El hoyo (2019), de Galder Gaztelu-Urrutia – Crítica Netflix

Por Jaime Fa de Lucas.

Receta para cocinar El hoyo, ingredientes: Cube (Vincenzo Natali, 1997), Next Floor (Denis Villeneuve, 2008) y Rompenieves (Bong Joon-ho, 2013). Al espacio claustrofóbico se le añade un proceso sugerente en el que la comida va bajando en una plataforma y los de abajo se mueren de hambre por la avaricia de los de arriba. Hornear 94 minutos.

En los primeros minutos de horneado, Galder Gaztelu-Urrutia se encarga de señalar que es obvio que encima del nivel 48 esté el 47. Tan obvio como que las diferentes alturas son una analogía de las clases sociales. Desde el principio, la falta de sutileza es obvia. Aun así, la idea es atractiva y tanto la atmósfera como los personajes resultan convincentes, lo que permite que la experiencia sea entretenida.

Las idas y venidas de la pareja son amenas, hasta que les toca un nivel malo y aparece el conflicto. La violencia inicial funciona porque surge como consecuencia lógica de lo que sucede en el hoyo, y porque Zorion Eguileor se mete en el papel a la perfección, pero la violencia post-mujer asiática me parece totalmente gratuita y además contraproducente. Es interesante la idea de que es un «Centro Vital de Autogestión» en el que, si todo el mundo come lo que necesita, hay comida para todos. Pero como el ser humano es despreciable, –sigo con spoilers– el protagonista decide aliarse con su nuevo compañero para bajar en la plataforma y repartir así la comida entre todos. El problema es que en el proceso van matando sin contemplaciones. Es decir, ayudan a unos matando a otros. Una contradicción un tanto incoherente; como mínimo cuestionable a nivel moral y de un efectismo que chirría en una propuesta de este tipo.

No obstante, su mayor problema es lo confusa que es la conclusión. La gran pregunta es: ¿por qué la niña es el mensaje? Entiendo lo de la panna cotta: si llegara algo de comida intacta arriba quizá reflejara progreso en la conducta de las personas, ¿pero la niña? La niña, estando en el último nivel, podría simplemente ponerse en la plataforma e intentar subir ella sola, a ver qué pasa. ¿Qué mensaje hay ahí y para qué tantas molestias? Ese final no tiene sentido y eso es lo que tira por tierra todas las virtudes de El hoyo. Gaztelu-Urrutia utiliza El Quijote a nivel simbólico para enturbiarlo todo un poco y que algún espectador pique, interpretando que todo es una ilusión del protagonista o algo semejante que esconda las incongruencias.

Es una pena, porque la propia película sugiere otro mensaje: que en los niveles de abajo se puede almacenar comida, ya que no cambia la temperatura, por lo que un par de días de ayuno de los de arriba permitiría almacenar comida a los de abajo. Eso abre unas posibilidades narrativas que el director ni se molesta en explorar y que hace que El hoyo, debido a todo el potencial que tiene, sea incluso más decepcionante.

2 comentarios sobre “El hoyo (2019), de Galder Gaztelu-Urrutia – Crítica Netflix

  • el 25 marzo, 2020 a las 1:28 am
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    Excelente! Pensei o mesmo, achei que estava sozinho devido aos críticos ‘que gostam de tudo’ sem entender de fato : (
    Parabéns!!!!

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    • el 27 marzo, 2020 a las 2:15 am
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      Obvio que la nina es una alucinacion. La mesage es la pannacota y cuando llega Al «0» ele Chef lo piensa que ha volvido por tener un pelo.

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