«Por lo menos, siento la presencia de la pared…»

Portada de El accidente de caza.

David L. Carlson y Landis Blair nos ofrecen una obra que especial.

En la actualidad, el noveno arte está ofreciendo multitud de trabajos de gran calidad. Esto hace que cada vez sea más complicado diferenciar entre tantas excelentes obras y llegar a determinar cuales son mejores o peores. En esta ocasión, nuevamente, vamos a hablar de una obra de la que solamente es posible hablar maravillas. Una creación que trasciende sus páginas y ofrece pensamientos o frases que dan para reflexionar sobre ellas toda una semana.

Carlson ofrece una obra moderna, poco dada a fragmentaciones discursivas, que, además, coquetea con elementos góticos y románticos. Su manifestación externa, lo que vemos y leemos, es racionalista. Ahora bien, el trasunto interno de la obra es más romántico. Esto es, evita una perspectiva fría en los entresijos por donde transita la historia e intenta emocionar a través de lo narrado, pero todo ello de un modo profundo y sin ser vehemente. En este sentido, la obra tiene un carácter híbrido y mestizo, que no se ajusta, exactamente, a lo que solemos encontrar en las estanterías.

El accidente de caza es la historia de un escritor ciego que intenta, denodadamente, publicar sus poemas asentados en los arquetipos literarios clásicos. Su carácter se ha vuelto un tanto difícil tras haber pasado por la cárcel. En ese lugar nuestro protagonista conoce a otro preso, quien le muestra una manera de enfrentarse a la vida especial. Este “nuevo” modo de afrontar las dificultades de la vida está asentada en la cultura, en la expresión que nace entre las artes. Este hecho hace que la obra adquiera un carácter poético rudo y un tanto crudo en su expresión, pero, desde luego, sigue manteniendo elementos profundos y emocionantes.

Página interior.

Esta es, precisamente, la característica que determina a esta obra: la poeticidad. Es decir, no es una creación poética, ni mucho menos. Es un cómic “sucio” en su manera de mostrar la realidad. Esta característica también está apoyada en la narración visual repleta de rallas y sombras. Ahora bien, no son las sombras sólidas de Breccia. El juego de claroscuros, establecido por Blair, conforma una narración que se ajusta a la inquietud que genera la propia historia.

La narración escrita de Carlson entra, de pleno, en los problemas sociales que sufren las personas con discapacidad. En este trabajo nos encontraremos con los diferentes mecanismos de desprecio, exclusión, rechazo o aprovechamiento frente a un problema ajeno. Ahora bien, los autores no pretenden centrarse en estos elementos, sino en los mecanismos de superación que son puestos en marcha para no dejarse llevar por esta situación. Esos mecanismos están en la historia de la literatura universal y marcan “a fuego” a esta obra.

En este sentido, la obra consigue que el lector transite por los mismos lugares reales e imaginarios por lo que camina el protagonista. Esos lugares, sin ninguna duda, se convierten en la tabla de salvación de nuestro amigo, aunque el mismo desconoce cómo lo logra. Este ejemplo muestra otro carácter esencial de la obra. Es realista, realista hasta el extremo. Un realismo que, por veraz, llega a doler. Dolor que, además, está repleto de silencios narrativos en parte de las viñetas, aunque ellas no sean silenciosas. Al fin y al cabo, los objetos se transmiten, con frecuencia, como elementos simbólicos, repletos de significados. Más, si cabe, en un mundo donde uno de los sentidos fundamentales se ha perdido.

En definitiva, estamos ante una obra donde la narración es mostrada con sentidos múltiples. En este sentido, una cárcel puede ser liberadora. Un libro, opresor, o una decisión, una cadena pesada. El accidente de caza es un trabajo excelente y repleto de matices. Un trabajo que no se puede dejar pasar.

 

Por Juan R. Coca

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