Tres bufones lo dan todo a lomos de Shakespeare en una ingeniosa travesura

Horacio Otheguy Riveira.

Bajo el ampuloso título de “Las obras completas de Shakespeare en 97 minutos”, tres cómicos juegan con obras de Shakespeare como si fueran malabares de colores: se tronchan y hacen partícipe al público de diversas maneras. Un público entregado que convive con otro al que le causa poca o ninguna gracia que se disloquen sin piedad obras maestras como Romeo y Julieta, Tito Andrónico o Hamlet… Son los títulos más destacados, pues anuncian obras completas en 97 minutos, pero al empezar no engañan: proyectan un texto en el que nos piden que no hagamos caso de semejante enunciado.

Broma va, broma viene se descabalgan a ratos, circulan por el patio de butacas y consolidan lo mejor del espectáculo, una suerte de espíritu circense que conecta muy bien con los espectadores, ya que con el adaptador al castellano y director Sebastián Prada, los espléndidos bufones han logrado que esa interacción crezca de una manera orgánica dentro del espectáculo, pidiendo coros, movimientos de brazos, y hasta una directa participación en escena donde un hombre y una mujer (al mejor estilo Yllana) se convierten en divertidos personajes: una diversión contagiosa que les alcanza a los propios participantes.

Si bien con altibajos en el interés teatral de “masacrar” al genio inglés, los últimos veinte minutos resultan lo más logrado del espectáculo, cuando se introducen de lleno en Hamlet, una obra varias veces llevada al cine (Tres Hamlet sorprendentes), e innumerables a su hogar original, el teatro. De parodiarla se han ocupado algunas compañías en España, alguna con gran éxito (Clásicas envidiosas), pero, sin duda, este Shakespeare en 97 minutos es ya un clásico netamente inglés escrito por tres autores, con llenos diarios en Londres durante 9 años, además de numerosos montajes internacionales.

Diego Molero, Héctor Carballo y Martín Gervasoni conforman el trío que lo da todo en una comicidad dispuesta a un gran esfuerzo físico (hombres de goma como en el cine mudo), vocal (cambian voces de muy diversa tonalidad) y llevan a cabo rápidas transformaciones muy bien guiados por el conocido talento del diseñador de vestuario Pier Paolo Alvaro. La tragedia del Príncipe de Dinamarca, hijo del Rey Hamlet asesinado por su hermano les da mucho juego con el atractivo extra del “acelere” descomunal de crear versiones más rápidas, más hilarantes, más disparatadas, con tiempo para regañar al espectador o espectadora que no se adaptan al juego o lo hacen desganadamente.

En definitiva, burlar al autor más importante de todos los tiempos (con perdón de Lope de Vega y Calderón de la Barca que le pisan los talones) puede ser una muestra cabal del noble espíritu teatral del teatro británico, ya que mérito grande tiene que se atrevan a esta mofa total en un país donde múltiples representaciones de las obras de Shakespeare son representadas por todas partes, y con absoluta normalidad familias enteras se llevan la merienda al teatro de la ciudad o pueblo que toque.

Shakespeare se agarra la cabeza, pero deja asomarse una sonrisa… ¿acabará él también riendo a carcajadas?
Son chicos, son chicas, juglares… bien arropados por el talento de un sastre teatral de gran imaginación como Pier Paolo Alvaro.

TEATRO MARQUINA

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