avaricia, la desconfianza, el odio, la inhumanidad que produce la riqueza, o su promesa, en los hombres. Su reflejo obnubila el juicio, produce razonamientos erróneos, empuja a actos inhumanos y, a la postre, muestra la realidad indigna de la especie que nos hermana a todos.

La perla es una novela breve pero intensa, tanto que duele, que cada frase, que cada párrafo, lacera el alma, porque nos muestra una triste verdad que año tras año se reproduce, se perpetúa en este mundo esférico, como la perla, que refleja lo mejor y lo peor, que nos muestra solidaridad y esfuerzo desinteresado al tiempo que arroja ejemplos de odio e indignidad.

Es una lectura, en definitiva, que me llevo a la isla desierta porque merece ser revisitada cada cierto tiempo, que merece ser disfrutada y estudiada para no olvidar que todos nos desplazamos, que todos buscamos un futuro mejor, que todos somos perlas capaces de lo mejor y lo peor, y que todos podemos acabar perdidos en el fondo del mar.

Una respuesta a Los libros de la isla desierta: ‘La perla’, de John Steinbeck

  1. Tomo nota para leerlo en las próximas semanas. Parece un libro interesante.

    Valeria
    27 enero 2019 at 11:40 am

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