El misterioso mundo de los hoteles visto por Mariano Rochman

Por Ana Riera

 Los hoteles, esa tierra de nadie donde ocurren muchas cosas. Cuatro noches distintas. Cuatro habitaciones de un hotel cualquiera. Cuatro personajes con su propia historia a cuestas. Cuatro situaciones que forman parte de un todo. Con este punto de partida, Mariano Rochman construye una ambiciosa comedia dramática, Noches de hotel, que habla de la falta de comunicación en la pareja, del engaño y el egoísmo, del miedo y los traumas no resueltos. En definitiva, de lo difíciles que son siempre las relaciones.

Antes de iniciarse cada escena, uno de los protagonistas sale de la trama y se presenta. Se dirige al público tirando abajo la cuarta pared y le cuenta ciertos detalles de su vida que ayudan a dibujar el contexto de la historia. Mientras, otro de los personajes le espera en escena. Cuando el primero, ya conseguida la complicidad del público, da por finalizada la presentación y se incorpora de nuevo a la trama, la escena cobra vida.

La obra parte de un planteamiento original en torno a los cuatro protagonistas, dos hombres y dos mujeres. El primero en presentarse es un hombre que tiene un trauma no resuelto con su madre, que tal vez por eso basa su vida en el engaño y que además no quiere asumir responsabilidades (Xoel Fernández), al menos no las que le exige su esposa, interpretada por Sauce Ena. Ésta parece una mujer fiel y leal, aunque más adelante descubriremos que también es algo calculadora y bastante práctica. La siguiente en aparecer una chica tierna, dulce, un poco alocada e inestable (Elena Rey). Se pone en la piel de la otra, la amante del marido, quizás porque está más necesitada de lo que quiere aparentar. El cuarto personaje en discordia lo interpreta José Bustos, que construye un personaje tierno y aparentemente frágil, que va ganando en matices y fuerza. Los cuatro realizan un buen trabajo actoral, si bien Jorge Bustos destaca más por tener a cargo el personaje más llamativo.

El autor y director Mariano Rochman decide dejar abierta la línea temporal, poniendo en manos del espectador la decisión de qué ocurre antes y qué después, y por tanto cuál es realmente la historia, quién miente y quién no. Para ello, utiliza una pantalla que, desde el fondo, marca el paso de una escena a la siguiente y nos advierte de que las cosas pudieron suceder antes o después. Incluso la cronología forma parte del juego teatral y se convierte así en un elemento más de la representación.

La escenografía de Juan Sebastián Domínguez es sencilla y elegante: una cama generosa con un ingenioso cabecero, que igual camufla un mueble bar que un cajón, y una silla que cambia de sitio mostrando que nos encontramos en una habitación también de hotel, pero distinta. Raquel Rodríguez se encarga de una iluminación singular que igual resalta las salidas y entradas de los personajes, que se ocupa de crear una atmósfera íntima y cálida cuando ésta se desarrolla. El vestuario, basado en colores sobrios, de Guindalera, aporta elegancia y cohesión.

La obra avanza con buen ritmo, manteniendo el interés del espectador, pero queda un tanto coja en la resolución. Termina de un modo excesivamente abrupto. Le haría falta un epílogo entre las dos mujeres. O simplemente un final más redondo. En cualquier caso, resulta agradable de ver y el espectador pasará un buen rato entre estos personajes cercanos y a la vez misteriosos.

TEATROS LUCHANA. DOMINGOS, 19,30 HORAS.

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Otras creaciones de Mariano Rochman en CULTURAMAS:

Animales heridos (autor y director)

Sed, de Butrón Ibáñez (actor)

Las hermanas Rivas (coautor y actor)

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