Las memorias de un poeta. Kim Sowol

Por Lucía Dozo.

La poesía de Kim Sowol heredó la sonoridad de las canciones populares coreanas y se volvió un emblema de la resistencia en tiempos de dominación colonial.

Azaleas (1ª edición). En el Museo Appenzeller Memorial, Seúl

En la época de la ocupación japonesa en Corea, dejaron de circular las máquinas de escribir de caracteres coreanos (hanja) para ser reemplazadas por nuevas teclas plagadas de kanjis japoneses. Japón imponía a la fuerza su lengua mientras implementaba una política de control cultural que culminó con la intervención de los ámbitos artísticos y literarios.

La ocupación —parte de la expansión del Imperio del Japón— se extendió durante casi toda la primera mitad del siglo XX, hasta su rendición en la Segunda Guerra Mundial. La respuesta al primer intento independentista en 1919 fue la represión en todos los ámbitos. A pesar de la fuerte censura, Corea experimentó una conciencia nacionalista que abogó por la recuperación de la soberanía.

En la adversidad de ese contexto, floreció la producción lírica de Kim Chongsik, conocido bajo el nombre de Kim Sowol (Luna Blanca). Sowol vivió sólo 32 años desde 1902 hasta 1934 y publicó una única antología de poemas, Azaleas (1925). Sin embargo, se volvió uno de los poetas coreanos más reconocidos de su tiempo. Algunos de sus trabajos fueron recogidos y mencionados en otras antologías y manuales, especialmente durante los años 60 y 70, ya que formó parte de los planes de estudio de las escuelas de Corea del Sur.

En los años 80, la crítica literaria reconoció “la capacidad expresiva del lenguaje coreano en su obra, su profunda apropiación de las imágenes folclóricas, la tonalidad y las formas rítmicas, y sus incipientes cualidades como poeta moderno”, tal como lo explica el escritor y profesor norteamericano David R. McCann.

Sowol escribió poesía en un estilo que rememora las canciones tradicionales coreanas. La temática de la pérdida y la partida recuerdan al Arirang, un canto lírico y tradicional de Corea de melodía suave, que en su estribillo siempre repite: Vas a la colina de Arirang. Su poesía presenta un gran desafío para la traducción porque hay, inevitablemente, una pérdida de sonoridad. Sowol pasó a la historia como “el poeta de las canciones populares”.

 

Azaleas

La poesía de la década del 20 en Corea estuvo marcada por los relatos y las canciones folclóricas, la métrica simple y el lenguaje popular. Estos elementos buscaban mantener viva la identidad nacional.

En Azaleas, la temática del amor perdido funciona como una metáfora del dolor colectivo. La añoranza recorre su obra y el sentimiento de pérdida remite al malestar de una Corea atravesada por el dominio colonial. «Azaleas puede leerse como una canción de amor, como un hechizo anticolonialista y como un poema sobre sí mismo, siendo leído como poema», señala McCann.

Y añade: “Azaleas cuenta una historia. Una serie de imágenes yuxtapuestas y una colección de voces que se combinan para traer a un joven escritor coreano de Pionyang, un pueblo del norte, a la moderna y literaria Seúl, la cosmopolita capital de Corea. La historia de ese recorrido, cuando dejó el norte, sus dos años en Seúl como estudiante y escritor, y el porqué de su regreso constituyen la historia de este libro, que requiere ser comprendido como un todo», añade McCann.

Kim Sowol se suicidó a los 32 años, el 24 de diciembre de 1934. Fue uno de sus profesores quien publicó la antología un año después de su muerte. Su obra está compuesta por 127 poemas, divididos en 16 partes. Bajo la sección llamada Azaleas figuran los poemas coreanos más famosos del siglo XXI. Estos dialogan entre sí, se mueven dentro de una estructura controlada, pasando de un poema al siguiente. Esa trama poética se abrió paso en la historia de Corea y fue símbolo de la resistencia cultural.

 

Azaleas

 

Cuando cansada de verme

te alejes,

sin quejarme, te dejaré ir.

Arrancaré

del monte Yacsan un ramo de azaleas

para arrojarlas en tu camino.

 

Paso a paso,

pisarás suavemente

las flores esparcidas.

 

Cuando cansada de mí te vayas,

apretando mis labios,

contendré las lágrimas. 

 

 

Invocación

 

Oh, nombre que quedó hecho trizas

Oh, nombre que en el aire se rompió

Oh, nombre que sin dueño se quedó

 

Es el nombre que moriré invocando

 

No pude decir las últimas palabras

que mi corazón guardaba

 

La persona a quien amé

La persona a quien amé

 

 

La corriente

 

Cuál es tu razón para estar

Solo sentado junto al arroyo

 

Cuando los brotes de hierba florecen

Y las olas se agitan con el viento de la primavera

 

Pienso en tu promesa

En que tu partida

No es para siempre

 

Junto al arroyo

Mi mente gira sobre tus palabras

Si partir

No es realmente partir

¿Me pides así que no te olvide?

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