Llega agosto y hasta las letras necesitan quitarse la corbata, ponerse las chanclas y sentarse bajo la sombrilla a escuchar las olas. Decía el clásico que la prisa es enemiga de la contemplación, y si hay algo que exige la buena poesía y la conversación reposada es, precisamente, tiempo para detener el reloj. Durante estos meses hemos mantenido una cita puntual cada martes en Primera Impresión, pero el verano reclama su derecho al descanso: descansa el que lee, descansa el que escribe y, desde luego, descansa este humilde entrevistador, que promete regresar en septiembre con las pilas cargadas y un puñado de nuevas voces listas para asomarse a esta ventana de Culturamas.

Pero no quisiéramos dejaros con las manos vacías durante este paréntesis estival. La lectura de fondo es el mejor refugio contra el bochorno de las horas centrales del día. Por eso, os proponemos una ruta de reencuentros: un paseo a ritmo lento por todo lo que dio de sí esta sección desde el inicio del año hasta el cierre de julio. Al fin y al cabo, asomarse a estas charlas es recordar que, tal y como nos contaba Braulio Ortiz Poole al estrenar el año, «escribo para saber quién soy». A través de sus confesiones descubrimos que la escritura no busca respuestas categóricas, pues al adentrarnos en la palabra poética con Marta Giménez Martínez entendimos que «nada importa si lo que se escribe en un poema es verdad o no».

La poesía explora los grandes ejes de nuestra existencia, y así nos lo recordó Manuel Pacheco al señalar que «el amor y la muerte son dos misterios perpetuos», una idea que cobra sentido cuando la palabra se vuelve hospitalaria y cercana, como defendió Mónica Doña al confesar que «siempre procuro ponérselo fácil al lector». Sin embargo, el laberinto cultural actual plantea sus propios desafíos; Miquel-Lluís Muntané nos advertía con lucidez de que «los escritores corremos el riesgo de desaparecer entre el ruido», mientras que Noelia Palacio Incera ponía el acento en la memoria al recordarnos que «es un duelo permanente el alejarse de la infancia».

Afrontar esa complejidad requiere temple, porque como muy bien apuntó Rocío Rojas Marcos, «vivir con miedo es de valientes», una valentía que se distancia del sesgo complaciente, en sintonía con Manuel García, quien aseveró que «detesto las miradas amables del mundo». Ese compromiso con la realidad no atañe solo a las letras; Esther Mañoso nos demostró que «la ciencia y la poesía no son lugares opuestos», trazando puentes donde otros ven fronteras. Para recorrerlos, como bien indicaba Vicente Gallego, conviene educar la mirada, ya que «si uno no crece como lector, difícilmente crecerá como poeta».

Crecer como creador exige enfrentarse a la solitud del taller interior, de la que hablaba Javier Mateo Hidalgo al admitir que «cuando uno crea, está siempre solo», una soledad desde la que contemplar el entorno con ojos nuevos, imitando la mirada de Rocío Expósito, a quien le «asombra el mundo». De ese asombro brota el impulso vital de la escritura; Carmen María López fue tajante al afirmar que «escribir me hace sentir viva», un sentimiento que late bajo el velo de la creatividad diaria, donde Alejandro Pedregosa nos reveló que «la ficción nunca es puramente ficción».

Al adentrarnos en la entrega lírica pura, comprobamos junto a Sandro Luna que «todo lo que amo no entiende de mesuras», una pasión por el oficio que permite conquistar espacios de emancipación personal, tal y como celebró Nieves Chillón al asegurar que «me siento cada vez más libre». En esa búsqueda constante no falta la luz; Marina Tapia nos consolaba recordando que «todavía vive la belleza en el mundo», mientras que Carmen Palomo Pinel ahondaba en las raíces del pensamiento para concluir que «el conocimiento del pasado es como un amor imposible».

Ese viaje introspectivo se convierte en un mapa de descubrimiento; para Josefina Aguilar Recuenco, «escribir poesía es un viaje de autorrevelación», un trayecto que no se da en el vacío sino en un contexto socio-editorial complejo en el que Jorge Pérez Cebrián observó cómo «el mercado ha ido marcando el estallido de la poesía». Pese a los imperativos del mercado, la vertiente ética de la literatura se mantiene firme: Teresa Gómez afirmó rotunda: «mantengo firmemente la esperanza en la capacidad del ser humano para rechazar la violencia», una postura ética que nos exige mirarnos por dentro, aunque Rafael Camarasa nos previniera de que «no siempre estamos dispuestos a reconocer nuestros monstruos».

En última instancia, el arte encuentra su sentido cuando equilibra la creación con la existencia misma. Juan José Cerero nos ofreció una valiosa lección de vida al recordar que «vivir una vida luminosa es mucho más rico y satisfactorio que la literatura», una dualidad perceptiva de la que habló Sergio M. Moreno al reflexionar sobre cómo «la mirada del artista tiene tanto de don como de castigo». Ante esa tensión, nada mejor que la distancia irónica: Manuel Toranzo subrayó que «bromear sobre lo inevitable es fundamental para convivir con nuestros miedos».

Esa convivencia con la historia y el entorno no olvida la memoria colectiva; Rafael Escobar nos hizo reflexionar sobre cómo «el franquismo destrozó a las mujeres españolas», un recordatorio de que la literatura debe mantener viva la conciencia, respaldado por la firme declaración de María Rosal: «tenemos la obligación de potenciar el pensamiento crítico». Para lograrlo hay que vencer prejuicios culturales, pues Concha Badía Fraga nos advertía de que «existe todavía un temor popular hacia la poesía», un temor que se disuelve al entender la naturaleza misma del poeta, definido por Raúl Pizarro como alguien que «tiene algo de niño grande y algo de adulto chico». Finalmente, el recorrido de este primer semestre concluye con la contundente premisa de Francisco Javier Gallego Dueñas, quien nos deja una reflexión esencial para el estío: «lo personal es político».

Y si de cruzar miradas y compartir trinchera se trata, no querría cerrar este balance sin romper una lanza por el magnífico trabajo de Jesús Cárdenas, Redactor Jefe de Poesía de Culturamas, quien este pasado curso inauguró la recomendable sección de entrevistas En profundidad. Tuve el inmenso honor y la alegría de ser el ‘conejillo de Indias’ que la estrenó [con una charla a propósito de El magisterio de los árboles], demostrando que en esta casa nos gusta tanto preguntar como dejarnos interrogar cuando la poesía está de por medio.

Con este valioso equipaje lírico y narrativo os dejamos hasta el inicio del nuevo curso. Sirva esta antología de entrevistas publicadas para acompañar vuestras lecturas de verano, cervecita —o lo que cada cual prefiera— en mano. Nos reencontramos en septiembre, cada martes, en Primera Impresión. ¡Feliz descanso y felices lecturas!