«Laberinto de paz»: la primera gran sorpresa de la temporada

Por Gerardo Gonzalo.

Filmin acaba de estrenar esta miniserie de seis episodios, que nos sumerge en el contexto del final de la Segunda Guerra Mundial, más concretamente  en la neutral Suiza. En esta ficción se nos cuentan tres tramas entrelazadas, que tienen como eje central a una adinerada familia propietaria de una industria textil.

Comienzo afirmando, que esta crítica no es solo una opinión sobre la calidad de la serie, sino sobre todo la reivindicación de una ficción televisiva, que creo que si no es apoyada o no se habla de ella, fácilmente caerá en la indiferencia y será olvidada y poco vista en breve plazo. Esto, ya anticipo, sería un error mayúsculo, aún cuando Laberinto de paz (Frieden en su título original, que significa Paz) es una serie que lo tiene casi todo para que a priori no me guste.

Por un lado parte de un estilo muy clásico, que la sofisticación, originalidad y las alambicadas tramas de las series actuales, parecen haber arrinconado, lo que a veces, puede provocar el error de que miremos determinados productos televisivos como algo propio de un pasado peor.

Por otro lado, y esto es más personal, desde hace tiempo me siento algo saturado por las tramas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. Reconozco que es un tema tan interesante como importante en la historia, pero es tan recurrente en todo tipo de ficciones, que uno no para de encontrar multitud de lugares comunes cuando afronta el visionado de cualquier obra que lo trata.

Por último, la serie es suiza. Por supuesto, no tengo nada en contra de este país, de hecho he estado y es muy bonito. Pero si nos ceñimos al ámbito cinematográfico, realmente hay que reconocer que es una nación que no ha aportado grandes joyas a la ficción visual. Casi todo mi conocimiento se sustenta en los ya pretéritos visionados de películas de Alain Tunner (el director suizo más relevante que ha dado su cinematografía), de los que tan solo guardo recuerdos de tremendo e infinito aburrimiento.

Pero a veces se produce algo mágico, y unas piezas que a priori parecen no encajar con tus gustos o experiencias previas, se unen de tal manera que acaban logrando un producto de calidad. Y este es el caso de Laberinto de Paz, una de las mejores series en lo que va de año.

La trama se sustenta en una historia muy potente, porque si bien es una derivada de la tan trillada Segunda Guerra Mundial, este meandro resulta apasionante y nos muestra un ámbito poco conocido de la misma, el papel ambiguo de ese país neutral que es Suiza. Sobre esta base, la serie asienta sus tres discursos fundamentales, que son también los históricamente relevantes. Como eje principal, se nos presenta a una familia rica, propietaria de una industria textil, que debe modernizarse para subsistir y que ni en el pasado ni en su inmediato futuro, parece haber empleado siempre los mecanismos éticamente más deseables. Se pone ahí de manifiesto cómo la moral de los negocios en este país, miró hacia otro lado durante la guerra, beneficiándose de circunstancias o hechos, sin cuestionarlos.

Por otro lado hay una trama policial que engarza con la primera, que es la caza de nazis que escapan de Alemania y como el propio sistema y el laberinto jurídico y bancario de la peculiar Suiza, dificultan que pueda impartirse justicia sobre ellos.

Por último, el retrato de una sociedad que en parte no reconoce y duda de las atrocidades cometidas por el régimen nazi y que recibe con desconfianza a los supervivientes de campos de concentración, sobre los que no hay una intención sincera de acogida.

Todas estas tramas quedan admirablemente hilvanadas. Su creadora, Petra Biondina Volpe, directora de la correcta El orden divino (2017),  ha conseguido realizar una serie formalmente perfecta (donde destaca su banda sonora a cargo de Annette Focks) convincentemente interpretada y con un ritmo y un fondo que permiten dotar de hondura y significado al conjunto de la serie.

El mensaje y la profundidad de lo que se cuenta, están perfectamente enmarcados en una trama con toques de thriller policiaco, drama familiar, tragedia, crisis personales y melodrama. Todo ello en sus dosis adecuadas y todo ello contado con solvencia y elegancia.

Un espléndido fresco de una realidad que nos transmite todas las ambigüedades de un país en una encrucijada histórica concreta y que lo hace sin renunciar a entretener y sin bajar el ritmo en ningún momento. Una magnífica ficción europea, que nos reencuentra brillantemente con una realidad no tan pretérita y que en su final deja en manos del espectador como enfrentarse a todas las contradicciones reflejadas, la salida frente a las mismas y la elección razonada que hace cada uno de los personajes que la protagonizan.

Una serie que nos cuenta con rigor un episodio histórico a través de una ficción que engancha, entretiene, dotada de una factura impecable y que además nos hace reflexionar. ¿Se puede pedir más? Yo creo que no.

No os la perdáis.

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