Paseo de Stefan Zweig de Salzburgo, “El mundo de ayer”

UNA CALLE, UN LIBRO

Paseo de Stefan Zweig de Salzburgo, “El mundo de ayer”

 

   En “El mundo de ayer” Stefan Zweig habla del fin de un mundo civilizado y refinado. Donde las personas podían desplazarse por los países sin grandes trabas burocráticas. Donde se valoraba la cultura y resaltaban esplendores espirituales. Donde el millonario Witgenstein financiaba a los poetas.  Y es que no todo cambio es un progreso, ni mucho menos. En su lugar venía un mundo de barbarie y racismo, de desfiles brutales de botas por las calles, de masas que queman libros. De extremismo y de no escuchar nada. Y Zweig se asustó, creyó que se acababa el mundo. Porque los ingleses también lo molestaban con sus trabas burocráticas y lo consideraban enemigo por ser oficialmente alemán. Y se fue a Brasil, pero también en América había nazis vociferantes.

    Y ahora parece ocurrir algo semejante. En lugar de libros y de espíritu asistimos a una invasión de masas consumidoras, a una lluvia aplastante de artilugios, a un imperio mundial de las fórmulas y lo masivo. A una sustitución del espíritu por la técnica. Por eso resulta escalofriante leer “El mundo de ayer”.  Una vez en Niza vi miles de libros maravillosos tirados en la basura. Se acababa la era de la imprenta y empezaba la de los dígitos y las fórmulas.

    En un viaje por tierra hasta Berlín miramos en Salzburgo la casa donde vivió Stefan Zweig. Donde, según cuenta en “El mundo de ayer” atesoraba miles de libros, pero no podía ir a acariciarlos. Por la brutalidad nazi que entonces era el cambio, la última moda. Era una casa espléndida, pero el dueño actual puso carteles y perros poco amistosos. Qué triste pensar en esa casa repleta de libros solitaria en “El mundo de ayer”. Esos libros carnales y amados tan distintos de los áridos artilugios electrónicos.

ANTONIO COSTA GÓMEZ                    FOTO: CONSUELO DE ARCO

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